Acceso Premium

    Usuario:
    Contraseña:

Inicio » Notas
Final a toda orquesta, cierre de temporada en lago 3

El domingo 3 de Mayo será la despedida, el último día que reglamentariamente permite la pesca recreativa en la casi totalidad de los ambientes del Chubut.

Desde la temporada pasada que Carlos Daher, Osvaldo Williams, Eduardo Boletto, Alejandro Talarico, Facundo Brizuela y yo, tenemos reservada la cabaña de los Núñez, allá en la mitad del lago TRES. Ya hace varios años que hemos tomado esta "sana" costumbre de acompañar el cierre de temporada en este lago tan particular y con tantas buenas truchas, siempre en la confortable cabaña Friedland de la familia Núñez. Y ello no es una elección casual. Ni de la época ni del lugar elegido para pernoctar.

Durante la temporada de pesca casi nunca o muy poco visitamos el Tres. Ello así porque cuando comienza la temporada, que la pesca es muy buena, el lago suele estar muy crecido y las truchas un tanto flacuchentas. Luego en enero y febrero hace mucho calor y el pique es regular a primerísima hora del día o casi de noche, cuando la temperatura afloja. Entonces dejamos siempre el Tres para el cierre, donde nos encontramos con aguas relativamente bajas pero bien frías lo que garantiza mucha actividad de truchas y consecuentemente, un muy buen pique.

Este cierre de temporada coincidió con el feriado provincial del jueves 30 de Abril en Chubut, a lo que se sumó el del viernes 1º de Mayo, mas el finde, tendríamos cuatro días para intentar capturar esas gordas arco iris y mejores marrones del Tres. Y también para jugar esos partidos de trucos, que no empardan. Con esa premisa, el jueves a las 9 de la mañana, desde Esquel, partimos en búsqueda de las últimas escamas de la temporada. Como siempre, la organización del viaje estuvo supervisada por Osvaldo y mi hijo Facundo y esta vez yo colaboré en algo y así pude salir de una intriga: por fin descubrí de donde se proveen de las cajas del tinto Senetiner !!. Con la Toyota y el bote de aluminio cargados del día anterior más la Sorento de Carlos, los seis dimos las hurras y les pedimos a las medias naranjas que no nos llamen "ni aunque explote otro volcán", ya que el 2 de Mayo se cumpliría un año de la entrada en erupción del Chaitén y que, como no podía ser de otra manera, nos "pescó" en el lago Tres en aquel entonces. Y que en ausencia de señal de celular (afortunadamente) nos enteraríamos de ello, un par de días después, llegando a Esquel.

La ruta que conduce a Río Pico, recién reparada en la zona de Tecka, está muy buena, pero los últimos 60 km. que separan a aquella localidad de la 40, y que están en reparación (se está modificando la traza y pavimentando) hay que transitarla con mucho cuidado, por la gente trabajando, por las piedras, por los desvíos y por ese tramo de pavimento hecho hace un par de años y que en muchos lados, ya no existe más. Así y todo, a las 12,30 la señora de Don Núñez nos estaba aguardando, para registrarnos y darnos las repetidas indicaciones del caso, vinculadas al funcionamiento de la cabaña. El día se presentaba excelente para pescar merced al cielo cubierto, sin viento y lago semi planchado. Aguas bajas, bien frías, con manchones de plantas acuáticas en superficie, pero con numerosas truchas tomando arriba fue la primera visión del escenario de pesca. El recibimiento no pudo ser mejor...

Carlos y yo, rápido a bajar los bártulos y acomodarlos en las habitaciones. Osvaldo y Eduardo a dedicarse a la cocina. Mariela, la media naranja de Facu había hecho unas pizzas riquísimas (que rápidamente desaparecieron como por arte de magia) así que solo era cuestión de ordenar la mesa y disfrutar del momento. Facu se dedicó, primero a tirar el bote al agua y luego con Alejandro a inflar los cuatro belly. Osvaldo y yo, privilegio del alma (...del almanaque, obvio), pescaríamos, como hace ya tiempo, desde el bote. Este no es el lago Dos ni el Uno, donde hay que buscar las truchas bien abajo. Entonces con una sinking tip de 130 ó 150 grains que puedan hace volar streamer de tamaño medio, sería suficiente. Aunque habíamos divisado varias subidas de truchas a la superficie, lo que invitaba a poner una línea de flote y, porque no, una buena mosca seca. Observando estas condiciones y ante la presencia de algunas libélulas adultas, cambié sobre la marcha y puse una ninfa de Drágon fly que ya había probado su eficacia en este mismo lago. Así, fui el primero en escuchar el eco de mis propios gritos dándole la bienvenida a una arco iris "de las buenas". Capturé tres al hilo. Fotos, besos y al agua pato.

La última hizo transpirar mas de la cuenta a mi querida Kunnan de 5 tramos para línea 5 y mas al Batenkill de Orvis, cuya chicharra se asemeja a música celestial cada vez que deja escapar baking velozmente. Desde el handy nos llega el comentario que Facu y Alejandro, desde los belly también han tenido fortuna con lindas arco iris y estamos en la tertulia, cuando la caña de Osvaldo baja violentamente, anunciando un pique "de los buenos". Una arco iris se resiste a ser fotografiada, pero finalmente posa desnuda, antes de irse nadando despacito...

A las seis de la tarde y nublado, el día se escabulle antes de tiempo. Seis y media de la tarde ya estamos en penumbras y los bellys, el bote y nosotros estamos en la orilla del predio de la cabaña. La noche trajo consigo la posibilidad de abrir el baúl de los recuerdos y rememorar pasadas anécdotas de pesca. Trajo también unas lindas costeletas al disco con bastante cebolla y el truco infaltable e infalible...jugado hasta que las velas no ardan.

Estos partidos de truco jugados en la cabaña durante estos días, especialmente estos, merecen este párrafo aparte. No porque les ganamos a los "pibes" casi todas la noches (O como diría Osvaldo, "Nos comimos unos pichoncitos") Sino porque hacía años que no me reía tanto. Osvaldo llegaba a llorar de risa. Lo curioso es que los seis nos matábamos de risa, aunque nobleza obliga decir que del otro lado...no tanto. Es que durante el día nos gastaban diciéndonos "Esta noche los hacemos de goma al truco" mas otros epítetos irreproducibles y nosotros respondíamos que "ya estamos cansados de comernos pichoncitos" mas algunas otras cositas "non santas". El último partido (que perdíamos 13 a 8 y finalmente ganamos 15 a 14) fue para filmarlo, mandarlo a un hospital y ponerlo en pantalla cuando uno se sienta deprimido o angustiado. Partido tremendo. A cara de perro. A grito vivo. Con el cuchillo entre los dientes. Para alquilar balcones...Y para comerse unos pichoncitos, claro. Aún hoy, no tengo claro si nos divertimos más con las muy buenas truchas capturadas o con estos inolvidables partidos de truco que nos hicieron descostillar de risa. Una cosa quedo claro. Los próximos partidos serán con el reglamento de truco en la mano y no con argumentos "fuera de contexto", como diría el doctor...

El viernes fue un calco del día anterior. Seguía nublado, algo fresco, sin viento y con lago apenas rizado. Mirando como Osvaldo peleaba con una trucha, no me di cuenta que otra estaba con el babero puesto y paladeando la imitación de ninfa de Drágon fly. Cuando la quise afirmar, corto el tippet y se llevó la única que me quedaba. Entonces, tenía dos alternativas, o ataba algo naranja, con patas o me obligaba a poner lo mismo que tenían casi todos: un streamer chico, tipo matuka (tamaño 6 ú 8) cuerpo verde oliva con hackles negros, cola larga, y un par de patitas de goma, con la particularidad que había que trabajarlo despacio, muy despacio. Nada que ver con un streamer, pero pescaba. Así prendí a una magnifica marrón al promediar la mañana. A las dos de la tarde, con varias líneas tensas, fue hora del paréntesis obligado para almorzar unos suculentos tallarines caseros y nada de siesta. Apenas una sobremesa corta y a salir nuevamente, porque este sería otro día que terminaría antes de lo previsto.

Carlos tuvo un problema con su belly y lo tuvo que abandonar. Mejor dicho, el belly lo abandonó a Carlos, entonces pescaría con nosotros desde el bote. Si no hay viento, no hay problema para castear los tres. Osvaldo, que es zurdo, en la proa, Carlos al medio y yo en la popa. Esto ya lo hemos hecho en varias oportunidades, incluso con viento. Pero por cierto, no es aconsejable ni gratificante, sobre todo por lo cerquita que pasan las moscas, pero como dice el dicho..."hay que organizarse!!!". Osvaldo pincha un arco iris que le lleva toda la línea y también todo el backing. A tal punto que tenemos que perseguirlo con el bote. Le digo: "O es muy grande o esta robada...O las dos cosas". Luego de más de media hora de ir y venir, finalmente la trucha viene definitivamente. Es un arco iris cercano a los 5 kilos y está robado de la aleta caudal. Por eso tiraba tanto!!. De los belly ven el alboroto y nos preguntan con que mosca salió "Con la Ladron Fly", responde Carlos risueñamente.

Pasando las 5 de la tarde la noche llega casi sin darnos cuenta. Antes de retornar a la cabaña, le hacemos una última visita al juncal del fondo, en busca de una marrón de aquellas. Y en el último cast, ya en penumbras, clavo una muy linda que dio bastante pelea antes de posar para el baúl de los recuerdos con escamas.

Esa noche, Osvaldo nos deleitaría con su conocido y exquisito matambre al huevo, cocinado a las brasas y en papel de aluminio (una hora por lado) que como Eduardo siempre dice, "te chupas, hasta el papel de aluminio, te chupas"...
El sábado a la madrugada, me levanté a cambiar el agua a las aceitunas y aproveché para tomar una foto del amanecer sobre el lago realmente de fantasía. Las tonalidades rojizas y amarillentas, reflejadas en el espejo de las tranquilas aguas del Tres, producían una sinfonía de colores imposibles de explicar y que, afortunadamente, quedarían en el recuerdo fotográfico.

El día ya sería diferente. Una brisa fuerte, sin llegar a ser viento, cambió las condiciones de pesca. El desayuno de los seis, con tortafritas calentitas cortadas al medio y embadurnadas con, kero, manteca y dulce de leche o dulce de frutilla casero hecho por Raquel, la señora de Osvaldo, eran un verdadero manjar. Esta vez, llevaría primero a los belly (y a Facundo, Alejandro y Eduardo, alias "Los pichoncitos") hasta el extremo Este del Tres, bién al borde de los juncos, ya que desde allí, llegarían a la cabaña pataleando. El Suzuki Four Stroke de 25 Hp, dos cilindros en V, se asemeja a un 30 caballos y empuja los 75 kilos del bote de aluminio sin pestañear. Nos transporta a los 4 sin mayor esfuerzo. Pero andar solo, con viento, sin peso adicional, hay que tomar las precauciones del caso y navegar muy despacio. Demasiado grande para sombrero de aluminio.

La pesca sigue siendo muy buena. Osvaldo y Carlos hacen doblete desde el bote y desde los belly, también las capturas se suceden unas a una. Eduardo tuvo su linda arco iris y Alejandro clava una marrón muy bonita que sirve como modelo fotográfica de las cámaras. Por la tarde, la brisa se recibió de viento, por lo que castear los tres desde el bote tiene sus verdaderos riesgos para la humanidad, especialmente para el que lo hace desde el medio. O sea Carlos, que anda a las agachadas como basurero jubilado. Pero quien no ha recibido un par de moscazos, en su vida...eh ?
Osvaldo nos convence de dejar de pescar, con el argumento que tiene que cocinar temprano los bifes a la portuguesa. Temprano? Si a las 7 de la tarde ya esta de noche. Pero me temo que el viento y el frío han hecho mella...sobre todo en las manos. Hace frío. Y como soldado que huye a tiempo, sirve para otra guerra, ahí nomás decidimos ir a los bifes. Y antes que oscurezca estamos los tres adorando el fogón de la cabaña. Ya con muy poca luz natural por el handy nos avisan los belly que están cerca de la cabaña. Casi llegando a ella, a escasos metros, Facu clava una marrón hembra, que a la postre sería the biggest, o sea, la mas grande. Casi 5 kilos de dinamita pura, que luego de intenso combate, es fotografiada por todos.

Esa noche, luego de la cena sería "el duelo final" en el truco. Pero como acomodador de cine malo, ya conté el final de la película. Jé.El sábado a la noche llovió bastante. Como es su costumbre, y para preparar el famoso y auténtico asado al palo, Osvaldo decide quedarse y guardar su caña hasta la próxima temporada. Eduardo, para no dejarlo solo, decide hacerle compañía y también dar por terminada su pesca.

Así, cargamos dos belly y los cuatro en el bote atravesamos el lago Tres, que tiene un oleaje respetable. Este es uno de los beneficios de alojarse en esta cabaña. Al estar ubicada en la orilla media de la bahía Oeste, por más viento que sople, está reparada y siempre nos permite navegar. Y a quien pesca desde un belly boat le permite patalear despacio y llegar hasta el extremo junquero, sin mojarse y sin cansarse demasiado.

Establecimos que a las 13,00 horas se terminan las truchas que se dan para esta temporada. Alejandro y Facu a patalear nuevamente. Rápido clavan una arco iris cada uno como para matizar la mañana fría y ventosa. Por mi lado y luego de oxigenar detenidamente, me encargo de devolver un par de truchas lindas sin fotografiar pero Carlos tiene una marrón grande que merece entrar en el recuerdo. El viento se hace más fuerte y con las tripas entrando en rezongos ruidosos, decidimos despedirnos de las truchas que habitan este maravilloso lugar de pesca. Mas se 60 peces fueron pescados y vuelto a ser peces. Fue un final a toda orquesta.

A la hora señalada, nos encontramos todos sentados a la mesa, esperando la luz verde para atacar el asado de costilla que se ve (y se huele) de maravillas. La sobremesa es sin prisa y sin pausas. Aprovechamos la visita de Don Núñez para conversar un largo rato sobre la pesca en el Tres y para dejarle reservada, desde ya, la cabaña para el próximo fin de temporada.

Así como las tareas estaban distribuidas al llegar, también están al partir. Entonces nos repartimos para sacar el bote del agua, limpiarlo, desinflar los belly, cargar las camionetas y una última mirada al fantástico Lago Tres. El mismo que durante tantos años nos ha regalado tantos lindos recuerdos y tan buenas truchas.
Es hora de mirarlo por última vez y decirle "hasta la temporada que viene...Si Dios quiere". Claro.

Néstor Brizuela.
skelfly@gmail.com



Categorías

Buscador