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El pehuen errante

Cierta vez una madre india viendo que llegaban los frios del invierno y que no regresaba su esposo a la ruca, pidió a su joven hijo que saliera en su búsqueda.

 

El joven, provisto por su madre de alimentos y abrigos, inició la marcha. Un día halló un pehuén y como no podía seguir su camino sin ofrendarle algo, colgó de una de sus ramas sus zapatos.

Prosiguió su marcha por un gran desierto y una tribu indígena lo tomó prisionero, lo ataron a una estaca y lo expusieron a la furia del Nahuel.

Su madre presintió esta desgracia y salió en su busca. En el camino halló primero los restos de su esposo muerto y luego continuó su marcha llamando incansablemente a su hijo.

Mientras tanto, éste, a punto de morir, vio en la lejanía al pehuén y exclamó: - ¡Oh, si tu fueras mi madre, tu verde y buen árbol, podrías salvarme! ¡Niuque, ven!

Fue entonces cuando el pehuén desgarró sus raíces de la tierra y se acercó al joven indio. Lo defendió del embravecido tigre con sus espinas, mientras llegaba la madre, quien lo desató.

Ambos agradecieron al árbol su bondad y la madre le ofrendó también sus zapatos.

Entonces regresaron acompañados por el pino hasta donde fue necesaria su protección. Al llegar dieron al lugar el nombre de niuque, porque "el hijo así había llamado al árbol".

Mucho tiempo después, hombres del lugar cambiaron el nombre de niuque por el de Neuquén.

Por Adriana Dieguez



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