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Personajes: Jacques. A bientôt

Un ciudadano del mundo

 

Cuando me dicen "estoy tramitando la ciudadanía italiana", no tengo que preguntar para qué. Automáticamente sé que la partida de ese ser querido será inminente. Su destino: el viejo y querido continente Europeo en el 80 % de los casos. Una vez que se van puedo ver en los mapas los lugares donde viven y darme una idea de sus vidas en aquellas ciudades antiguas. Un mail, una carta, fotos, una llamada. Y extrañar. Y el consuelo de saber que están realizando sus sueños. Porque doy fe de que no es fácil dejarlo todo y partir. Yo también lo he hecho, pero hacia mi amada Patagonia.

Ahora bien, cuando a uno le dicen "deseo ser un ciudadano del mundo", ¿cómo se puede reaccionar?; ¿debemos pensar que estamos frente a un loco delirante?; ¿un idealista?; ¿quizás alguien que ya no quiere ser parte de su país de origen, o de cualquier otro país?; ¿un lunático?; ¿alguna clase de ermitaño? Porque: ¿a quién se le ocurre pensar que esa persona puede encontrar todo lo que su espíritu necesita recorriendo sin descanso los caminos del mundo? ¿quién, en su sano juicio, puede creer que la ruta es su hogar, que cada rincón del planeta es su patria, que cada extraño que cruza es su compatriota? ¡Un ciudadano del mundo!

Cómo se hace para obtener una ciudadanía? Los argentinos tenemos mucha experiencia en formularios de este tipo, especialmente en los últimos 20 años. Una realidad penosa, pero cierta. Ya en las aduanas de Europa o América del Norte, antes de sacar el pasaporte del bolsillo echamos mano a toda nuestra imaginación para sentirnos ciudadanos de este o aquel país. Pero un ciudadano del mundo es otra cosa.

Yo me topé con uno de estos personajes; y aunque duela, aquí va la historia. Y digo "duela" porque nadie nos prepara para la vida; la mayor parte del tiempo nos tropezamos con ella queriendo abarcarla; en ocasiones deseamos engullirla; a veces comprenderla. Es inútil tanto esfuerzo: ¡hay que sentirla! Sentirla en el miedo, en la alegría, en el dolor, en la ternura, en la angustia. Sentirla. Eso es todo.
Pues bien, en una pequeña gira patagónica efectuada el año pasado (en realidad no fue tan pequeña), justo cuando nuestra economía nacional hizo eclosión, nos encontrábamos con la entrañable Raine en Río Grande, Tierra del Fuego.

Fue el 14 de Diciembre de 2001 según el diario de viaje. ¿El lugar? Hotel Argentino - primer hotel de la ciudad 76 años atrás, hoy remodelado y cuidado por las amorosas manos de una de sus dueños, Graciela Abat -. ¿El personaje? Un agradable extranjero alto y delgado, muy quemado por el sol de Diciembre. Entre charla, mates, asado y vino tinto, nos vinimos a enterar que aquel extranjero era de nacionalidad francesa, y que hacía 5 años que recorría el mundo en bicicleta. Primero Asia, luego América desde Los Angeles por la costa Este.

En ese momento se dirigía a Ushuaia, donde planeaba quedarse un par de meses vendiendo diarios para recuperar el bolsillo antes de continuar su camino hacia Canadá por la joven Cordillera de Los Andes. Pronto la invitación fue un hecho: "cuando llegues a Esquel pasá por casa." Y pasó por casa en el mes de Mayo.
En los días que compartimos antes de que se subiera a un colectivo rumbo a Buenos Aires para tomar un avión hacia Francia luego de 5 años de ausencia, aprendí acerca de la libertad en otra dimensión. 

Todo comenzó con el apodo de "francés." Sólo un par de veces tuve que llamarlo así para que me confiara un anhelo que madurara a lo largo de los días y las rutas: "deseo ser un ciudadano del mundo."
¡Un ciudadano del mundo! Nada más ni nada menos que un ciudadano del mundo. "pues bien, debés trabajar para ello. Nada hay que el hombre no pueda lograr si se lo propone. ¿Acaso en todo el mundo no se hacen largas colas para obtener una ciudadanía distinta a la del país de procedencia?" Pero ciudadano del mundo.... ¡Qué atrevimiento!, pensaba yo.

Volvió a fines de Julio con sus convicciones más firmes que antes. Muy contento de haber visto a su familia, amigos, antiguos amores, pero con una ansiedad de retomar el camino que daba pena ver. "no podría volver a esa vida", decía. Y otra vez mencionó aquella loca idea de ser un ciudadano del mundo. 

Ya lo miraba yo con otros ojos. Fue puesto a prueba y se mantuvo firme en la elección realizada 5 años atrás. Este deseo de ser un ciudadano del mundo era algo serio. Y no es para menos: pudo tener una carrera de funcionario en Francia, pero luego de 9 años de trabajo rutinario decidió vivir su sueño de niño. En 1994 realizó su primer aventura recorriendo Europa a pié durante 16 meses y medio, en un total de 18.260 km. y 32 países atravesados; perdió 9 kilos y gastó 26 pares de zapatillas. Fue allí que decidió que su vida sería viajar.

En Marzo de 1997 inició "el" viaje con su fiel compañera, una bicicleta hoy pintada de distintos colores por sus compañeros de trabajo en Ushuaia, que pesa unos 80 kilos cargada, y en la que asegura, tiene todo lo necesario para vivir. Más de una vez al verlo ocuparse de sus petates recordé a aquel filósofo que se paraba en las puertas del mercado principal, y cada tanto repetía a la gente que salía con sus carros llenos: "¡cuántas cosas no necesito!" ¡Cuántas cosas no necesitamos! Pero nos atamos día a día un poco más a un número cada vez mayor de cosas para coleccionar. ¡Cuántas cosas no necesito!, dirá este ciudadano del mundo por el resto de sus días, que al momento atravesó 44 países en un total de 68.456 km.

Entre los lugares que conoció, podemos citar: Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Yugoslavia, Macedonia, Bulgaria, Rumania, Ucrania, Moldavia, Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Egipto, Yemen, Omán, Paquistán, India, Nepal, Bangladesh, Singapur, Malasia, Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, China, Corea del Sur, U.S.A., México, Cuba, Haití, República Dominicana, Guadalupe, Dominica, Martinica, Santa Lucía, Trinidad, Guyana, Surinam, Guyana Francesa, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina. Su labor para la Asociación Humanitaria ESOS Enfants sans Frontières se despliega como un bálsamo hacia los niños disminuidos y desfavorecidos del mundo. Su deseo de llevarles algo de su propio sueño es un presente inmenso que no puede ser retribuido de otra manera que no sea con amor. En un tiempo más publicará un libro de fotos cuyos beneficios serán destinados a esa Asociación. Para sí no desea otro beneficio que el de seguir recorriendo los caminos del mundo.

Según sus propias palabras: "salí el 31 de Marzo de 1997, y este periplo se transformó poco a poco en algo más que un simple viaje, una parte de mi vida en este mundo. Luego de algunos años el nomadismo se ha hecho mi modo de vivir. Encuentros, descubrimientos, emociones, miedos y alegrías son mi cotidiano." Así quería explicarme su razón de vivir. Pero la vida no puede explicarse: ¡hay que sentirla ardiendo en el alma! Y cada uno de nosotros la siente de distinta manera. Y pude sentirla en la piel de este errante cuando me contó de aquella primera noche en el desierto Sirio extrañamente diferente e inigualable a cualquier otra; creyéndose solo en la inmensa aridez de la arena desértica, se aprestaba a dormir cuando vio una pequeña luz a lo lejos; al acercarse comprobó que se trataba de una familia de Beduinos que le ofreció té, comida y un lugar para descansar. "Tuve una sensación de bienestar raramente igualada."

También supe del miedo cuando recordó el maltrato que sufrió a manos de los serbios; la muerte lo miró a los ojos aquel día. Leí en su tono de voz que la India lo había marcado profundamente entre todos los lugares conocidos, que la antigua ciudad de Petra fue un descubrimiento cautivante en pleno desierto, que el valor de una vida no se compara con nada y que no se cotiza al mismo valor en cada región de este planeta, que la calidez y la alegría de vivir de la gente no están ligadas a los bienes materiales. Aprendí a sentir la vida como él la sentía. Y supe que eso de ser un ciudadano del mundo se le ajustaba perfectamente.

En Argentina sumó el sello número 44 sobre su pasaporte varias veces sustituido en el camino por el espacio finito de sus páginas. Pero la aventura está lejos de terminar. Sus planes se extienden en el tiempo y a lo largo de los continentes por más de 15 años. Luego, ¿quién sabe? Hasta el momento planea continuar viaje desde Esquel - de donde salió el 07 de Agosto luego de descansar unos días trabajando en sus proyecciones de América Central -, hacia el norte. Pasará por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana Francesa, Brasil, Surinam, Guyana, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Salvador, Honduras, Guatemala, Belice, México, US.A., y finalmente Canadá, hasta el punto más al norte del continente accesible por ruta: Ynuvik. Este recorrido calcula que le llevará unos 5 años más, momento de regresar a Francia algún que otro mes antes de reiniciar su viaje rumbo al Continente Negro: África, por otros 5 o 6 años.

Luego... ¿Quién puede saber lo que el mañana le deparará? Los planes están. Los objetivos son claros. La decisión fue tomada aquel 31 de Marzo. Una bicicleta, algunas mudas de ropa, repuestos, agua, algo de comida seca, el Quijote de la Mancha para mejorar su español, mapas, una guía, sus cámaras, y el deseo en la mirada... La avidez de recorrer el mundo, sentir la emoción de lo que vendrá en aquel recodo del camino, o sobre el horizonte incierto; noches de soledad aviesa, frío, lluvia, calor, una casa amiga, un plato de comida, o una cama confortable. Y otra vez la ruta.

Un ciudadano del mundo. Así se siente Jacques Sirat (e-mail: jacquessirat@yahoo.fr) aunque su pasaporte indique otra cosa. ¡Y con justa razón! Renunció a todo para vivir su sueño. Se atrevió a tanto, que bien merece la ciudadanía a la que casi nadie aspira, pero por la que él lucha y sueña a diario. Personalmente no creo que sean muchos los que la reclaman, y espero que no tenga que hacer largas colas para obtenerla.

Sus objetivos: "viajar, compartir mis emociones, hacer realidad mi sueño de niño."
Y dice también: "al ritmo de mis golpes de pedal desgrano los días, las semanas, los meses y los años."
Estas son sus palabras. Esta es su vida, nacida de la necesidad primera que todo ser humano debe obedecer; un mandato imposible de ocultar tras el escritorio de la oficina.

Jacques se atrevió a soñar y descubrió que era capaz de hacer realidad ese sueño. Trabajó en pos de sus objetivos, y hoy se encuentra en la ruta nuevamente; despacio, con calma, responsable de su presente, conocedor de su pasado, esperanzado en el futuro. "Tour du monde de l´espoir", así se denomina su periplo. Espoir. Esperanza. He aquí una razón para vivir mejor. He aquí un ciudadano del mundo.
Suerte, Jacques. A bientôt.-

Texto y fotos por María Angela Maraschi 



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