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La luna, el sol, tres estrellas y un pez

No veía la hora de desprenderme de todo el encaje, el nunca parecía estar siempre, solo deseaba terminar la jornada del viernes…

 

Estaba todo listo, el día era de mucho calor. Raine y Nelly desde hacia rato nos esperaban.

Cargamos las cosas al Jeep... el taca, taca, del motor gasolero lo escuchaba antes de girar su llave de encendido...El también quería partir...

En ruta y con destino a disfrutar de..., en ese entonces una desconocida aventura, las chicas, Raine, Nelly y Piny (mi señora) cotorreaban, reían, a una velocidad tan rápida y pareja de 100 km, como marcaba el velocímetro del tablero, circulando por la ruta.

Llegamos al río. Un día espléndido nos permitió hacer flamear las líneas al cielo, esperando el fresco que acompaña la puesta de sol, para hacerlas caer más tarde en el agua.

Con Raine, cantábamos marcando el compás, cargando y descargando la caña, todo estaba muy divertido, el duende alquimista del río volvió con su magia, dejando atrás las cotidianas situaciones.

Tomando mate, frente al río Nelly y Piny seguían charlando, sentadas en las plegables sillas de lona, apoyando sus espaldas en la puerta del Jeep. Un hermoso sillón a la vida, las hizo amigas...

Cruzando el río, el brazo de Raine con firmeza engancho el mío, los wader prestados le llegaban hasta el cuello, las botas le quedaban tan grandes que flotaba... La corriente parecía que se la quería llevar. Algo me dijo sobre "¡si pisamos un pozo!" por lo que conteste: " si hacemos glu, glu nos daremos cuenta ..."

Del otro lado, frente al barranco "la V corta" que dibujaba el agua en su superficie marcaba la boca del pool. Las codiciadas plateadas ahí no estaban, sólo marrones residentes brindaron el salto en su danza.

Decidimos ir en busca de algún movimiento grande, caminando a orillas del río. De repente un salto estrepitoso conmovió nuestra respiración, el corazón palpitó más fuerte que nunca, solo la astucia dependía del invisible significado que tuviera nuestra mosca si fuese vista por el pez. Voló justo, cayendo al agua en el lugar preciso. Cada milésima de segundo entraba y salía de nuestro cerebro ante semejante instante. Y así fue, se prendió, saltó, luchó, corrió, se acercó y huyó..., hasta llegar a manos de Raine quién además de sentir su fuerza en la caña la devolvió pidiéndole tres deseos. En ese momento la luna llena salió sobre la meseta, acompañando al sol que bajaba con su manta de terciopelo rojo vistiendo el cielo.

Volviendo y antes de cruzar, al otro lado del río las chicas ya estaban dentro del Jeep. Ingresé primero al agua y extendiendo mi mano le ayudé a Raine... evitando pudiese nadar... Cruzamos el río como volviendo de un sueño. Compartimos un gran momento que lo llevará el recuerdo a la eternidad.

Guardamos las cosas en silencio, tomamos unos mates. Todo era distinto, nadie se quería ir. Las ruedas comenzaron a trepar en baja la falda de la meseta, encontrándonos nuevamente con luz del satélite.

Regresé con tres estrellas después de la salida de la luna, la puesta del sol y la destreza que nos brindó ese pez.

Al día siguiente Raine y Nelly empacaron sus cosas regresando a Esquel...

por Raúl Sommariva



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