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Hace muchos años

Hace muchos años, salvo algunos amigos íntimos o privilegiados, nadie entraba a pescar.

 

en las estancias de Pantanito, La Picasa, Bajada Colorada y Fortin Nogueyra, todas esas tranqueras estaban cerradas y nunca escuché a nadie quejarse por eso.

El Zoológico era el único acceso al río, siempre y cuando se abonara la entrada establecida para visitar los animales. Muy pronto, su dueño, se dio cuenta que el grueso de las entradas eran abonadas para tener acceso al río y así fue como comenzó a prestarle más atención a los pescadores que a los amantes de la fauna autóctona.

Nunca dejó que alguien osara lastimar, matar y mucho menos llevarse un ciervo o un jabalí, pero nunca se le ocurrió hacer algo parecido con las truchas. Tal es así que la gran pesca comenzó a disminuir en ese único acceso, lo que lo llevó a abrir otros nuevos, siempre dentro de su campo. Ellos fueron, Los Corrales en un principio y Zoológico abajo después. Tuve oportunidad de pescar en esos lugares apenas abiertos y pude ser testigo de la excelente pesca en tamaño y cantidad y desgraciadamente, también pude ser testigo de su paulatina disminución.

Este "negocio", descubierto por el propietario pronto fue imitado por sus vecinos, lo que dio a todos los pescadores la posibilidad de por el pago de una módica suma, elegir que lugar del Limay pescar el próximo fin de semana. Desde ya que los más frecuentados eran los más recientes, lo que aseguraba, además del interés por lo desconocido, una excelente pesca. El menos visitado y hasta la actualidad el más difícil es La Picasa, ya que siempre se controló el acceso con permisos especiales. Cualquier pescador que hoy vaya a La Picasa y ofrezca a su encargado pagar por entrar, no entra, y nunca escuché a nadie quejarse por eso.

Las bondades del Limay como pesquero deportivo, no hace mucho que fueron descubiertas por la mayoría de los pescadores que hoy lo visitan, antes, era solo el paisaje chato camino a la cordillera; lo doloroso de esto es que dista mucho de ser lo que era y así y todo a muchos nuevos descubridores dejó maravillados y lo incluyeron en su lista de excursiones.

Así fue como el río, en este caso el Limay Medio, comenzó a ser de todos.

Y entre todos están los que respetan el reglamento y también los que matan y llevan todo lo posible como para salvar el viaje o llenar los frascos y los que usan redes y los furtivos que comercializan su pesca, entonces me pregunto, ¿de quién es el río en esos casos?

Y cuando las truchas pasaban flotando reventadas por los verdugos vertederos y su cómplice el GBD, y cuando los desoves son barridos, las islas borradas y los árboles arrastrados por los enormes, pero autorizados caudales me pregunto ¿de quién es el río?

Ahora, porque una estancia, que logró cierto renombre, es vendida y cierra sus tranqueras, ponemos el grito en el cielo, pero hace años también estaban cerradas sus tranqueras, entonces tenemos que llorar porque ya no podremos entrar o tenemos que agradecer porque todo este tiempo atrás pudimos hacerlo? Aunque, ciertamente, con tal alto costo para las costas y las truchas.

He visto tanta basura, tanta trucha colgada, he visto tanta desesperación por llevarse algo que hasta mi placer por la pesca ha cambiado. He estado devolviendo truchas donde otros han pasado matando y he tenido esa horrible sensación de ver mis truchas devueltas balanceándose en una bolsa.

Por todo esto y mucho más es que no pude quedarme callado esta vez.

Una estancia cambió de dueño y ahora cierra sus tranqueras. No sé si mañana las volverá a abrir, no se para quienes ni para cuantos, pero ahora que están cerradas, me da mucha pena no poder volver a esos lugares que tanto disfruté con amigos y familiares, me da mucha pena no poder volver a estudiar los cambios año tras año y jugar a imaginarme que la trucha pescada es la misma que la otra vez pero más gorda y grande. También me da pena que todos los pescadores que lo supieron disfrutar respetándolo, tampoco puedan volver pero en medio de tanta pena, un rinconcito de mi corazón está feliz porque sin importar las razones o los intereses de los responsables, ahora ese pequeño tramo del río, está cuidado.

Entonces cambio un poco de ese dolor por haberlo visto maltratado y ahora tenerlo prohibido, por la esperanza de poder volver a pescarlo alguna vez y encontrarlo sano y respetado como siempre lo soñé.

Yo soy pescador y pienso que los ríos deben ser de todos y para todos, pienso que deben hacerse estudios de impacto y de población y sacrificar cuando estos lo permiten, pienso que deben existir accesos para todos, pero, se también que somos hombres y que no pueden dejarnos entrar con sólo un reglamento en la mano.

Así como nos vigilan en la ciudad deben vigilarnos en el río y cuando no es así, dejo de pensar y comienzo a sentir y lo que hoy siento es que el río puede ser de todos solo si todos hacemos algo para merecerlo y nadie merece lo que no es capaz de cuidar.

por Juan Pablo García

 



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