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Una reina en la Patagonia

El sol alumbraba con timidez el escenario de la cordillera que, coronada por negros nubarrones presagiaba para las próximas horas...

 

por lo menos una buena nevada en la altura de sus picos y quizás también en los faldeos que sirven de marco al valle; por su parte, el viento, que galopaba alegremente agitando violentamente los pequeños bosques de ñires, dibujaba en el agua del río extraños arabescos tal como si invisibles patinadores danzaran en su superficie al compás de su ancestral capricho.

A pesar de haber recorrido la comarca mil veces, mis ojos, recién llegados de la gran ciudad luego de 26 largas horas de viaje, se comportaban como la primera vez, es decir, parecían no poder trasmitir a mi cerebro toda la magia contenida en el espectacular conjunto de formas y colores de ese paisaje que otra vez producía en mí sensaciones de vida difíciles de olvidar.

Es algo así como si mi subconsciente se negara admitir que habiendo estado alguna vez allí, hubiese sido capaz de marcharme.

La voz de Alberto, mi compañero de pesca, interrumpió mis cavilaciones volviéndome a la realidad - Mire como está modificado el cauce, no parece el mismo río -.

Efectivamente, nuevas y veloces correderas terminaban en profundos pozones que nerviosamente recostaban su parte convexa sobre la barda más alta, formando en la orilla contraria hermosos piletones con suaves corrientes que en su costura, eran toda una promesa de golosas marrones alimentándose.

Evidentemente las fuertes y continuas lluvias que la región debió soportar durante los meses de febrero, marzo y parte de abril (haciendo por momentos superar la cota hasta 3 mts) eran las responsables de los cambios que se observaban en esa parte del río.

Este nuevo panorama producía en mi interior una mezcla de temores y esperanzas por el resultado que estas variaciones (a favor o en contra) provocarían durante las jornadas de pesca.

En realidad, habíamos llegado hacía apenas unas horas al pueblo de Río Pico, entrando por su calle principal que con su acostumbrada y habitual monotonía nos despertó nuevamente esa sensación de estar en un viejo y semi abandonado pueblo del lejano oeste americano.

Las pocas viviendas ¿modernas? desaparecen casi entre muchas otras antiguas y deshabitadas, cuasi ruinas, donde resalta la rústica fachada de un viejo hotel que se recuesta perezosamente sobre uno de sus costados con la resignación del que sabe que sólo cabe esperar el final.

Nos esperaba Cacho, uno de los hijos del dueño del campo quien como una excepción desde hace años nos permite acampar en su propiedad.

Realizadas las últimas compras de provisiones y enganchado nuestro remolque al 4x4 de su propiedad, iniciamos la última etapa del viaje iniciado 24 hs. antes desde el ahora lejano Merlo en la Provincia de Bs. As.

Ya en camino bordeamos el Lago 3, que con su enorme población de peces ofrecía la hermosa visión de sus azules aguas, pareciendo saludar nuestro paso con grandes olas movidas al compás de los vientos de la cercana cordillera quién vestía para la ocasión, blancos tocados de nieve reciente que resaltaban aún mas su salvaje belleza.

El largo y tortuoso camino hasta nuestro destino desapareció de nuestra mente como por encanto, ante la vista de un cordero colgado del asador junto a las relucientes botellas distribuidas prolijamente en la larga y campera mesa preparada para la ocasión por nuestro amable anfitrión.

Masticar un capón y montar un campamento para diez personas lleva menos tiempo del que se piensa cuando todos ayudan a todo y así rápidamente nos dispusimos a descansar de la larga jornada vivida durmiendo o preparando y repasando una vez más el equipo de pesca a usar.

En eso me encontraba cuando la voz de Alberto dijo.. - Rogelio, no se anima a ir a ver como está el Pico por allá arriba?-... ¡ No! Definitivamente ¡no!.. he prometido descansar el día en que llegamos y así salir con todo a la mañana siguiente, dije con toda convicción.

Y bueno... aquí estaba yo embutido en mi equipo de pesca mirando lo que las lluvias habían hecho al río, y pensando si sería muy malo eso de no tener convicciones firmes.

Seguimos con Alberto río arriba buscando el lugar donde el río Pampa recibe los tributos del Pico en forma de tres canales y continúa desde allí bajando hacia el Pacífico adoptando el nombre de su tributario.

Una vez llegados al lugar ya bastante agotados, decidimos dirigirnos río arriba por el brazo del Pico que se acopla en último término y que posee todas las características de un tradicional chalk stream inglés.

La costa es de muy difícil acceso pero logré asomarme a través de la vegetación y.... allí estaba, hacia el centro del claro, a unos 10 metros moviéndose muy lentamente. Era una reina hamacándose en el medio de una suave corriente que le ofrecía su comida como una servil y natural cinta transportadora de alimentos.

La diferencia de altura entre mi posición y el agua me convertía en un espectador privilegiado de su corte acuática, se la veía hermosa; el timón de su cola marcaba el ritmo con que balanceaba su cuerpo, su lomo oscuro y su franja salmonada contrastaban con el brillo tornasolado que irradiaban sus escamas cuando en forma elegante giraba para tomar alguna ninfa u emergente que le ofrecía la corriente.

Cuanto pesaría...? Yo, después de una vigilia de pesca que venía desde abril calculaba mas o menos cien a ciento cincuenta kilos, que se yo.... era enorme.

Agachado como un ladrón de gallinas me desplacé hacia mi izquierda para quedar detrás de su vertical. A todo esto Alberto, que me había seguido, estaba situado por sobre mi nivel y contemplaba todo el escenario muy entusiasmado por el tamaño de su majestad-arcoiris.

Repasé mentalmente la situación de mi equipo: caña 8' ½ para linea 5 de acción progresiva (Eclipse de Scott); línea DT5 F; Polyleader Clear de hundimiento intermedio 10' de largo; tippet 5X; la mosca: mi preferida, Goddard Caddis, atada en anzuelo 16 Daiichi serie 1270.

Realmente, no quería pensar en mi tippet 5X dado el tamaño de la trucha y la cantidad de vegetación acuática, pero yo apostaba a la calidad del fluorocarbono del mismo, además, ya no tenía mas remedio que usarlo,

El primer tiro era el más problemático ya que debía sacar línea sin hacer lío. Recordé al maestro Donovan que repetía hasta el cansancio que si se domina el back cast hacia arriba muchos problemas se solucionan cuando la situación no permite por ejemplo, efectuar el primer tiro con un roll.

Cargué aire en mis pulmones y efectué un lance muy hacia arriba y bastante delante de su majestad ya que mi posición detrás y ligeramente en diagonal, me permitía apoyar la cola en el agua lejos de la visión del pez.

No bien la mosca superó la vertical de su cabeza, bajé violentamente la puntera de mi caña y la mosca se posó suavemente 1 o 2 metros delante de la trucha justo en medio de los palitos que marcaban la línea de comida......¡¡Bingo!!
Inmediatamente, sus aletas pectorales comenzaron a moverse rápidamente y mi corazón se paralizó pues era el indicio de que la mosca había sido detectada y además le interesaba.

La Goddard, arrastrada por la suave corriente se había desplazado ligeramente a la derecha, pero al instante la trucha se dirigió resueltamente hacia ella ....la enfrentó.... se le acercó.... la acompañó un trecho....¡ y se volvió a su lugar lo mas tranquila !.

No hay primera sin segunda me dije cuando recuperé la respiración; Un nuevo roll volvió a colocar la mosca casi en el mismo lugar que la primera vez, y la situación se volvió a repetir casi calcada. ¡¡ La infame despreciaba a mi preferida !!.

Albertooo, casi grité, no quiere mi mosca, ¿que tenés puesto? - una Adams 14 - contestó, tratá de tirársela a ver si la quiere, dicho y hecho: Alberto ‘trató' de colocar su mosca, pero su posición era muy difícil y el viento no dejaba que la misma tomara el lugar correcto.

A todo esto la "reina" comenzó a darse cuenta de que algo no andaba bien por allí moviéndose ahora en forma nerviosa; ya desesperado volví a colocar la Goddard en el camino de la comida, - movésela cuando pase - me susurró Alberto desde la altura como si hubiera leído mi pensamiento justo en el momento en que la mosca enfrentaba la curiosidad de la trucha; muy suavemente simulé la patinada y por fin... muy pero muy delicadamente (se ve que era toda una señora) tomó la mosca sacando parte de la cabeza fuera del agua y comenzando el cabeceo hacia abajo; afirmé suavemente la línea con la puntera de mi caña (no olvidaba el 5X) y ahora sí, todo explotó al compás de su reacción al verse atrapada y presionada por el engaño.

Buscando su salvación en la vegetación, arrancó con dos o tres corridas furiosas hacia los laterales las que a duras penas pude controlar; siguió una pausa como para tomar aliento y tras cartón, un violento rush hacia la orilla opuesta lo terminó con un espectacular salto que me paralizó por completo no dándome tiempo a nada; el reel cantaba loco de contento cuando aceleró y yo no dejaba de acordarme del 5X. De repente... giró hacia mi izquierda e inició otra desenfrenada carrera que culminó en un salto que dejó su cuerpo totalmente fuera del agua, y como si se apoyara en su cola se desplazó unos metros por la superficie como un plateado Marlín, terminando la exhibición con una zambullida que conmovió el lugar. Una vez que pude cerrar mi boca reaccioné tensando cuidadosamente la línea y con mucho cuidado la fui acercando lentamente sintiéndola ya casi entregada, era como si en ese último salto hubiese jugado todo su resto en la parada.

Lo demás es rutina, sacarla del agua desde la orilla muy alta y cubierta de vegetación, pesarla (3,200); fotos; volverla al agua, donde para la reanimación Alberto me sostuvo de los pies para que no me bañara y luego verla alejarse majestuosamente hacia las profundidades de su reino impulsada por el cadencioso y señorial movimiento de su cola. ¡¡La reina vive!! ¡¡Viva la Reina!!.

Fue el plato del día y tuve la suerte de que me tocara a mí. ¡¡¡Dios mío!!! pensar que esta era la primer jornada de una larga (¿ o corta ?) semana de principio de la temporada 2001/2002.

por Rogelio Durán




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