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La diversión es la pesca, no la muerte del pez.
Hay una reflexión elemental que nos incluye a todos.

 

¿Qué hacemos nosotros para proteger, para cuidar, lo que tanto nos divierte y admira? ¿Cómo retenemos nuestra pasión cuando tenemos un ser vivo que vamos a matar, a sabiendas que esta especie se está acabando?

¿Qué nos llama a sentirnos bien cuando llenamos los baldes de pescado que quizás no comeremos o en el mejor de los casos regalaremos?

La conservación, el cuidado de las especies, el amor a la naturaleza, el respeto por el futuro, empieza y termina en el alma de cada pescador con caña.

Un surubí que matamos sin piedad no es diferente a un delfín que defendemos a ultranza. Un dorado de 3 kilos no es menos indefenso que un ballenato de 200 kg.

Los pescadores con caña matamos sin escuchar nuestros propios comentarios. No me diga que nunca escuchó: En el Río de la Plata, me contó mi viejo, que había dorados cada verano y algunos hasta de 15 kg.

Esquina, cada año, tiene estas quejas de sus propios guías. Ita Ibaté, para mantener esa plaza vigente, localiza los cardúmenes de surubíes y va, va, y va, paseando señuelos hasta que su cliente logra un animal hermoso que mata, y le sirve para mostrarlo como trofeo en una foto a sus amigos que lo van a envidiar.

El surubí se va a acabar, sin dudas, se va a acabar.

El delfín no se va a acabar, porque vive en aguas abiertas, tiene al océano como hábitat, no tiene enemigos en el agua y además, el ser humano lo protege. El surubí en cambio, tampoco tiene enemigos en el agua, vive en un gran río, pero sus costumbres lo hacen detenerse a cazar siempre en los mismos lugares, y sobre todas las cosas, el ser humano, nosotros, los argentinos, los matamos a mansalva.

Que nadie me diga que sacando la cuota permitida está cumpliendo con su deber, porque la vida de un pez en extinción, no importe su tamaño, no debe tener una cuota que permita su sacrificio.

El hombre debe advertir que lo que en pesca no cuide, lo perderá.

No importa el tamaño, no mate un surubí. Pésquelo, sáquese una foto y si pesa 30 kilos, devuélvalo al agua con más responsabilidad, porque es el mejor reproductor posible para la especie.

No sea cómplice de la devastación y la muerte que la "PESCA DEPORTIVA" está efectuando en nuestros ríos.

El surubí no es un delfín, pero es nuestro, y debemos protegerlo.

Las autoridades no existieron, no existen y no les importa el río ni la pesca. Depende de nosotros, de cada acción que hagamos.

Donde vayamos enseñemos a no matar, a que la diversión es la pesca y no la muerte.

por Enrique Gómez
Director editorial de la revista Panorama de Pesca



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