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La región de Aisen

Hacía un año que la teníamos en nuestros planes. Raine, conocedora de la zona y enamorada de ella, pasó horas tratando de describirme los lugares que había visitado: la selva, los ventisqueros, los fiordos, los espejos de agua.


Así que pusimos fecha para nuestra gira de una semana: el 7 de diciembre.
Llegué a Esquel sin saber demasiado con qué me iba a encontrar, pero por suerte lo primero que encontré en el aeropuerto fue a mi amiga en su furgón quien me esperaba para iniciar el tan esperado viaje. Cruzamos por el paso fronterizo de Futaleufú y unos kilómetros después comenzó una persistente lluvia que no nos abandonaría hasta nuestro regreso. El primer tramo de camino son unos 47 km hasta toparnos con otro que va hacia el sur-este a Palena y hacia el oeste, nuestra dirección, a Villa Santa Lucía, punto donde tomamos la Carretera Austral para recorrerla hacia el sur.
Nuestra preocupación primordial era la de conseguir el permiso de pesca, lo que resultó infructuoso durante los dos primeros días, así que nos dedicamos al turismo. En el trayecto desde Futaleufú hasta La Junta, poblado que se encuentra sobre la Carretera Austral, hay innumerables ríos y lagos aptos para la pesca con mosca: el río Futaleufú, el Lago Espolón, el río Frío, el Palena (la confluencia de ambos ríos la encontramos unos kilómetros antes de llegar a La Junta y a partir de la misma comienza la XI Región o de Aisén.) Otro río importante es el Rosselot. La Junta, para que tengan una referencia, se encuentra un poco más al sur del lago Vinter, que del lado chileno se llama Palena. El río Palena de lado argentino es el Corcovado.
La XI Región de Chile se extiende entre los 43° y 49° de latitud Sur y desde los 71° de longitud Este hasta el Océano Pacífico. Su territorio es de aproximadamente 108.000 km2, su capital regional es la ciudad de Coyhaique de alrededor de 38.000 habitantes. Otras ciudades importantes son: Puerto Aisén, Puerto Chacabuco, Puerto Cisnes, Chile Chico y Cochrane. Esta región posee un sistema que comprende seis cuencas hidrográficas: Palena, Cisnes, Aisén, Baker, Bravo y Pascua, ríos que son abastecidos por numerosos lagos y lagunas.
La Carretera Austral se inició en 1976 y su segmento central se inauguró en 1983. En 1988 se habilitó hacia el norte hasta Puerto Montt y por el sur a Puerto Yungay en 1996. Es un buen camino de ripio que presenta sectores asfaltados: desde Mañihuales a El Blanco hay pavimento y antes de llegar a Villa Cerro Castillo están trabajando a gran velocidad. A veces el camino se angosta pero no presenta peligro alguno, el único tramo que no estaba bien mantenido es el que va de Puerto Tranquilo a Puerto Bertrand, esperamos que pasen la máquina de vez en cuando!
Continuando con el viaje, nuestra segunda etapa se prolongó de La Junta hasta Puerto Cisnes. En el camino encontramos el lago Risopatrón y el Parque Nacional Queulat con sus imponentes ventisqueros, cascadas y selva virgen. Nos consolamos pensando que en esa zona tiene que llover mucho, la vegetación es impenetrable, casi asfixiante. "Faltan los gorilas", exclamó Raine. Nunca vimos tantas cascadas que parecían caer de las nubes. Pasamos por Puyuhuapi, poblado que está sobre el seno Ventisquero, famoso por las alfombras y las termas y más adelante encontramos el desvío para visitar el ventisquero colgante, el cual tuvo la decencia de mostrarse libre de nubes por un rato. Volviendo a la Carretera, el camino se torna más sinuoso, pasamos por el Salto Padre García y numerosas cascadas rodeadas de helechos, líquenes y gigantescas nalcas. Finalmente llegamos al desvío a Puerto Cisnes, y bordeando el río homónimo por unos 35 km llegamos a destino, un hermoso poblado sobre el mar que es cabecera de un vasto territorio insular, con una linda costanera y barquitos de pescadores. Tratamos de indagar dónde pescar y dónde conseguir el permiso pero solo obtuvimos datos de pesca en el mar. De pesca con mosca...nada concreto.
Al día siguiente nos propusimos quemar kilómetros y llegar a Coyhaique, ciudad cabecera de la región, para cambiar plata y conseguir finalmente el permiso. Nos levantamos muy temprano, desandamos el camino para volver a la carretera y emprendimos el viaje hacia la capital regional. El río Cisnes nos siguió acompañando por un rato, nos detuvimos a sacarle fotos a la Piedra del Gato y pasando Villa Amengual nos encontramos con el lago Las Torres, (está casi a la altura de nuestros lagos Fontana y La Plata así que el límite con la Argentina en ese tramo de la carretera está muy cerca), la laguna Aguirre Cerda y entramos al Valle del Río Mañihuales. Y aquí vamos a mencionar un hecho de la historia de esta región que nos congela el alma: por muchos años toda la región había sido explotada por grandes sociedades ganaderas, pero en 1937 se promulgó la Ley de Colonización por medio de la cual se entregarían tierras a los colonos con la condición de que estuvieran limpias. Fue por ello que se produjo un enorme desastre ecológico ya que la única manera que encontraron los futuros pobladores para limpiar los terrenos fue mediante el fuego. Hacia 1940 empezó una serie de gigantescos incendios que duraron años. Hoy en día se pueden ver los troncos todavía en pie como un testimonio de algo que nos cuesta imaginar...
Pasando el poblado de Mañihuales nos encontramos con el bendito asfalto, la ruta se dirige al sur-oeste y unos 20 km antes de llegar a la ciudad de Aisén, tomamos hacia la izquierda el camino también pavimentado que va a Coyhaique (rumbo sur este) y en todo este tramo nos acompañaría el Río Simpson...y la lluvia. Cuando vi este río me imaginé que sería un paraíso para las truchas aunque el camino pasa tan cerca que cabe pensar que acceder a él debe ser algo muy popular aunque no vi a nadie pescando. De todos modos parece ser un muy buen río truchero, aunque me quedé con las ganas de hacerle unos tiros.
Llegamos a la Gran Ciudad dispuestas a embebernos de mucha información mosquera, con Raine habíamos tomado nota de agencias de viaje que promocionaban salidas de pesca, indumentaria deportiva, en resumen, el paraíso en la tierra...pero no, apenas el purgatorio, el tan mentado lugar era un taller mecánico, y el hijo del dueño era el que había montado un circo sin tener nada de lo que prometía, qué manera de gastar en publicidad el muchacho!. De todos modos encontramos por fin el lugar para comprar el permiso, un Fly Shop muy completo, donde a pesar de no tener mucha idea de pesca dieron en la tecla al conseguirnos un alojamiento sobre el Lago General Carrera dónde al fin podríamos pescar.
El permiso es anual, cuesta unos U$ 12 ( 1 dólar equivale aproximadamente a 560 pesos chilenos) y sirve tanto para ríos, lagos y el mar, y no presenta un reglamento específico para cada lugar. Desde el límite norte de la región hasta el lago Las Torres incluido, la temporada de pesca comienza el 2° viernes de noviembre hasta el 1° domingo de mayo, y desde ahí hasta el límite sur de la región desde el 2° viernes de octubre al 1° domingo de abril. En los lagos General Carrera, Cochrane y O´Higgins se puede pescar todo el año (toda esta información la obtuvimos del SERNATUR, el Servicio Nacional de Turismo, vale la pena visitarlos ya que son muy amables y disponen de toda la información necesaria sobre alojamientos, gastronomía, lista de precios, mapas, folletos, etc.)
En Coyhaique aprovechamos para usar el cajero automático ya que más al sur se iba a poner difícil la cosa y no teníamos garantía de que aceptaran dólares, almorzamos, y munidas del permiso se nos ocurrió pasar a hacerle unos tiros al Simpson. No les puedo explicar la lluvia que se largó, no se veía a un metro, así que seguimos de largo, visitamos la ciudad de Aisén, Puerto Chacabuco y volvimos a Coyhaique. Sin pescar para variar.
El siguiente día era domingo, y debe ser muy deprimente quedarse en una ciudad donde todo está cerrado, así que a pesar del diluvio universal, seguimos nuestro camino. Nos habían advertido que más al sur el clima era menos lluvioso, la XI Región presenta tres áreas diferenciadas: la del litoral e insular (Aisén), con más de 3000 mm de lluvia anual (constatado!); la intermedia o de transición (Coyhaique), con 950 mm, y la pampa de coironales o estepa (Balmaceda), con 500 mm. Así que no llovió tanto pero se las arregló para seguir molestando.
En este tramo de carretera siguen visibles las consecuencias del incendio, hay campos limpios, otros en vía de limpiarse aunque eso implica años hasta que los troncos se caen, se logran sacar las raíces, se arman los cuadros con los troncos caídos, etc. Por la zona encontramos los lagos Elizalde, Caro, La Paloma, Atravesado, Castor, Pólux, Frío, y parece que todos merecen un desvío, nosotros nos mantuvimos en la carretera la cual pasa por el Portezuelo Ibáñez. En el tramo desde El Blanco hasta Villa Cerro Castillo están trabajando en la pavimentación de la carretera. El sol nos jugó una buena pasada y nos fue posible apreciar el Cerro Castillo en todo su esplendor, las magníficas vistas sobre el valle del río Ibáñez, la laguna Verde que contrastaba con las turbias aguas del río, y de vuelta la lluvia. En un momento dado la carretera parecía asfaltada: era la ceniza volcánica compactada que regaló el Hudson allá por 1991, todavía se pueden ver los antiguos alambrados que asoman entre la capa de cenizas. Finalmente y luego de perder al Ibáñez de vista, llegamos al valle del Río Murta (también venía muy turbio) y nos desviamos para visitar Puerto Murta y obtener el primer contacto con el Lago General Carrera. Es binacional y tiene una superficie aproximada de 184.000 has, 98.000 son chilenas y 85.000 argentinas, donde el lago se llama Buenos Aires. Es el segundo lago más grande de Sudamérica y lo descubrió el geógrafo argentino Carlos Moyano en 1880. El color turquesa del lago no es un mito, es hipnótico.
Salimos del pueblito, y visto que no había combustible (al gas-oil lo llaman petróleo y a la nafta, bencina), ni lugar abierto para comer (domingo 2 P.M.), continuamos a Puerto Tranquilo bordeando el brazo poniente del lago, por terrenos de transición entre el bosque caducifolio y la estepa de la pampa patagónica, con pequeñas bahías que forman playas.
Una vez en Puerto Tranquilo preguntamos si había posibilidades de hacer la excursión a la Catedral de Mármol, una península de mármol macizo, socavada por el agua del lago, con cuevas y formaciones caprichosas dignas de verse. Enseguida nos contactamos con César, quién nos llevó en su vehículo hasta una bahía donde tiene su lancha y a pesar del mal tiempo y el viento desde este lugar se puede salir sin problemas, el espectáculo vale la pena con creces, se navega y hasta se puede caminar entre paredes brillantes de mármol pulidas por el agua mientras observamos el color turquesa de las aguas que iluminan las estructuras denominadas la capilla, la catedral y las cuevas. El viaje duró con transporte terrestre incluido unos 45 minutos, así que a la vuelta, una vez en la hostería y luego de un reparador café, fuimos a explorar algunos kilómetros de un camino que sale del pueblo y que se está abriendo para llegar por tierra al Glaciar San Rafael (falta menos de la mitad). Nosotras llegamos hasta el lago Tranquilo y ahí dimos la vuelta, pero no aguanté más: había un río que salía del lago que supongo era el Río Tranquilo, armé la caña y me puse revolear una mosquita seca. Las truchas eran llaveritos y de los chicos pero la voracidad con la que tomaban era una delicia, así que en un ratito saqué unas nueve y opté por dejarlas en paz. Yo ya estaba en paz, al menos por un rato.
El siguiente día fue de poco andar en auto y decidimos quedarnos en la zona unos tres días y emprender el viaje de vuelta por Chile Chico - Los Antiguos. De Puerto Tranquilo nos fuimos bordeando el lago, el camino cruza el desagüe del Lago General Carrera, del cual sale un río corto que lo une al Lago Bertrand. El lugar es un sueño y la verdad cuando pasamos con Raine pensamos que sería lindo quedarnos por ahí, pero ya teníamos reservadas unas cabañas en Puerto Bertrand. Seguimos hasta el cruce El Maitén donde nos desviamos a Puerto Guadal y cargamos petróleo. Nuestra meta era encontrar unas cabañas donde teníamos reserva hecha desde el Fly Shop de Coyhaique, y ahí nos habían dicho que se encontraban en Puerto Bertrand, el cual se encuentra a unos 17 km del cruce El Maitén, y es un buen lugar para tomar como referencia ya que de ahí salen excursiones de pesca, rafting, cabalgatas, etc. Y lo mejor que tiene es que a unos pocos metros de ahí nace el impresionante Río Baker.
Preguntamos por las cabañas y por Pedro, el encargado y ahí nos dijeron que esas cabañas estaban sobre el desagüe del Lago, que nos habíamos pasado, además nos habían dado mal el nombre, y los del Fly Shop son los dueños de las cabañas y los empleados no sabían dónde quedaban, ni el nombre!!!, eso si, son muy amables. Así que volvimos para atrás y justamente eran las cabañas que tanto nos habían gustado a la ida!!!. Ahora si, me dije, me voy a pescar. Y así fue. Me llevaron en bote frente a la hostería para tirar en el desagüe y salieron en un rato tres arco iris de tamaño normal. Tiré con mi caña #5, shooting IV y cuando pregunté qué mosca tenía que usar, la respuesta fue obvia: woolly bugger negra, oliva, blanca y marrón. Chocolate por la noticia. Igual usé una blanca y en realidad cualquier streamer de nuestros favoritos funciona.
El segundo día de estadía en ese maravilloso lugar nos llevó a Raine y a mi de la mano de nuestro guía, Pedro Contreras Monje, a pescar todos los arroyitos que caen de las laderas al lago Bertrand. Pueden creer que llovió todo el día?, la pesca fue buena, Raine sacó una Arco Iris bastante pesadita, diría que de unos dos kilos viéndola en foto. Yo saqué tres Arco Iris a la mañana con streamers varios negros y shooting y a la tarde dos Arco Iris más (la última muy linda) y dos percas. Pero no todo fue pesca, conocimos un matrimonio muy simpático amigo de Pedro, tienen una casa en el lago, viven solos y para salir de ahí solo lo pueden hacer a caballo o en bote. La casa era de una pulcritud y una calidez notables, Pedro cocinó y nosotras conversamos con Germán y Gregoria a quienes ya consideramos como nuestros amigos.
El tercer día en la zona amaneció con un sol espléndido, salí como un resorte de mi cama sin fijarme la hora (nos habíamos acostado tarde ya que había habido cantos y mateada la noche anterior y nos costó hacerle entender a un inglés que estaba allí con su flamante esposa que el mate no se revuelve y que hay que pasarlo y no dejarlo sobre la mesa para que se enfríe!), así que después de gatillar un rollo entero, partimos con Pedro, la comida, las cañas, el bronceador, los anteojos de sol, el repelente, las sillitas y todos los petates a pescar al Río Baker. Es bellísimo, con aguas de color turquesa, venía límpido y lo encaré con respeto como para hacernos amigos. En la primera parada no vi ni una trucha, había mucha transparencia, no obtuve pieza alguna y nos movimos unos kilómetros más allá, se accede por la casa de un poblador conocido de Pedro pero aparentemente si se le pide permiso, se puede acceder sin problemas. Mientras Pedro hacía la comida, yo encontré un remanso en el río flanqueado por una corriente muy fuerte que hacía que la línea tomara rumbos extraños, así que luego de posicionar la línea en varios lugares obtuve una linda Arco Iris de la cual no queda testimonio, aunque si de la segunda, más linda aún. Me llamaron a comer, habíamos pescado solo una hora en total y cuando me dirigía al campamento, vi todo blanco, otra vez el diluvio!!!. Después de comer, fuimos a Puerto Bertrand a esperar a que parara en algún lugar seco, así que terminamos conociendo a todo el pueblo, en un lugar tomamos mate, en otro café y en el último lugar, pisco. Nada mal.
Como el tiempo tenía ganas de seguir en estas condiciones y llovió toda la noche, decidimos seguir con el plan de emprender el regreso por el camino a Chile Chico, el cual bordea en su totalidad la margen sur del Lago General Carrera. Nos despedimos de Pedro y le prometimos volver para seguir más al sur y llegar hasta Villa O´Higgins en un futuro viaje y emprendimos el viaje de 122 km desde el cruce El Maitén hacia el este hasta Chile Chico, punto que marca la frontera con la Argentina. Del otro lado se encuentra el pueblo de Los Antiguos. El camino es angosto en algunos tramos, las vistas sobre el lago son impresionantes y si se maneja con precaución, se puede disfrutar de un paseo inolvidable. Llegamos a destino, cruzamos la frontera sin ningún inconveniente y como era temprano fuimos hasta el pueblo de Perito Moreno donde hicimos noche. Desde aquí parten excursiones al Cañadón del Río Pinturas y las Cuevas de las Manos. El día viernes tomamos la ruta 40 de ripio que encontramos a unos kilómetros saliendo de Perito Moreno y después de 120 km llegamos de nuevo al asfalto en Río Mayo. De ahí cruzamos el Río Senguerr y tomamos la ruta 20 hasta Gobernador Costa y de ahí a Tecka. En lugar de seguir por asfalto desde Tecka a Trevelin, tomamos el ripio hacia Corcovado y de ahí si nos fuimos a casa de Raine, ubicada a 9 km de Trevelin donde llegamos como a las 7 P.M.
Haciendo un balance del viaje, nos atrevemos a marcarles algunos puntos para tener en cuenta según nuestra modesta experiencia, este reporte es solamente un relato de viaje y no pretende ser más que esto, si a alguien le sirve como referencia, pues nos alegramos mucho y si necesitan saber algo más no duden en comunicarse con nosotras. Como les decía, los puntos a tomar en cuenta según nuestra experiencia.
- Antes de viajar cambié pesos chilenos en Buenos Aires, eso fue muy acertado porque hasta Coyhaique no hay ni casas de cambio ni cajeros.
- En la frontera pasamos muy rápido, para facilitar las cosas ya teníamos anotadas todas las cosas que nos parecían importantes para declarar (cámaras de foto, celulares, equipo de pesca, etc.) y nada de comida que pudiera causar problemas.
- Llevamos una buena guía como es la Turistel, pero siempre obtuvimos información preguntando, la gente es muy amable pero no pretenda que le digan lo que pasa a más de 20 km del lugar dónde viven, disfrute cada metro del camino y no se adelante que todo llega.
- Con el tema alojamiento no hay términos medios en general, hay hostales muy lindos, con o sin baño privado a precios más que razonables, pida que le muestren la habitación. Los precios en temporada baja son módicos, enero y febrero suben bastante y además hay demasiada gente. Cuidado en Coyhaique, fue el lugar donde el alojamiento dejó mucho que desear y eso les pasó a varios. En las zonas claves de pesca hay cabañas, si el grupo de persona es de al menos cuatro se justifica alquilar una, también hay lodge de pesca hermosos, claro que bastante caros en general aunque en baja temporada se pueden encontrar con gratas sorpresas. No cuesta nada bajarse, visitar el lugar y pedir precios, a veces lo que parece caro no lo es tanto.
- El permiso de pesca: nos contaba Pedro que una vez corrió a un inspector para mostrarle el permiso que jamás le habían pedido!, naturalmente a ninguno de nosotros se nos ocurriría pescar sin él así que aunque nadie lo quiera ver, quedará para nosotros con la satisfacción de saber que estamos en regla. Si no es feriado y los horarios lo permiten, además de conseguirlo en el Fly Shop de Coyhaique se supone que se adquiere en todas las Municipalidades de los pueblos y en el Sernap (Servicio Nacional de Pesca), en Aisén.
- Los caminos en general son buenos pero con la lluvia y el tránsito de camiones había mucho serrucho en algunos tramos en el sur, además hay que tener paciencia porque las obras de pavimentación siempre producen algunas demoras. Ser precavidos nunca está de más, piensen que están paseando y que cada metro del camino vale la pena.
- Carguen combustible siempre que puedan para no encontrarse con sorpresas desagradables.
Por nuestra parte, pensamos volver, nos quedó mucho por explorar, muchos ríos por pescar, mucha gente por conocer. Es una tierra hermosa que esperemos sepan cuidar, hay conciencia de que el turismo es muy valioso pero nos parece que todavía no se dieron cuenta de que la clave está en preservar el recurso, no hay controles y el catch and release no parece estar muy arraigado. Ojalá se den cuenta a tiempo.

Raine Golab y Silvia Bergamasco



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