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Por siempre México

Una vez más mis inseparables cañas de cuatro tramos viajaron conmigo, ya que iba a intentar en un sitio totalmente nuevo para mí: El Pacífico en la Baja California.

Buenos Aires, julio de 2008

Por tercer año consecutivo elegimos México para nuestras vacaciones. Su colorida belleza, su cultura, su gente, y, por supuesto sus soleados paisajes que nos separan del gélido junio porteño justificaban de nuevo la elección.

Una vez más mis inseparables cañas de cuatro tramos viajaron conmigo, pero esta vez la Loomis para línea 8 fue acompañada de una 10 ( que me prestara Héctor en un bar de Caballito una noche helada), ya que iba a intentar en un sitio totalmente nuevo para mí: El Pacífico en la Baja California.

El plan era seguir para Cozumel luego de Los Cabos, pero allí sería ya mi tercera experiencia, lo que me permitió calcular bien mi equipo. Y mis moscas. Los pequeños Crazy Charlies que allí utilizan y algunos deceivers y cangrejitos para sábalos y palometas respectivamente.

Para el para mí desconocido Pacífico, consulté los catálogos y libros, y até varios Clouser Minnows, Surf Candies (Popovic); y Deceivers más grandes para la 10, del tipo que usamos en Argentina para el Dorado de río. Llevé tres reeles "large arbor": uno con una Express tip de 350 grains (gentileza del "Oso" Bresba) y dos WFF 9 y 10 respectivamente.Acostumbrado a viajar y pescar, nunca llevo demasiado equipo, y menos moscas, que al final las que valen son las locales.

CALIFORNIA

Las 16 horas de viaje desde Buenos Aires bien valen la pena.

Es imposible imaginar la belleza del Cabo San Lucas, totalmente diferente de cualquier destino marítimo donde yo haya estado antes. Quedarán para siempre grabados en mí su imponente desierto, Todos Santos, La Paz, y sus bellas playas del Pacífico y del Mar de Cortez.

Todo preparado para atender a los viajeros. Lujosos Hoteles, cordialidad y servicio, seguridad y pesca de grandes picudos y dorados con carnadas diversas. De mosca ni preguntes.

Pocos de los que encontré sabían algo y no como para aconsejar. Aclaro que mi intención era pescar uno o dos días a lo sumo, y cerca del Hotel, ubicado en el Cabo.

Básicamente existen en ese lugar tres formas de pesca: De altura, para enormes peces con teasers , carnadas y pesados equipos, la costera embarcado, cerca de la costa, que realizan con equipos de bait casting pesados, plomada y carnada o señuelos a trolling, y la de playa, ya sea de espera como también con mosca, que algunos expertos realizan en procura del hermoso pez gallo.

De acuerdo a mis gustos y sobre todo posibilidades, escogí la costera embarcado, pero mediante fly casting, claro está.
Decidí contratar a alguien en la Marina de Bahía Paraíso (un centro de compras) guiándome por mi instinto.
La situación fue que renté para la mañana siguiente una hermosa panga con un poderoso 80 HP de cuatro tiempos, a un pescador acompañado de su pequeño hijo, lo que me resultó muy simpático.

A las siete estaban esperándome. A poco confirmé mi sospecha sobre su desconocimiento del fly casting, cuando me dijo que compráramos carnadas. Asumiendo esto, le pedí que me llevara donde hubiera pesca mediana, cosa que parecía conocer a la perfección.

No me equivoqué, porque a los quince minutos de navegación me puso sobre una mancha oscura que delataba a los peces. Observando esta zona, veía destellos de estos peces, a unos dos o tres metros de la superficie. Imposible no comentar la navegación inolvidable aunque breve y la experiencia de doblar el Cabo San Lucas hacia el Océano Pacífico, dejando atrás el Mar de Cortez. No tengo otra forma de describir esta belleza que con una fotografía.

Hasta aquí veía peces que no sabía qué eran. Tampoco lo supe después que el buen hombre que me guiaba me dijo sus nombres: Sierras, bonitas, barracudas (esta sí) y algún gallo(también sabía yo). Una de las cosas más interesantes, es establecer tácticas de pesca, pero cuando no se conoce al pez, es algo surrealista.

Con el mejor humor y lleno de optimismo, ya que como decía el gran pescador argentino Roberto Zapico Antuña:" El acto de ir a pescar es un acto de fe", armé entonces la 10 con la línea de hundimiento, con un gran deceiver de los que usamos en el Río Paraná para nuestro Dorado, con shock tippet. Y también armé la 8 con WFF 9 y un clouser minnow en anzuelo 1/0.

Al no ver actividad en superficie, comencé con la wet tip y no obtuve respuestas sino hasta el quinto tiro, pero en la levantada de roll para poder propulsar los 350 grains a cierta distancia. En el siguiente cast efectué la recuperación de línea a toda velocidad con las dos manos, trayendo la línea de hundimiento lo más superficial posible y una barracuda se abalanzó ferozmente sobre el engaño.

Liberada la barracuda (que por barracuda y por pequeña no peleó mucho) rápidamente ( y con alegría) tomé la vieja Loomis 8 y la línea de flote. Al segundo cast vi alborozado que subían y aún perseguían después de fallar, al clouser, que seguía huyendo en su fascinante sube y baja, casi popeando en la superficie. Así capturé muchas Sierras (scomberomorus maculatus), que resultaron ser los Spanish Mackerel de USA y parecidos a mis conocidas caballas o escombros del Atlántico Sur.

Atléticos peleadores, es un placer verlos cómo atacan y su gran velocidad. Muy entretenido estaba con estas sierras, cuando tuve un pique distinto, más fuerte y que emprendió una violenta corrida en profundidad, mostrando muchos metros del backing de dacron de 20 libras afuera del carrete. Emocionado, cuando pude izarlo a la superficie ví que la bonita era un bonito (sarda orientalis) en otras partes, y por lo tanto no me sorprendió su vigor.

Su belleza es destacada. Un pequeño atún azul. Defiende su libertad como veinte truchas del mismo peso, y su cola lo delata como el gran nadador que es. Terminó de destrozar el segundo minnow azul. Los escombros son todos cazadores de raza, y persiguen las moscas con decisión. Me resulta adecuada una 8 a pesar de su peso, porque defienden duramente su libertad estos peces.

Después probé otros minnows pero parecía que el azul y blanco y el azul y amarillo los atraían más. Decidí entonces atar al tippet de 15 libras una surf candy, de las Popovic's.

Este simple engaño fue el más eficaz. Los piques eran muy frecuentes, y picaron un sábalo del pacífico (también saltarín como megalops) un cocinero (caranx caballus) y un violento pez que cortó el tippet después de largas y profundas corridas. Según mi Capitán, era un Gallo (nematistius pectorales) grande. Lástima. Al límite de resistencia del equipo, tuvo que acelerar el bote mar adentro para evitar la cercana rompiente, y allí se cortó.

Ya era mediodía, mis brazos no daban más y estaba conforme con 18 piezas realizadas de variadas especies en premio a mi total ignorancia. Feliz, me despedí en la playa del Hotel de mis guías y felicité al Capitán por la educación destacada de Edgar, su hijo, a quien creo haber interesado sin duda por la "voladora", a juzgar por sus miradas y voces de entusiasmo al ver la acción en superficie.

La playa y California se apoderaron de mí una vez más en esa larga siesta.

OTRA VEZ YUCATAN

Mexico es enorme, y el vuelo desde San José del Cabo a Cancún con su escala correspondiente en D. F. insume varias horas.El 22 de junio tenía mi salida pactada para Isla Blanca. Esta vez con Enrique Fernandez Catzin, con quien hace algunos años capturara mi primer sábalo (megalops atlanticus). Es un pescador serio y conoce muy bien la zona.

Tiene mucha paciencia además con quienes no tenemos tanta experiencia en esta pesca y seguramente representamos un cierto handicap para los guías. El año pasado salí con Enrique Trinidad, otro gran pescador a mi modo de ver, también recomendable.

La experiencia con truchas no sirve aquí, y aconsejo olvidarla, absorbiendo todo lo posible de esta fascinante modalidad humilde y serenamente, escuchando y observando. Y descansando cada tanto. Tienen en común la necesidad de presentar bien y sigilosamente.

Es una actividad físicamente exigente, con un calor extremo y muy agobiante para quienes vivimos en zonas templadas. Las jornadas son largas, la radiación solar intensa, y la plataforma de casting es un buen lugar para obtener unas piernas hinchadas como nunca antes al final del día.

Por buena que sea nuestra técnica (nunca lo suficiente) inevitablemente la olvidaremos y nos esforzaremos de más por la emotividad de la pesca en los bajos. El pez visto y nadando rápidamente en aguas bajas, altera al más imperturbable. Un guía muy imperativo puede resultar desagradable para quienes llevamos una vida pescando y aceptamos que a veces las cosas no salen por azar, no sólo por errores. Sus indicaciones deben llenar nuestro oído, pero con calma. Sin estridencias.

La pesca aquí no es fácil y abundante como en la Baja California, y el aproximarse con posibilidades al pez suele exigir al guía y al pescador. Es una pesca de "contener la respiración, porque es la única chance". Un deporte máximo. Adictivo para mí como pocos.

Me permito aconsejar como médico-pescador una vestimenta adecuada, holgada y fresca, con ventilación suficiente. Los famosos "secado rápido" tan a la moda, tienen mucho poliéster, así que cuidado los alérgicos, para quienes el algodón es siempre lo mejor. Cada tanto me parece bueno mojar las piernas, siempre con pantalón largo liviano de colores claros. Un calzado debe ser fresco y antideslizante. No se vadea casi en esta zona.

No me parece la mejor pesca para personas con enfermedades de cierto cuidado, en especial neurológicas o cardiovasculares. Requiere buena vista o anteojos con corrección adecuada. Siempre polarizados, colocados todo el tiempo. Buena protección o pantalla solar y una ingestión de un par de litros de agua fresca en esta jornada de pesca. Nada de alcohol. Poca comida liviana.

Los días previos y el mismo 22 fueron de lluvias y viento. A punto tal que a pesar de haberme buscado por el Hotel a las 5, debimos esperar hasta las 8.30 para salir del pequeño puerto. El resultado, fue agua rojiza y turbia que no permitía ver bien a los peces, y éstos, a las moscas.

Nunca olvidaré un sábalo que siguió el engaño hasta muy cerca de mí repartiendo y errando mordidas. El tampoco estaba en su día. Era muy cansador y frustrante ver el manglar en tan malas condiciones. Pero Enrique no se dio por vencido, y fuimos en busca de las aguas abiertas, que estaban más claras. Allí pude capturar robalo (centropomus undecimalis) por primera vez.

Me sorprendió su bravura y sus brincos. Perseguían las moscas con decisión. Ya por volver, se aparecieron unas palometas, que ignoraron mi Merkin crab, a pesar de haber sido bien presentado y a correcta distancia (un metro delante de los peces que venían hacia mí).

Otra vez será. Me despedí así una vez más de Isla Blanca con el propósito de volver. Esa noche dormí profundamente. Soñé con las palometas. Pero en el sueño tomaban finalmente la mosca.

COZUMEL AL FIN

Muchas veces que estoy agotado o con problemas pienso en evadirme, como cualquier ser humano. Tomar un descanso. Y en esos casos siempre pienso en Cozumel.

El buceo o snorkel son igualmente buenos, y la gente que habita la isla más grande de México es especial. Preocupados por su ambiente y hospitalarios al extremo. Es raro además encontrar en el mundo un lugar tan seguro como éste.
Como si fuera poco, me encontraría nuevamente con Don Nacho Euan y sus hijos, Alberto y Nacho, grandes pescadores también.

El macabi (albula culpes) es lo más abundante, aunque pueden capturarse otras especies además. Puedo recomendar a los Euan. Alberto es muy técnico y exigente, pero tranquilo y educado. Un guía hecho y derecho.

El 25 de junio nos acompañaría también su hermanito Nacho, de gran vista aunque menos experiencia por su corta edad. Le sobra simpatía. Nacho Euan parece un padre de familia dedicado y ha educado a sus hijos muy bien, puedo asegurarlo.

La pesca en Cozumel es más abundante, hay muchos macabíes en pequeños cardúmenes que vagan rápidamente por las lagunas del extremo norte de la isla buscando su alimento y atentos siempre a sus depredadores las barracudas. Cualquier mala caída de línea resulta en un estrepitoso desbande y huída del grupo de peces.

Es hermoso pescar aquí además porque en los manglares más someros se pesca al vadeo, lo cual hace el deporte completo y muy emocionante. Pasaron pues puntualmente por mí a las 5.30, y ya a las 7.00 estábamos pescando. El día acompañaba.

Ante la presencia de robalos y sábalos pequeños, Alberto me indicó que usara poppers. A mí me fascinan los poppers y en Argentina puedo usarlos durante horas con las tarariras y en Estados Unidos he pescado Bass muchos años. Nuevamente en el mar hay que olvidarse del pasado, y recuperar la línea más suave que en los casos anteriores. Y sobretodo no clavar cuando se siente el pique. Dejar que el pez trague el engaño.

Ya en la segunda parte de la mañana empezamos a ver macabíes. Y vadeamos. Nunca olvidaré aquel cast bastante decente delante del cardumen que avanzaba a través de los arbustos. Con violencia un buen ejemplar engulló el pequeño Crazy Charly y la frenética carrera lo llevó a utilizar un arbusto como polea. Pacientemente hube de acercarme, desenganchar la línea y emotivamente realizar esta hermosa pieza.

Algo que Alberto conoce bien y le gusta es pescar sobre la mancha barrosa que producen los cardúmenes al revolver el fondo. A ciegas. Es increíble la cantidad de piques que se logran y además la variedad de peces. Aparte de varios macabíes, capturamos mojarras y jureles.

Es notable la tenacidad de Alberto. Es tal que hace que uno se canse de pescar y quiera volver a puerto. Y esto es muy difícil en mi caso. A la vuelta nos esperaba Nacho Euan como es su costumbre, y es el momento de saborear un rico sándwich esta vuelta al puerto. Sus consejos sobre la cocina cozumeleña fueron imperdibles. También aprendí ese día dónde y cuándo conseguir buena Cochinita Pil Pil. Que no es poco.

Mis quince días en México llegaban al día siguiente a su fin. El largo viaje de regreso me permitió una vez más planificar cuidadosamente mi vuelta.

Adolfo Marinesco

 



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