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Tarariras a la “Fly”

¿Quién puede sustraerse al encanto y la emoción producida por la explosión acuática ocasionada por la feroz arremetida de una Hoplias contra nuestro señuelo?

 

¿Quién no ha experimentado, ante ese ataque, una sensación difícil de explicar, mezcla de ansiedad, susto y temor a pesar de estar esperándolo ya que para eso aplicamos toda nuestra experiencia y sabiduría pesquera para dar vida al engaño y provocar así la reacción de nuestro ocasional contrincante.

A veces pienso que a partir de ese momento comienza una segunda emoción: es la pulseada entre la pericia del pescador y la desesperación de nuestra amiga que lucha por conservar su libertad y muchas veces, (desgraciadamente), también su vida.

Sinceramente si de elegir se tratara, después de no pocos años de pesca, no dudaría en inclinarme por la primera; será tal vez que ese momento sintetiza en mí todas las expectativas, ilusiones y fantasías que comienzan con la elección del señuelo, el estudio del lugar en que se presume acecha Hoplias, el logro del cast que sitúa al engaño en el punto elegido, o la expectativa final, que marcha al ritmo que le imprimimos en su desplazamiento por el agua.

Y Ud. dirá ¿y el tamaño? ; El tamaño es la anécdota, la foto, el alimento para el ego (que también son importantes) pero que en nada modifica esa primera emoción a la que me refiero; En fin, será que tal vez, en el correr del tiempo, el cómo, suele a veces tener más importancia que el qué.

De la mano de todos estos pensamientos en el principio de la pasada temporada, respondiendo a una gentil invitación y en compañía de Pablo Fatone, uno de mis antiguos alumnos (hoy ya un buen pescador de mosca), nos dirigimos hacia la laguna Vitel a un sector que administra Eduardo Tomasini, un gran conservacionista y por ende amante de la naturaleza, que dedica sus mejores esfuerzos al manejo de predios en contacto con medios acuáticos para dotarlos de confort y medios para que los pescadores deportivos puedan desarrollar su deporte favorito con absoluta tranquilidad y comodidad sin las sorpresas (robos, vandalismo etc.) tan comunes desgraciadamente en estos tiempos.

Después de recorrer cómodamente los 145 Km que separan a Merlo del Km 115 de la ruta 2, doblamos hacia la derecha por la calle que sale oblicua a la estación de servicio existente a esa altura siguiendo hasta la intercepción de la ruta 20 que lleva a la localidad de Ranchos; ya en ella y después recorrer un corto trecho llegamos al puente existente sobre el canal que une la laguna Vitel con la de Chascomús; apenas cruzado el mismo está la entrada (hacia la derecha) del predio al que nos dirigíamos. Allí nos recibió amablemente el matrimonio que tiene a su cargo el cuidado y control del lugar como así también el manejo administrativo para el alquiler de botes con y sin motor, para los amantes de la pesca de pejerrey también abundantes en la laguna.

Luego de visitar las instalaciones (casi a terminar) que ofrecerán confort y servicio a los pescadores u acampantes, seguimos por un camino secundario y luego de recorrer unos 100 metros y girar a la izquierda nos encontramos con la grata sorpresa de estar transitando con la laguna a la vista, pero a través de un gran bosque de pinos que nos recibía con ese aroma tan clásico, mezcla de resina y madera, que nos transportaba mental y automáticamente a los bosques del lejano sur.

Estacionamos en un claro bajo los pinos y mientras jurábamos que la próxima vez traeríamos la carpa para poder gozar de un par de días en el lugar, nos enfundamos los weaders, armamos las cañas, y ¡¡al agua!!

Una vez pasada la primera fila de juncos, el espejo se mostraba salpicado de plantas acuáticas con claros que invitaban a probar suerte, coloqué un popper de pelo de ciervo de color oscuro y por un buen rato lo hice pasear por todos los rincones donde podía acechar Hoplias, pero con resultado negativo.

Mirando hacia mi derecha observé una concentración de "alverjillas" que alfombraba una franja de varios metros de ancho y se recostaba contra el junco de la costa; estos lugares casi siempre me sorprendieron con grandes ejemplares, aunque muy difíciles de cobrar debido a la vegetación que subyace debajo y que es aprovechada por el pez para hacerse fuerte logrando, la mayoría de las veces, zafar del engaño que la retiene.

La técnica consiste en colocar el popper sobre la alfombra y desplazarlo en dirección al agua dando saltitos como si fuera un pequeño roedor o un "juncalero" comiendo insectos; Cuando se llega al borde de la alfombra, (si antes no lo atacan), se debe detener el señuelo un instante sobre el agua antes de comenzar a recuperarlo de la forma habitual.

Me situé a unos 10 metros directamente al frente de la "franja verde" tirado hacia el centro de la misma a fin de tener mas radio de acción, desde allí comenzó la tarea de rastrillar el sector izquierdo sin mucha suerte y con muchos enganches a pesar del protector que trae el señuelo; pasado un tiempo sin obtener ninguna respuesta me decidí a cambiar el popper por uno con cuerpo de foan y cola de marabou ( ambas de color amarillo); dos pares de patas de gomitas (rubber legs) y sobre todo un protector de enganches doble completaban el modelo. El doble protector muchas veces es el causante de que la tomada resulte fallida, pero en esta ocasión bien valía la pena correr el riesgo.

Un lance hacia mi derecha (dejando descansar el otro lado), me dejó entrever algo que me pareció un movimiento atrás del señuelo pero un poco alejado; reduje la velocidad de recuperación pero nada sucedió. Un roll sobre la parte limpia me permitió disponer de buena parte del torpedo de mi cola de ratón (una "bug taper") y así poder proyectar un back cast muy alto para dirigir el señuelo hacia abajo de manera que al dar la vuelta se posara en el sitio del movimiento haciendo algo de ruido como diciendo ¡acá estoy de nuevo! comencé la recuperación haciéndole dar dos o tres saltitos seguido de una pausa como para tomar aliento, lo avancé dos metros... tres... y nada, de repente y ya estando muy cerca del agua limpia y desde la izquierda, apareció a toda máquina un lomo que salpicaba yuyos a medida que se abalanzaba sobre mi señuelo que de repente desapareció en medio de una explosión verde. Afirmé entonces la línea levantando los brazos sabiendo que mi Scott trasmitiría fielmente y sin perder nada, toda la fuerza del movimiento. Hoplias, al sentirse prisionera, perdió la serenidad y en lugar de refugiarse bajo la alfombra, lo que le hubiera dado una mejor posición para la pelea, buscó la salvación hacia el agua clara produciendo una violenta corrida seguida por un espectacular salto y otra corrida hacia mi derecha sin darme tiempo a recuperarme, por suerte el puntero de mi noble caña absorbió el doble golpe con elegancia y la obligó a reducir la loca carrera; Lenta pero implacablemente el puntero y una buena regulación del freno la fueron cansando hasta que ya rendida, pero no entregada, me posibilitó introducirla dentro del copo (de malla cerrada para no lastimarla).

El anzuelo sin rebaba me permitió extraer el maltrecho popper de su temible boca; ya en el agua, quise moverla para que pasara agua por sus agallas y así recuperara fuerzas pero no aceptó la humillación del sometimiento y con un violento golpe de cola safó de mis manos y se alejó con orgulloso ritmo hacia la profundidad de la laguna.

Recogí mi línea y me dirigí lentamente hacia la orilla, Pablo me llamaba diciéndome que fuera, que por allá había buen pique o algo así, me senté en el pasto a la sombra de los pinos mirando el claro donde había estado, y me vino a la mente la frase de un viejo pescador que leí hace tiempo en una revista y que decía "¿Que más puede pedir un hombre que: un buen día, una buena laguna y un hermoso pez"? Yo los había tenido hacía un momento.

¿Para qué más? Hasta la próxima.

por Rogelio Durán




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