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La cueva del pato negro

Dorados con mosca en Goya.

Estábamos cenando cómodamente sentados en una mesa del club náutico y... "La cueva del pato negro", fue la respuesta de nuestro guía, Javier Enrique a mi pregunta sobre el nombre del lugar donde habíamos estado pescando esa tarde con tan buenos resultados. Inmediatamente se rió y no hizo falta que agregara que acabada de inventar el nombre. Acordamos inmediatamente que era un buen nombre para darle a ese sector de los esteros del Isoró, a casi 50 km. de lancha de la localidad Correntina de Goya. A partir de allí la cueva del pato negro se convirtió en nuestro lugar de pesca favorito.  

Fueron dos días de pesca intensos y casi exactos en su desarrollo, en ambas mañanas buscamos al dorado en sectores más cercanos a Goya, riachos, canales, arroyos. Siempre con el río creciendo fuerte y sucio entonces los escasos lugares de aguas más claras eran los preferidos para intentar con nuestras moscas pero en ambas mañanas el dorado no estuvo presente.

Solo por la tarde y en las inmediaciones de "La cueva del pato negro", es decir en los esteros del río Isoró, la pesca se puso buena y la actividad de dorados y palometas concretó lo que habíamos ido a buscar.

A diferencia de la Patagonia donde prácticamente nunca utilizamos los servicios de un guía, aquí es prácticamente indispensable a menos que uno haya nacido en Goya o Esquina y se pase mucho tiempo, quizás años, recorriendo el río. Pero no solo es cuestión de conocer ese interminable ambiente poblado de deltas, arroyos, ríos, canales y esteros, también es necesario un profundo conocimiento de los peces que lo habitan y sus formas de desplazarse y alimentarse. Gracias a esos conocimientos que el guía pone a nuestra disposición es que nosotros, los pescadores deportivos, podemos pescar.

Volviendo al tema de la pesca y al relato, recién en las tardes pudimos cumplir con nuestro objetivo primario de pescar dorados con mosca. Cuando penetramos en ese hermoso lugar que tanto me hace acordar a otros esteros no menos conocidos por los pescadores, los de Iberá. La explicación de porqué solo pescamos bien en este lugar debemos buscarla casi exclusivamente en la claridad del agua, fue el único lugar de todos los que visitamos donde la creciente no lo había enturbiado.

Aquí en "la cueva" los dorados se pueden observar a simple vista, tanto en su accionar para alimentarse como para desplazarse y acechar. Ahora bien, una cosa es observarlos y otra muy distinta es pescarlos, aquí la cosa es un tanto más difícil, a pesar de que hay muchos el tentarlos no es tan sencillo. En diversas oportunidades nuestro guía nos marcaba el desplazamiento de algún dorado y nuestros tiros trataban de tener la precisión y rapidez requerida, a veces acertábamos y en algunas de esas ocasiones el dorado tomaba nuestro engaño. Algunos se escaparon y otros fueron cobrados, retratados y devueltos al agua. Vuelvo a resaltar un tema que me parece importante, hablé de precisión y rapidez a la hora de lanzar, no es sencillo con moscas muy voluminosas pero hay que tratar de lanzar al lugar exacto y en el momento oportuno, de ello depende mucho el pique, otro detalle, hay que recoger con gran velocidad, es muy importante que el dorado crea que su presa escapa velozmente, están acostumbrados a esa reacción de los forrajeros y una mojarra nadando despacio probablemente lo haga dudar.

Los equipos que utilizamos fueron líneas de hundimiento tipo teeny entre 200 y 300 grains dependiendo de la caña que cada uno utilizaba y las moscas como siempre: más bien grandes, tipo andino y deceivers, voluminosas y con cabezas con ojos de plomo para facilitar su inmersión, los colores preferidos por los dorados siempre fueron los oscuros, negro y plateado con plumas o hebras amarillas y naranjas.

Un dato adicional que creo importante mencionar es sobre hay un material sintético muy promocionado últimamente para la construcción de moscas para dorado que realmente facilita el lanzamiento, la silueta y la navegación. Está compuesto de fibras largas y viene en diversos colores, es muy bueno sin embargo tiene una contra, no resiste la dentadura de un solo dorado, ni hablar de una palometa.

Por último una nota de color y de reconocimiento para un futuro gran pescador que quiere ser guía de pesca (aunque no se que opinará su padre de ello). Me refiero a Tomás Vasser, el hijo de catorce años de mi amigo el Colo de Carhué. El primer día pescando con señuelos nos dio una lección de pesca a todos los integrantes del grupo, sobre todo a su compañero de embarcación, obtuvo tres dorados, entre ellos el más grande de la salida y un surubí de casi cinco kilos. Felicitaciones!

Héctor Gugliermo



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