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Pesca milagrosa

¿A Dios nuestro Señor le gustará pescar? Vaya uno a saber... pero con seguridad, le gusta intervenir en asuntos de la pesca... ¿Cómo es eso? Verán...

 

Eran otros tiempos patagónicos...

Los misioneros salesianos habían llegado tras el general Roca, veinte años antes. Ahora recorrían el inmenso territorio en busca de almas paganas o descarriadas que cristianizar. El cura Pedro Bonacina, desde su arribo al país en 1886, recorría con tales fines un amplio territorio, desde Viedma y Patagones hasta Choele Choel, pasando por General Conesa, y una breve estadía en el Chubut. Estaba destinado al Fortín Mercedes, en proximidades del río Colorado en 1895, año en que había efectuado, frente Monseñor Cagliero, sus votos perpetuos.

En Fortín Mercedes dedicó todo su empeño creador a construir el colegio San Pedro. El colegio llegó a albergar a más de un centenar de personas entre pupilos, curas, hermanas y demás personal. ¡Había que alimentarlos! Para el Viernes Santo de 1898, el padre Pedro encontró con qué cumplir la abstinencia de carnes rojas, en una laguna cercana que llamaban La Salada, donde obtuvo unas 500 truchas!

La familia Luro era la infaltable benefactora de la obra del padre Pedro, proveyéndola de toda la carne necesaria. Pero en aquellos polvorientos tiempos, también la crisis llegó a la Patagonia. En particular a los Luro, que con pesar comunicaron al salesiano la imposibilidad de continuar la provisión gratuita de carne. La casa Larreguy, por su parte, le hizo saber que no podría seguir fiándole la galleta. Claro que el cura Pedro no desmayó en sus empeños. La huerta era importante, y se esforzó en reunir majadas de ovejas para crianza propia del establecimiento. Pero mientras, había que recurrir a otras alternativas alimentarias!

Recordó la laguna que estaba a apenas una legua del Fortín... Muchas veces bajaba muchísimo el nivel, tanto que era cuestión de ir y cargar pescado a paladas, como quien carga arena; otro sistema de pesca era poner bolsas de arpillera y dejar que se llenaran solas de peces; o bien, con redes.

El 23 de marzo del año del señor 1903, ya recibidas las tristes comunicaciones de los señores Luro y Larreguy, partió el cura Pedro hacia La Salada, acompañado por algunos de sus muchachos, bien de madrugada y a pie. En la jardinera llevaban el bote y la red. La galera de Mora había pasado por el camino a brutal velocidad procedente de Bahía Blanca y con destino a Patagones, dejando tras de sí una polvareda que ocultaba al propio astro rey y que a la distancia parecía humo de un enorme incendio.

No obstante el viento que les malogró en parte el operativo, con la red, el bote, y la ayuda de unos caballos, obtuvieron en la jornada una captura de trescientos cincuenta kilos de pescado, entre pejerreyes y truchas, loado sea Dios! Bonacina seguramente no habría escuchado hablar de "pesca y devolución", pero su Dios intervino para hacer, ese día, de la pesca, un milagro.

por Raine Golab



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