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Mi primera gran captura

Temporada del 97, me iniciaba en esto del fly. Entusiasmo, ansiedad, fanatismo y no se cuantas cosas más; yo vivía, pensaba y soñaba con pescar.

 

Debía aprovechar cada minuto libre para dedicarle a esta nueva actividad. Don Raúl mi paciente maestro, trataba a través de sus relatos calmar mis delirios, pero solo los incrementaba.

Fue así que un día me invitó a conocer un lugar, aquella estancia de Rincón de los Morros, cerca de Río Turbio, en familia, con toda mi "prole" y un buen croquis del río, donde los pozones estaban bien diferenciados (esos mapitas que tan bien hace este amigo mosquero).

Corría febrero, llegamos a destino, baje del auto y sigilosamente me acerque al río, lo que vi me estremeció, muy cerca tres truchas (por encima de los 3kg) estaban juntas y quietas como si nadie las viera. Las vi yo, retrocedí y mientras mi familia toda bajaba los trastos del vehiculo, como buena egoísta me cambie, arme mi caña y salí.

El día era soleado pero muy caluroso (como nunca), esa tarde no pesqué ni un resfrío, domé leones todo el tiempo.

Frustrada y muy desilusionada terminé la jornada cenando frente al fuego, los chicos cansados de juguetear y correr se ubicaban en la carpa, yo ahí, firme como una estaca.

Al otro día, que no era de día precisamente, me arropé en silencio evitando despertar a la indiada, salté el alambrado disfrutando del rocío y llegué al río. No se como lo iba hacer pero no podía irme sin clavar algo, yo no entendía mucho de doble haul, ni de roll cast (ahora tampoco) sólo debía recordar esas clases y tratar que mi mosca llegue a destino de la mejor manera, práctica, práctica, de eso se trata.

Caminé hasta el primer lugar que me gustó, el viento comenzó a soplar y no me permitió enfrentar al pozón de la manera correcta, lo hice por el otro lado, a unos metros de la orilla comencé a castear en cuclillas.

Fue así como vi una marrón gigante que se movía fuera del agua como si fuera un delfín, me hubiese gustado ver mi rostro en ese instante! apunté y moví mi wooly worm, el sacudón fue increíble.

No sabía que hacer, nunca nada grande, ahí estaba yo, ella me llevaba donde quería, trataba de no forzar la caña que le había quitado a mi marido, entonces preferí correr de un lado a otro, manteniendo la tensión como podía. Bajé al río, quería cansarla ¡que ironía!; preferí traerla hacia mí por una corredera muy fuerte, así lo hice sin pensar que la trucha pasaría tan cerca.

Me caí y al levantarme la vi, por el reflejo del sol, en el fondo de un pozo lleno de matas, la aleta caudal era casi de 20cm, era marrón y muy hermosa. Mojada hasta la cabeza, exhausta, mirando la caña doblarse, tuve tiempo de pensar y ahí el líder voló por el aire.

Mi primera gran trucha se había ido, lloré de impotencia en medio de la estepa, pero hoy disfruto ese momento con sólo recordarlo. Pasó el tiempo, tengo varias luchas pero como aquella, ninguna...

por Silvia Gentile



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