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El Paraíso

Era un domingo espléndido en el Paraíso, como son todos los domingos en la eternidad.

 

Dios paseaba entre sus elegidos deteniéndose aquí o allá para observar alguna situación risueña, despreocupada, como lo son todas las situaciones en la eternidad.

En eso, una acción distinta, no esperada (como no son habituales en la eternidad), le hace cambiar su semblante, su actitud; un cartel rezaba: "práctica de casting".

Quizás el rumor de las líneas al cortar el aire diáfano de la perfecta tarde, tal vez las cañas al balancearse; no, nada de eso era inesperado, nada de eso le molestaba. Pero una vez que Dios posaba su vista en algo, dominaba la escena, el paraíso se congelaba, la eternidad esperaba... hasta que Dios continuara. Pero Dios no continuó. Un anciano de cabellos y bigote blancos sentado en la verde y perfecta grama era lo que preocupaba a Dios.

El anciano observaba la práctica, sostenía con una mano una vieja caña descolorida con un viejo reel colocado y listo para castear, pero no disfrutaba como el resto, estaba inmóvil, como triste, ausente. Y las cosas viejas y la tristeza no eran perfectas como lo es todo en la eternidad. Eso era lo que molestaba a Dios!.

Lenta y parsimoniosamente, como sólo Dios sabe hacerlo, se acercó al hombre devenido en ángel y le dijo: - Anciano, porqué no te diviertes como los demás, te lo has ganado.

El anciano, también lentamente, levantó la cabeza y como nadie se atreviera jamás en la eternidad miró a Dios directamente a los ojos y le respondió: Señor, con todo respeto; toda mi vida he trabajado, he tenido y amado una única mujer, he tenido hijos, los he criado y convertido en personas de bien, no he tenido vicios y te he respetado. Sólo una diversión tuve: la pesca con mosca. Ese fue mi único pasatiempo. Nunca fui tan feliz como en esos ríos de la Patagonia, con las montañas y los valles como el marco de un cuadro irrepetible de la naturaleza, como tu obra más maravillosa. La pesca y el entorno eran mi felicidad y allí yo sentía que Tú existías y allí yo te honraba. Señor, lo lamento, aquí no es lo mismo, ¿dime que hice mal para que me hayas traído?
En ese preciso instante fue cuando aconteció el hecho más extraordinario que se recuerde: la eternidad se detuvo completamente y Dios, pensando y evocando los comienzos... recordó.

No tuvo una noción cierta de porqué lo olvidó, no supo porqué cambió lo que tan pacientemente había planeado y construido. Lo más probable haya sido que los hombres lo llenaran de preocupaciones y lo distrajeran de sus objetivos primarios, quién sabe... Pero haya sido lo que fuere, desde ese momento Dios enmendó su error y el Paraíso cambió de ubicación para volver a de donde nunca debió irse.

¿Y el anciano?

Dicen que fue el primer morador en el nuevo orden. Dicen que se lo ve pescando los ríos de la Patagonia, rodeado de montañas y valles, dicen que es feliz nuevamente.

También dicen que Dios lo observa todas las tardes, al caer el sol.

por Héctor Gugliermo



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