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Laguna Verde

Este es un lugar al cual siempre quise ir y por alguna razón he postergado cada año.

 

Sin embargo en esta oportunidad bastó un comentario de Coco, el dueño de las cabañas donde habitualmente paro en San Martín de los Andes, para que nos decidiéramos a transitar los 70 Km. que nos separan de ella. Según dichos de un amigo residente de la zona, la pesca de fontinalis en el escorial estaba excelente y los tamaños más que interesantes. Dulces palabras que empujan a cualquier remolón....

Un solo y grave problema teníamos: el tiempo. Mi amigo Javier se iba al día siguiente y habíamos quedado con nuestras familias en hacer ese mediodía un asado de despedida en un camping del lago Meliquina, así que "jugados y sin fichas" una simpática ocurrencia de Coco que da idea acabada de lo que hicimos, a las 18:00 hs. dejamos rápidamente todos los bártulos que no eran de pesca en las cabañas y emprendimos el largo camino; Javier, Leo, Marco y yo.

Para llegar a esta laguna hay que transitar por la ruta 234 desde San Martín de los Andes hacia Junín y luego de cruzar el puente sobre el río Currhue tomar a la izquierda por la ruta provincial 62 que por supuesto es de ripio. Ella nos lleva primero al lago Currhue Chico, luego al Currhue Grande y finalmente a la laguna Verde. Por momentos y principalmente bordeando el Currhue Grande el camino es de cornisa y se hace bastante peligroso, hay que transitarlo con precaución, en un par de oportunidades nos encontramos con vehículos que circulaban en sentido contrario y alguno de los dos tuvo que retroceder porque ambos a la vez no pasaban.

Finalmente pasadas las 19:30 llegamos al camping y la laguna se nos presentó a la vista, sus costas de un color oscuro casi negro, son mezcla de arena y lava volcánica. Para ese entonces y mirando el mapa ya nos habíamos dado cuenta que llegar hasta el escorial - lugar indicado como el mejor y más productivo - era imposible puesto que la única manera de hacerlo es con una caminata de aproximadamente media hora, de hacerlo nos quedábamos sin luz y sin pescar así que la decisión fue intentar en ese lado de la laguna y el arroyo que la une con el lago.

La gran cantidad de gente que acampa en el lugar, la música alta, los chicos correteando e intentando pescar con equipos desproporcionados para el lugar nos restaban posibilidades pero de todas maneras el esfuerzo del viaje valió la pena, el lugar es de una belleza incomparable y las fontinalis están, es fácil verlas en esa agua tan quieta y transparente, aunque no es tan fácil pescarlas bajo esas condiciones.

Seguramente Dios se apiadó de nuestro esfuerzo y nos permitió sacar alguna y tener algunos piques perdidos. La actividad en superficie a última hora se hizo bastante intensa y aunque no pudimos corroborar ninguna eclosión si pudimos observar diversos insectos, producto de la época y también del calor reinante.

No hizo falta usar waders, pantalón corto y botas de vadeo fueron suficiente, más cómodos y frescos. Usamos solamente líneas de flote y pequeñas ninfas y secas, yo pude obtener una linda fontinalis con una irresistible adams y varios piques perdidos con una adams parachute. Uno de mis compañeros perdió otra hermosa fonti luego de varios minutos de pelea y algunas más chicas fueron obtenidas luego de esos divertidísimos saltos que producen las pequeñas truchas.

La luz se fue rápidamente y cuando en el entusiasmo por seguir y querer cambiar la mosca y arreglar el tippet me di cuenta que ya no podía hacerlo dejé de pescar, el tiempo había volado y el regreso iba a demandar otro considerable esfuerzo, camino difícil y encima de noche.

Para colmo de males, mi amigo Javier le había dicho a su esposa que reservara una mesa en un restaurante al cual asisten como despedida cada año, la hora acordada se pasó largamente y su esposa preocupada hizo una consulta en la policía, cosas que pasan, anécdotas risueñas una vez que todo termina bien aunque angustiosas en el momento. Como siempre las mujeres de los pescadores son sufridas y se merecen todo nuestro reconocimiento, les pedimos disculpas públicamente a Julia y Adriana, nuestras esposas.

La laguna Verde nos dejó con ganas de volver, cosa que haremos lo antes posible, eso si, seremos previsores, iremos con más tiempo y reservaremos en el restaurante para pasadas las 12 de la noche.

por Héctor Gugliermo



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