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Del teclado a la sotana

En la Buenos Aires post rivadaviana de 1874, la población había desarrollado gustos refinados. Para alegrar los salones, pidieron a París un cuarteto clásico.

 

Uno de sus integrantes, el pianista, era un joven 22 años, oriundo de Bélgica y recibido en el conservatorio parisino: Polidoro Segers.

Finalizada la serie de conciertos, tres de los músicos regresaron a Europa, pero Polidoro se quedó. Hizo buen dinero con su conservatorio, el primero de la ciudad, donde las niñas de las mejores familias se dedicaron a Morzart y Chopin. Ya resuelto a quedarse, en 1875 envió por su novia María Craemers, casándose con ella.

Pero le dio por la medicina, y estudiaba de noche ya que continuó trabajando como profesor de música.

Pasó una década. El general Roca encomendó a Ramón Lista una exploración de la parte argentina de la Tierra del Fuego. Segers le acompañó en calidad de cirujano, y el cura salesiano de Patagones, Fagnano (que llegaría a ser Obispo de la Patagonia Austral) se ofreció como voluntario. En octubre de 1886 (sólo un año después de haber sido creada la primera gobernación del territorio) embarcaron en el vapor "Villarino", acompañado Ramón Lista por un destacamento de 25 hombres.

La expedición llegó a San Sebastián, ya en la isla grande, donde se produjo un enfrentamiento con indígenas onas, muriendo 28 de ellos. Tanto Fagnano como Segers, cuya participación en la misión tenía carácter humanitario, quedaron horrorizados por el hecho. Al siguiente encuentro con onas, ambos se adelantaron a los militares, mientras Ramón Lista apaciguaba a sus hombres, y no se produjo ningún incidente. Dijeron que el cirujano hasta hizo piruetas para congraciarse con los indios. El 24 de diciembre de 1886 llegaron a Bahía Thetis, culminando la travesía terrestre. Se produjo una nueva escaramuza con el saldo de otros dos indios muertos. Fagnano sepultó a un joven de 18 años que presentaba 28 impactos de Remington, pero no le faltaba ninguna oreja.

El cura emprendió de inmediato la construcción de una capilla, que sería la primera por estos lados. El virtuoso pianista, arriesgó sus delicadas manos oficiando de albañil y carpintero. También de sastre, pues cosía la ropa con que Fagnano se propuso vestir a los indios para ser cristianizados.

La permanencia en Tierra del Fuego y su acción conjunta con el salesiano, dejaron marcas indelebles en el espíritu de este hombre.

Volvió a Buenos Aires, reunió sus ahorros, y embarcó en el "Magallanes" con su esposa e hijos, decidido a convertirse en ovejero y radicarse en el lejano sur. Pero... el "Magallanes" naufragó en la ría del Deseado, durante el cual perdió todo su dinero y también todo su equipaje que, en este caso, se trataba de una mudanza.

Eran unos 200 náufragos en total, que sobrevivieron a 34 durísimos días invernales, refugiados en precarios galpones y cuevas. Hasta el hallazgo sobre la arena de la costa, de parte de un viejo peine fue un acontecimiento, especialmente para las mujeres.

Al ser rescatados, muchos regresaron a la ciudad, pero la familia Segers siguió rumbo a su destino: Ushuaia. El médico nuevamente se transformó en constructor, levantando una choza para su familia. Los niños colaboraron oficiando de cocineros.

Segers se desempeñó durante dos y medio años como médico de la gobernación, pero nunca pudo cobrar. Debía darle el 50% de lo que le adeudaban a "gestor" para que le tramite el cobro en Buenos Aires!

Sus observaciones y estudios fueron valorados y publicados en Europa. Entre muchos otros, las autopsias que realizó le demostraron una nueva causa de la extinción de los indios, no tenida en cuenta entonces, y poco en la actualidad. Segers encontró una enfermedad del hígado, hipertrofiado por la absorción de tomaínas y toxinas de mejillones en estado de putrefacción que frecuentemente se encontraban entre los moluscos que los indios recolectaban para alimentarse.

Ignoro entre cuales fechas, pero en un muy posterior curriculum del Dr. Segers, se indica que también prestó servicios en Carmen de Patagones, durante el obispado de Monseñor Cagliero.

Desalentado, viajó a Chuquisaca, Bolivia, donde se graduó como médico. Se recibió en 1890. Regresó a Buenos Aires donde revalidó su título y se instaló en la calle Florida.

Ejerció en Las Flores, donde sufrió un atentado en el marco de las luchas políticas. Después en Banfield, donde fundó la Cruz Roja y se hizo amigo del cura con quien compartió infinitas y aleccionadoras charlas sobre filosofía religión.

Se fue a París, por 1906, en procura de perfeccionarse. Pero las vivencias fueguinas aún quemaban su alma... ya viudo, a los 60 años de edad, decidió ser sacerdote, alentándolo sus propios hijos. Se presentó ante el Arzobispo de Buenos Aires Monseñor Espinosa, y se consiguió profesor de latín. Viajó a Roma, ingresando al Colegio Latinoamericano. Su fuerza vital comenzó a declinar y, enfermo, retornó a la Argentina. Gracias a la atención de sus hijos se repuso y, una vez más, reanudó sus estudios esta vez en el Seminario Conciliar de Villa Devoto, ordenándose sacerdote en 1914. Apenas tres años después, falleció.

Qué desgarradoras vivencias le habrán tocado a Segers para que, de los salones parisinos y la elegancia porteña, haya decidido instalar a su familia en la desconocida y salvaje Tierra del Fuego, donde apenas unos años antes se había establecido la línea fronteriza e instalado alguna representatividad oficial? Qué lo llevó a preferir poner sus dedos en las entrañas de un cadáver antes que en el teclado de un piano? Pasar del arte a la cirugía para finalmente, buscar refugio en el mismo Dios, fue un arduo recorrido que le demandó toda la vida...

Fuente e ilustración: Raúl A. Entraigas en revista Argentina Austral, selección de números publicados entre 1929-1968.

Por Raine Golab



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