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Ecología, ética y buenos modales 

De acuerdo al comportamiento que exhiben frente al río, para con los demás pescadores y la naturaleza que los rodea, se pueden distinguir cuatro “especies” distintas de mosqueros:

 

el saca pescados,
el mata pescados,
el que llamaríamos ecológico
y por último el científico.

Al primero lo distinguimos fácilmente por que es el más ansioso, el primero que entra al agua (aunque haya que empujar a alguien en el camino). Es el que en el auto ya va preparando el líder, o se está poniendo las medias como para sacar una ventajita. Es el que conoce todos los lugares, el que se ofrece siempre a manejar (una manera de asegurarse de llegar al sitio que él prefiere). Es el que no tolera que saquen un pescado más que él y es capaz de demorar a todos a última hora con tal de sacar un pescado más, utilizando la excusa de que sintió un "toquecito". Y el que estando en el río no permite que lo pasen adelante, para ser siempre el primero en poner la mosca en cualquier lugar. 

Si engancha a un pez grita, silva o se ríe a carcajadas para que todos lo noten. A él no le vengan con minucias si total a las truchas grandes le gustan los bocados grandes y castiga al río o al lago sin piedad. Para él lo que importa es ganarle a todos.

¿Lo reconocen? Si se sienten tocados, no me miren a mí, yo sólo me limito a describir los síntomas. 

Al segundo también es fácil de identificar, para él cualquier pretexto es bueno con tal de llevarse los pescados a casa... al hotel o a la hostería y cuantos más mejor. Por que él es un showman le gusta exhibirse y que le alaben su habilidad piscatoria.

Sus excusas son generalmente: "mañana es el cumpleaños de mi mujer", o "los muchachos de la hostería me pidieron que les lleve pescado" o la más común de todas "le pinché la agalla y tuve que sacrificarlo, sangraba mucho el pobrecito". 

Volver a casa con las manos vacías y soportar las cargadas de los demás ¡ Eso nunca ! A éste también lo reconocen ¿verdad?.

El pescador ecológico es un tipo más tranquilo, él disfruta de la pesca pero se detiene a contemplar todo lo que lo rodea, no le importa si son peces chicos o grandes para él lo importante es estar allí pero sin que se note su presencia. No le gusta dejar sus rastros por que sabe que ese no es su lugar, que está de paso, que toda esa belleza es prestada y es de todos. Si no puede llevársela cuando se vaya de éste mundo ¡ para que mancillarla ! 

Es el que si acampa no deja papeles, ni desperdicios, ni bolsas de polietileno desparramadas, es cortés, prolijo y capaz de compartir con todos sus moscas y pertenencias y además devuelve todos sus pescados con cuidado, como debe ser.

Es el compañero ideal para una escapada de pesca porque no es ruidoso ni fanfarrón. Está siempre ahí para dar una mano o es el primero en consolarte cuando se te escapó "el" pescado. Todo el placer que experimenta en la pesca radica en tener un pez en el extremo de la línea, una vez que se rinde no hay motivo para retenerlo. 

En cambio el pescador científico no sólo va al río o al lago a pescar, sino que va a observar a los peces comer, el lugar donde se reparan, o simplemente para tratar de determinar cual sería el mejor lugar donde bañar una mosca. 

A menuda lo vemos caminando a lo largo de la costa, o sentado al borde del agua, o bien metido en ella hasta las rodillas con una pequeña red de mano tratando de recolectar insectos, hasta sumergiendo un termómetro para registrar la temperatura superficial del líquido. 

En otras ocasiones, podemos observar que parado desde lo más alto de la orilla, con los binoculares a la altura de sus ojos está tratando de localizar a los peces o los lugares de actividad que, desde luego, más tarde escrutará de mucho más cerca para determinar con precisión aquello que están comiendo. 

Es entonces cuando sin ningún apuro armará su caña, abrirá su caja de moscas elegirá una, hará uno o dos casts al lugar elegido y...¡Bum! ¡fish on! Después de devolverlo al agua, con toda delicadeza, la mayoría de las veces la historia termina allí, porque él no fue a sacar pescados, fue a sacar ése pescado y a disfrutar de todos los preparativos previos. 

En realidad, pensándolo bien, habría que considerar la existencia de una especie más, es la de aquél que si bien equipado y vestido impecablemente se mete en el río y lanza continuamente pero sin mucha convicción. Tal vez por que la respuesta deba buscarse en el echo de que su mayor preocupación no son los peces sino el asadito que hay que preparar dentro de un rato.

Después del cual, unos buenos tragos de vino y la siestita consabida, apoya la caña en un árbol y se dedica a charlar con los que van llegando. Es servicial y extremadamente sociable pero no estoy seguro de poder encajar la especie entre los pescadores. Para él lo más importante es compartir una comida y una charla con los amigos que seguir pescando.

Creo innecesario tener que decir que la división que hemos realizado no dispone de compartimentos estancos, que la mayoría de nosotros nos vemos reflejados en todos esos espejos con mayor o menor intensidad, pero habrá uno que lo haga con gran fidelidad, es el que nos devuelve la imagen de nuestro propio paradigma.

Ahora que los conoce, elegir a quien parecerse es su decisión pero, por favor, asegúrese de no molestar a los demás, cuidar el medio ambiente, no sacrificar peces innecesariamente y respetar los reglamentos.

 Armando Maubré
 Autor de “La Magia de Pescar con Mosca”
 



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