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El cacique de dos mundos

En la historia de Patagonia, su nombre aparece y se diluye, aquí y allá...


En Patagones, era costumbre de los civilizados vecinos católicos comprar a los indios sus cautivos, para destinarlos a los quehaceres domésticos. Para realizar transacciones de este tipo, en la Estancia del Estado, sobre la desembocadura del río Negro, algún día de 1829 se habían reunido unas cuantas personas. El administrador de la estancia, Francisco Fourmantin, apodado Bibois, quería comprar un niño de unos 10 años, pero no encontraba un cautivo semejante. Fourmantin llegaría a ser comandante del Fuerte del Carmen y, según Musters, fue corsario y tratante de esclavos. Le ofreció a la india Joujuna comprarle su hijo Casimiro: el precio se estableció en toda el agua de vida (aguardiente) que ella y sus parientes pudieran beber durante tres días y tres noches. Después de las jornadas de borrachera, la india lamentó perder a su hijo, pero el negocio ya había sido concretado. En adelante, Casimiro fue conocido como "Biguá", por Bibois, sobrenombre de su "padrino", dado que sus connacionales no pronunciaban muy bien el francés.
En 1840 falleció María la Grande, reina de todos los tehuelches; durante tres días ardieron fogatas en toda la Patagonia para honrarla. Tendría unos 53 años de edad. La reemplazó el joven Casimiro Biguá.
El cacique tenía un inmenso territorio que cuidar, abarcaba desde Punta Arenas hasta Patagones, únicos dos puntos poblados entonces. Pero era muy hábil.
Le vendió el estrecho de Magallanes a un irlandés que, de inmediato, se abocó a cobrar una tasa a las embarcaciones guaneras que operaban por allí. Así habría sido según la crónica de Skogman, marino sueco que pasó por el lugar en 1845, y fue testigo del "negocio".
Pronto pactó con los gobiernos de Chile y Argentina, recibiendo rango y raciones de los dos. Hasta se decía que enarbolaba una u otra bandera según las circunstancias.
Durante el motín de Miguel Cambiazo que destruyó a Punta Arenas, en 1851, Biguá habría participado en el saqueo de las ruinas de la ciudad, aunque figuraba como capitán del ejército chileno. Al año siguiente, fue acusado de haber instigado el asesinato del gobernador magallánico Bernardo E. Philippi.
Desde las costas del estrecho, en inmediaciones de la Bahía San Gregorio, Biguá se relacionaba con las tripulaciones de los buques de paso, tal como ocurrió con la fragata inglesa "Vixen", cuyo capitán lo invitó a bordo.
Hijos de Casimiro convivían con los misioneros Teófilo Schmidt y Federico Hunziker, que se habían establecido en Santa Cruz, en el lugar desde entonces conocido como "Misioneros": Galbez, el mayor, más conocido como Sam Slick, y otro llamado Gabriel. Hacia fines de 1861 Casimiro se encuentraba nuevamente a Punta Arenas negociando la cosecha de pieles y plumas.
El capitán Luis Piedra Buena se estableció en la isla Pavón en 1862. Se hizo muy amigo del cacique, que en adelante tendría una escala intermedia para sus travesías de un extremo al otro de Patagonia.
Tanto intimó Piedra Buena con él, que ideó la creación de una colonia de tehuelches amigos, sobre el estrecho de Magallanes, para detener el avance chileno sobre esa zona. Invitó a Casimiro a Buenos Aires, en 1864, para plantear el proyecto ante el gobierno nacional. Allí, el cacique resultó el primer tehuelche en posar para una fotografía.
Mientras los primeros galeses desembarcaban en las costas del Chubut, Biguá se presentaba con toda su gente en Punta Arenas, como Cacique de la Patagonia nombrado por el gobierno argentino, con rango de teniente coronel. Estupor de los chilenos, puesto que lo tenían por capitán del ejército de ellos.
La tribu de Casimiro estaba en la isla Pavón al arribo de George Musters, quien relató una asamblea donde se reunieron tehuelches del norte, sur y este. Biguá, que ya tenía credenciales otorgadas por el presidente Mitre, izó la bandera argentina.
En abril de 1870, la caravana tehuelche con la que Musters viajaba, arribó al país de Las Manzanas, reino de Sayhueque, donde se realizaron intercambios comerciales; también otro parlamento para tratar el malón planeado por Calfucurá. Casimiro aconsejó no intervenir para no perder las raciones, caballos y vacas que les daba el gobierno nacional periódicamente.
A su arribo a Patagones, Biguá se alojó en el hotel y alquiló durante dos días la banda de la guarnición para que tocara música mientras él almorzaba.
En 1876 recibió un sello de plomo con su nombre y la leyenda "Cacique nombrado por el Gobierno Argentino".
Y nada más se supo...
Como cacique, tomó de Argentina y Chile cuanta ventaja se le ofrecía. Más que a una de las naciones que se disputaban la soberanía, Casimiro fue leal a la tierra misma y a su propia gente.
Desapareció antes de la llegada del General Roca, abandonó la Patagonia todavía libre, sin "fronteras".
No se sabe donde, ni exactamente cuando murió, pero lo hizo seguramente a su manera, sin padecer la prisión, como Sayhueque, ni ser condenado a una tumba de cemento, como la de Inacayal.
Vivió entre dos mundos, el de Chile y Argentina cuando aún no habían definido sus límites, y entre el de su cultura tehuelche y la "civilización".
Tal vez sigue cabalgando por las infinitas estepas que fueron suyas, convertido en viento...
Foto: 
Casimiro Biguá. Dibujo de Elena Tonini en "Historia del Chubut" por Clemente Dumrauf. Ed. Plus Ultra, 1992.

Raine Golab



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