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La gallina de los huevos de oro
Este último fin de semana largo aprovechando los feriados de Semana Santa, fuimos con un grupo de amigos a pescar al Limay Medio y nos alojamos en el pueblo de Piedra del Águila.

 

El relato de si la pesca fue buena o mala lo dejamos para otra oportunidad, en este momento nos concentraremos en remarcar algunos hechos y actitudes de ciertos pobladores del lugar que nos dejaron preocupados.

Dos días consecutivos observamos pescar a un mosquero sobre la margen rionegrina del Limay aguas abajo de la presa de Pichi Picún Leufú, dejaba estacionado un automovil moderno y bajaba con varios niños los cuales aprovechaban las bondades del excelente tiempo que hizo por esos días mientras el pescaba. El segundo día se puso a charlar con uno de nosotros sobre ese lugar de pesca diciendo que "es excelente, todas las semanas me llevo una marrón de entre 4 y 5 kilos". A nuestra inquietud sobre que el reglamento no permite matar marrones contestó: "muchachos, yo soy de acá...".

Cierta noche concurrimos a cenar a una parrilla y mientras esperábamos por el resto del grupo que venía un tanto retrasado, nos pusimos a conversar con dos de los mozos del lugar quienes nos comentaron que esa tarde habían obtenido un hermoso ejemplar macho de trucha marrón que pesó más de 5 kilos y que lo tenían en el freezer del restaurante. Al mencionarles que el reglamento no permitía matar marrones nos dijeron: "bueno, pero nosotros somos de acá". La misma respuesta en dos situaciones similares, y lo que es peor, era evidente que en ninguno de los dos casos se mataba por hambre o necesidad.

Pero esto no fue todo, en el pueblo no fue posible conseguir un permiso de pesca ni tampoco encontrar abierta la única farmacia del lugar en dos días completos. Además hemos observado mucha suciedad y residuos sin recolectar a todo lo largo de la costa del río, incluso dentro de las estancias que cobran entrada.

Los mosqueros hemos construido un reglamento que pretende asegurarnos seguir pescando por muchos años más sin importarnos demasiado el resto de los pescadores, esto puede no ser tan bueno desde otros puntos de vista, pero sin embargo es muy real que beneficia la posibilidad de una mayor sobrevida de los peces y por extensión el turismo de pescadores y el desarrollo que este trae a los pobladores de los sectores involucrados.

Piedra del Águila es un lugar privilegiado en cuanto a pesca de salmónidos se refiere y a pesar de la merma que el Limay muestra desde hace varios años, todavía es posible obtener piezas en calidad y cantidad que ya no se ven en ninguna otra parte de la Patagonia Norte. Esto se vio reflejado en la plena ocupación de la capacidad hotelera del lugar tanto como en los restaurantes, estaciones de servicio, etc. Pero el beneficio que esto trae para la población puede ser muy efímero si no se cuida y se mantiene como es debido.

El turismo de los pescadores adhiere a la teoría del "desarrollo sustentable" y de esa manera puede ser incluido dentro de la categoría de ecoturismo si se cumplen las siguientes premisas:

Debe contar con el auspicio y la participación activa de los organismos y habitantes de la comunidad objeto o anfitriona.

Debe proveer medidas para la preservación y conservación de los recursos.

Debe ser rentable y capaz de sustentarse por si mismo.

El reglamento de pesca continental Patagónico es una buena herramienta para la preservación y conservación del recurso pero los habitantes del lugar tienen mucho que hacer al respecto y su participación demanda compromisos ineludibles, a saber: dar más y mejores servicios a los pescadores, cuidar y controlar los recursos pesqueros, desarrollar y alentar el cuidado del medio ambiente.

Si los habitantes de Piedra del Águila entienden que no son más un pueblo de paso hacia mejores regiones turísticas sino que tienen un gran atractivo propio que son sus peces, si los cuidan, si ofrecen más y mejores servicios, si mejoran la ciudad y la margen del río, tienen la gran oportunidad de desarrollarse y crecer. Si no lo hacen, serán uno más de los tantos que han matado a su gallina de los huevos de oro.

por Héctor Gugliermo




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