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Pesca e instinto

La pesca con mosca dignifica al pescador, sólo si éste reconoce el fundamento instintivo de su práctica.

 

Después de asistir a un curso de atado de moscas, Esteban, Marcelo, José y yo decidimos quedarnos a comer un asado; típico hábito mosquero. El frío era intenso, lloviznaba y mi esposa Marta me esperaba tarde, ¡estaba seguro, tendríamos una noche muy larga por delante!

El sabor de la carne fue calmando nuestro apetito de a poco y dos botellas de vino tinto, Colección Privada de Navarro, ¡delicioso!, fueron completando momentos muy particulares. La conversación giraba de pesca a comidas, de mujeres a política, matizándose con cuentos que arrancaron risas y carcajadas.

Algunos afirman que la pesca con mosca es una actividad solitaria. Estoy parcialmente de acuerdo con ello. Estamos solos cuando intentamos capturar al pez, el resto del tiempo lo compartimos en grupo, aprendiendo, investigando o simplemente sentados alrededor de una mesa.

El café estaba servido, y el aroma invitaba a tomarlo, de pronto, surgió la pregunta inteligente de Esteban que dio pié para estirar la noche; ¿Ustedes saben por qué pescamos? Y nos fue observando atentamente, con la intención de obtener una respuesta.

El interrogante cayó como una bomba de tiempo. Al principio todos pensamos que se había embriagado, pero nuevamente insistió. José respondió apresuradamente ¡qué se yo!, ¡me gusta!, su expresión mostraba una mueca de desinterés o intrascendencia, con encogimiento de hombros incluido. Marcelo en cambio, comentó que le complacía estar cerca del agua estudiando sus movimientos, como un imán que lo atrae y hechiza. ¿Quizás tenga algo de encantamiento? O percibir la exacta dimensión humana, inmerso en un ambiente natural formidable.

Esperaba mi turno y recordaba el episodio mantenido días atrás con mi hija Erika. Ella realizó una pregunta similar, y antes que intentara contestarle me fulminó con su mirada. Con profundo desprecio dijo: ¿cómo puede gustarte herir una trucha, para después soltarla y sentir alegría con ello?. Quedé helado, no supe que decir; balbuceaba interiormente sin encontrar la respuesta. Apenas brotaban expresiones comunes (¡cómo me venís con eso!, ¡no sé!, ¡que se yo!, ¡no me importa!, ¡practico la pesca deportiva....!). Menos mal que ideas y conceptos fueron apareciendo poco a poco, y así conseguí elaborar mi argumento de réplica.

Le recordé que en los jardines de casa hay unas hormigas negras con el abdomen blanco, que constantemente suben y bajan por los tallos y ramas de las plantas. Si observaras con atención, en las puntas de los retoños, verás que mantienen y vigilan unos piojos de color verde. ¿Sabes para qué?. ¡Para comérselos! Con los humanos sucede algo parecido, sólo nos alimentamos de seres vivos. Criamos vacas, corderos, gallinas o peces y cultivamos gran variedad de vegetales. Todos ellos nutren el organismo y otorgan la energía necesaria para vivir.

Cuando chico, hace ya unos años atrás, vivía en los suburbios de la Capital Federal, y los domingos era habitual reunirnos con la familia y sacrificar algún bicho. Teníamos contacto con la sangre, su olor y los chillidos del animal. Ahora es distinto, en los supermercados hay hamburguesas, salchichas u otros alimentos envasados al vacío y envueltos en PVC. Pareciera que compramos y comemos plástico. Erika, te pregunto: ¿quién hace el trabajo desagradable de matar?. Seguramente otras personas, lejos de la ciudad. No los ves pero existen, a todos ellos les pagamos al comprar el producto y le delegamos la tarea de eliminar sobre sus hombros. ¿Es posible que debamos ignorar el hecho?

Siento que pesco por un impulso atávico, proviene de mis antepasados y congéneres, sigo manteniendo vivo internamente el instinto de procurarme el alimento. A veces me pregunto acerca del instinto, pienso en mis padres...!, voy mucho más atrás y dudo. Supongo que algo o alguien me lo transmitió, está dentro mío, ¿quitármelo sería educarme? ¿Quién soy yo para hacerlo? En los tiempos actuales es innecesario, ¿más adelante, quién lo sabe? No quiero ser egoísta y prefiero transmitir a la próxima generación lo que me fue legado.

Aclarado este punto fui de lleno al corazón de la cuestión. Hay verdades desagradables al oído humano y son rechazadas por el medio que frecuentamos. Generalmente, se las disfraza con palabras, al sólo efecto de esconderlas. De todas maneras estoy convencido, la verdad siempre está presente, sólo hay que aprender a ver. Nadie está obligado a descubrirla, prefiero convivir con la verdad antes que ignorar su existencia, de lo contrario terminaría engañándome a mí mismo.

Para Erika era suficiente, dijo ¡chau pa, cortala! y se despidió con un beso.

Llegó mi turno y relaté lo conversado con Erika, agregando con énfasis: Soy un predador. Estudio a mi presa, la observo, veo que come y dónde se halla. Avanzo sigiloso, agazapado como un felino y le presento la mosca. Es un momento muy especial, la tensión del cuerpo, la mirada fija en el agua y de pronto ¡...! el pez acepta el engaño y una especie de electricidad me invade, siento estremecimientos, la adrenalina corre por los vasos sanguíneos como a punto de estallar. La lucha del pez es brutal, nada velozmente, salta varias veces contorneándose en el aire, busca protección en el fondo, refregando su boca contra las piedras y tratando de soltarse. En ocasiones logra hacerlo pero no esta vez. Todo el equipo está preparado hasta en los más mínimos detalles y poco a poco va cediendo, hasta tenerla en las manos. Momento de satisfacción, relajamiento, fotos y también la decisión final de suelta o sacrificio.

Quiero reflexionar un poco sobre el último punto. La trucha es un pez vigoroso y bello además de astuto y rápido, convirtiéndose en presa codiciada para todo pescador de mosca. Muchos opinan que no se deben matar, los respeto. Siempre recuerdo las palabras que me dijera Diego Flores, un excelente guía patagónico "El único ser capaz de depredar masivamente es el hombre, incluyéndose a si mismo, y está obligado a auto regularse para restringir su ilimitada capacidad predadora". Inmejorable razón que invita a restituir el pez al agua. Generalmente devuelvo la gran mayoría de las truchas que capturo, y las pocas que sacrifico, en el mejor de los casos una o dos al año, no me generan culpa alguna.

Otros hablan de pesca deportiva, ¿puede ser llamada así? El término se justifica cuando dos o más pescadores aceptan competir entre sí para obtener un trofeo, (mayor tamaño o cantidad). ¿Puede denominarse de la misma manera la lucha entre el pescador y el pez? Este último es un participante obligado y no disfruta de la contienda.

El famoso oceanógrafo francés Jacques Cousteau aclaró lo siguiente: "El pescador con mosca es perverso, que la captura y devolución es una de las tantas deformidades a la que nos tiene acostumbrado la edad moderna". Estoy de acuerdo con él, ¿Cómo es posible amar y adorar tanto al pez para después herirlo con un anzuelo, juguetear con su vida llevándolo casi al borde de la muerte, y más tarde ir vanagloriándose por devolverlo al agua?

Todo aquél que realmente ama al pez, (no la palabra amor sino el sentimiento) no puede desarrollar ninguna actividad predadora, tendría que conformarse con admirar y disfrutar el ambiente natural que lo contiene. Opino que la práctica de la pesca sólo tiene sentido, si es acompañada por esa fuerza interior que algunos tenemos y llamamos instinto.

Había sido tan interesante el tema que todos escucharon en silencio y así permanecieron por un rato hasta que Esteban volvió a preguntar con acierto: ¿Pescamos sólo por instinto? Es evidente que no, contesté, necesitamos de la esencia y su complemento, las personas nos diferenciamos del reino animal por la capacidad de coexistir entre la razón (lógica) y la imaginación (mágico).

Como dice Mel Krieger: "En cada uno de nosotros puede estar escondido un poeta". Es verdad, somos artistas capaces de volar con sueños e ilusiones y conmovernos profundamente; podemos llorar, sentir compasión, amar intensamente y rodearnos de afecto. Gustamos hablar de ello, nos diferencia y distingue de otros seres, en cambio el instinto está escondido y casi nadie lo menciona. ¿Pertenece a la naturaleza humana?. ¿Será pecado?

Terminé aclarando que lo dicho son conceptos que quiero transmitir. Es una puerta abierta para escuchar otras interpretaciones.

Se hizo muy tarde, apuramos un trago y nos despedimos. Al otro día Esteban y Marcelo llamaron por teléfono diciéndome que les había costado mucho dormirse pensando en la conversación mantenida anoche. Me sorprendieron con un ¡gracias!, ¡ahora sé porqué pesco, devuelvo o sacrifico!.

José no llamó.

por Bronislao Mech



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