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Viajando dentro del corralito - VII parte

Llegó el momento histórico! A las 11.00 hs. estábamos cruzando el estrecho... y a las 11,15 hs. horas, yo, Raine, puse mis piecitos sobre la Tierra del Fuego por primera vez!!!

 

Viernes 14 de diciembre de 2001.-
Faltaban los pitos y las matracas. El descubrimiento y la adrenalina.Cruzamos con el transbordador de la firma Broom, experimentada empresa armadora que opera en el estrecho desde 1880; casi llegando a destino, una tonina con sus colores blanco y negro y un par de pingüinos se asomaron en franca y curiosa observación. Como las dos toninas que nos acompañaron unos metros en la navegación de Ultima Esperanza, mientras Ángela charlaba con nuestro compañero de travesía Claudio, un parisino de nacimiento, hijo de padre camerunense (de ahí su color de piel aceitunado subido) y de madre belga. Estuvo horas con el rostro hacia el sol. "Menos mal, lo veo medio pálido" -le dije a Ángela.

A las 14,35 hs. estábamos en San Sebastián, nuevamente Argentina después de tantos días... o no fueron tantos? Antes de llegar a Río Grande, nos detuvimos en el museo de la Misión Salesiana, de tanta excelencia como el de Punta Arenas.

19,10 hs. Estuvimos 3 horas dando vueltas por Río Grande, total y absolutamente perdidas. El joven que nos atendió en la oficina de informes turísticos, amoroso y amabilísimo, nos dio TANTA información que me mareó aún más. Después de rodear la plaza 4 veces al fin encontramos el hospedaje Argentino, donde Graciela Abat nos recibió sumamente cordial. Asegurada la cama, fuimos hasta la Ea. María Behety (ex Ea. Segunda Argentina fundada por José Menéndez) para aprovechar el resto de la tarde; una gigantesca motorhome estaba estacionada como para arruinar las fotos, y también media docena de carpitas azules igualitas armadas frente al galpón de esquila más grande del mundo, dispuestas en semicírculo. Un grupo de alemanes, dos rubias cocinando en un anafe sobre una mesa en un rinconcito dentro del galpón eran los intrusos, pero gracias a su presencia, estaba abierto y pudimos entrar a echar un vistazo. También vimos el flamante "monumento a la trucha"!

Lo cierto era que estábamos en la Tierra del Fuego... soplando el viento que silba..., pero los rayos del sol se las arreglaban para irrumpir entre unas nubes que no nos impedirían arribar al fin del mundo, ni así fuese necesario dar otras diez vueltas a la plaza.

Devoramos una suprema completa que alcanzó para las dos a pesar del apetito y costó $ 6.50.

Nos enteramos que habíamos cruzado tantos camiones juntos en el ripio porque debido al paro no los habían dejado pasar la frontera el día anterior. Desde donde llega el asfalto, están preparando otro tramo, o sea que tuvimos varios desvíos y luego un tramo muy áspero de piedra. Luego, tierra, llanura, infinito salpicado por ovejas... A lo largo de este tramo, hay 2 ó 3 casitas que son albergues gratuitos para viajeros de paso. Este asfalto chileno será más para nosotros: los puntos chilenos que une no parecerían tan importantes o rentables, será usado mayormente para quienes viajen hacia y desde Ushuaia.

En Río Grande, no hay una o dos calles comerciales, todas lo son. Existe gran oferta en todos los rubros. El gran problema de la ciudad es girar en las esquinas... son tantos los semáforos. Pero lo peor, es que si uno quiere detenerse del otro lado de una avenida, debido a las manos de las calles, tendrá que dar una vuelta de 8 cuadras.

De vuelta al hospedaje a tomar mate y conversar con Graciela, conocimos a Jacques Sirat, el "Francés Errante" que hace 5 años recorre el mundo en bicicleta.

Sábado 15 de diciembre 2001.-
Saliendo de Río Grande, pasamos -previas interminables vueltas- por varias estaciones de servicio donde no conseguimos ni hielo ni agua para nuestros termos. Más de una parecía haber sido vaciada... así que partimos sin esos abastos tan importantes...

A mano izquierda, dejamos atrás el casco de la histórica Ea, Viamonte, donde Lucas Bridges daba asilo a los indígenas onas perseguidos.

El contraste entre las llanuras del norte de la isla y el bosque del sur es abismal. Cuando se avanza por la meseta patagónica en dirección a Calafate, la sensación es de haber equivocado la ruta. Es todo tan plano hasta tan cerca, que cuesta imaginarse un glaciar semejante en pocos kilómetros más. En Tierra del Fuego ocurre algo parecido.

Llegamos a Tolhuin. Realmente, aquí solucionamos todos nuestros problemas... ¡en la panadería! Me habían dicho que en Tolhuin "había que pasar por la panadería". Ángela había recibido el mismo mensaje desde Buenos Aires! Y es una "panadería", así genéricamente; aunque hay otra sobre la misma ruta, todo el mundo parece saber que hay que entrar al pueblo a LA panadería. Tienen hielo, facturas, masas finas, chocolates, sandwiches, dos grandes termos de agua para mate, acceso a Internet, Wester Union, agencia de quiniela, cajero automático; baños con duchas, locutorio internacional y cambio de moneda. Además, una pajarera donde se luce una pareja de pavos reales y otras aves. Varios tipos de café, chocolate y sopas calientes, en máquinas. También es un grato lugar de encuentro. Algunas paredes están tapizadas con fotos de los personajes ilustres que pasaron por allí, pero estaba incompleto, faltábamos nosotras!

Es un pueblo en rápida expansión, si uno recorre un poco, encontrará detrás del casco "céntrico" muchas calles recién abiertas y nuevas cabañas por doquier. El serio problema de tan lindo lugar es que dispone de muy poco acceso libre al gran lago Fagnano. Peor aún, a lo largo de la breve orilla pública, un mamotreto abandonado conocido como "el Eolo" estropea el paisaje; se construyó por un convenio con el gobierno de Francia destinado a investigaciones científicas. Al finalizar el convenio se usó como centro de rehabilitación para drogadictos y ahora está abandonado. Es una constante en Patagonia, que en las afueras de cada pueblo hay algún enorme edificio fuera de uso.

La ruta continuó con un tramo sin pavimento, y no es de ripio, sino de piedra viva, por donde las 4x4 circulan a más de 120 kms. por hora... hay muchos suicidas por allí... al furgón lógicamente le fueron rotos los vidrios del faro y luz de estacionamiento izquierdos. Se veían 4x4 estacionadas frente a tranqueras con carteles de "prohibido pasar". Serán mosqueros?

Bajamos al lago Escondido para el pic nic "casi" en el fin del mundo. Allí esta la hostería El Petrel con varias cabañas sobre la orilla; todo el complejo dispone de gas natural y una terrible antena satelital cuyas riendas metidas en el bosque, resultan un incongruente estorbo. Aclaremos que aquí no es "parque nacional". Visitantes anteriores han distribuido bolsas de nylon por todas partes. Estábamos de mangas cortas en el último confín!

Al fin, iniciamos la trepada para el cruce de la cordillera por el mítico paso Garibaldi, inolvidable. Desde arriba, una amplia vista hacia los lagos Fagnano y Escondido.

Justo donde comenzaba el añorado asfalto, en lugar de seguirlo hacia Ushuaia, tomamos la ruta complementaria "J" hacia el Este. 45 Kms. de excelente camino de tierra (MUCHO mejor que la ruta nacional) flanqueado por característicos "árboles bandera"; entramos después al hermoso bosque de lenga y ñire, al son de "1492, La Conquista de Paraíso" de Vangelis (muy apropiado), hasta mi primer avistaje del canal de Beagle y luego Harberton, que nos recibió al sol y sin viento.

La Ea. Harberton, fundada por el pastor Thomas Bridges en 1887, se puede visitar desde el 15 de octubre hasta el 15 de abril, la entrada cuesta $ 7 por persona. Lía, bióloga y guía, nos hizo de cicerone recorriendo la estancia y la reserva donde están el cementerio familiar y la reconstrucción de dos wigwams (reparos) como los hacían los yamanas; también diversas especies nativas. La casa principal no se puede visitar porque Tommy Goodall y su esposa Natalie viven en ella, es su hogar. Se aprecia todo el canal y Puerto Williams enfrente. A lo lejos, se divisan montañas nevadas.

Las nubes sospechosas habían partido, brillaba el sol; Ángela renovaba su postergado amor por la zona y soñaba.

19,30 hs. Entramos a Ushuaia. Por fin! Acá estamos! En la única ciudad argentina ubicada al Oeste de la cordillera. Imposible una pasada en auto por la calle San Martín; los autos avanzan a 3 mts. por hora, paragolpe contra paragolpe. Créase o no, la "vuelta del perro" de Ushuaia es peor que la de Viedma.

Golpeamos la puerta de "Alba's House" cerca de las 20 hs. Alba estaba con sus hijos Christian y Guillermo. Hermosa gente! Tenemos una piecita bien arriba, con vista al cerro.

Domingo 16.-
Nos levantamos tardecito, aunque tanta luz debió hacernos despertar antes. Continuamos los mates y la charla con Alba, fuimos a la costa como hacia Remolino a sacar fotos panorámicas de la ciudad con luz a favor; luego, a orillas del río Olivia. Soplaba un airecito fresco.

Todos los alrededores me fascinaron, pero la ciudad me apabulló. Demasiada gente y autos, me produjo una sensación de desorden, de crecimiento atolondrado. Su puerto es el segundo del país en cuanto a movimiento de containers. Qué dolor pensar que por aquí cerca, la empresa Trillium está talando 30.000 hectáreas de este tesoro! En pocos años, los fueguinos tendrán serias dificultades para encontrar un rincón tranquilo, limpio y verde donde ir de paseo.

Me contó Alba que en un sólo día pueden ingresar al Parque Nacional hasta 40 ómnibus llenos al mismo tiempo, si entran dos grandes cruceros a la vez, y eso ocurre a menudo.

Nos pasamos dos horas en el excelente museo del presidio (donde funciona también el Museo Marítimo) hasta que Ángela se sintió mal, así que a comer algo! Eran como las 16 hs. Más tarde subimos por el faldeo hasta donde parte la aerosilla, más fotos, y luego dimos vueltas a la península donde estuvo ubicada la primera vivienda de Ushuaia, la que levantó el pastor Stirling en 1868. Pasadita por el raro cementerio, muchísimas cruces negras (las tumbas con cruces negras corresponden a presidiarios), mausoleos con puertitas con cortinas como si fuese el acceso a una cocina, muchos N.N. o bien nombre de pila sin apellido. Luego caminamos la calle céntrica por ambas veredas. Llamé a mi hija dos veces sin suerte.

Ángela se quedó en lo de Alba anotando los datos que le brindaba Christian sobre el Paine, donde espera volver pronto con Jacques Sirat, el ciclista francés, y yo fui a la casa de la familia Galindo. Rato antes había hablado con Olga, la señora del Dr. José Galindo, a quien comploté para darle una sorpresa a su esposo. Le expliqué que con José nos conocíamos desde la más tierna infancia, y tal lo convenido, a las 22 hs. estaba frente a su casa, había dos autos estacionados pero nadie respondía. José y yo nos criamos juntos en Mar del Plata. Su padre también médico obstetra trajo al mundo a mis 4 hermanos marplatenses y a mi única hija, Laura. Hace unos 42 años que no nos vemos!!! Qué emoción! Di una vuelta haciendo tiempo y regresé, pero no... no había nadie.

Increíble noche despejada y tibia en el fin del mundo.

Lunes 17.-
Arrancamos bien tempranito pasando por el portal del Parque Nacional Tierra del Fuego 5 minutos antes de que comenzaran a cobrar entrada. Directo al fondo, a la bahía Lapataia, a sacarnos las reglamentarias fotos testimoniales con los carteles. Volviendo, pasamos por la castorera donde saltaban truchitas pero los castores aún durmiendo. Sólo asomó uno como para decirnos lo que pensaba de nosotras por haberlo desperado. Hicimos una hermosa caminata por el bosque, y otra por la laguna Negra; y una entrada al laguito Roca a las 10,30 hs.

Para las 11,15 hs. estábamos en Bahía Ensenada, donde unos lobos hacían piruetas para que los numerosos turistas se harten de fotos. Una buena batería de impecables baños químicos, nada que ver con las inmundas letrinas de Chaltén. Para esta hora ya había unos cuantos enormes colectivos transportando turistas.

Hermoso el Parque, aunque pequeño, pero permítaseme decir que nada tiene que hacer al lado de la magnificencia del Parque Nacional Los Alerces que tampoco soporta la enorme presión humana que cada día recibe el parque fueguino.

De vuelta, nos llegamos hasta Las Cotorras a ver a Miguel Casalinuovo que justo se había ido a la ciudad. Vimos los perros que tiran de los trineos, y a dos señores asando unos corderitos... mmm...

Como desde que dejamos el Parque se nubló y llueve un poco, resolvimos seguir viaje. Según Alba, desde Ushuaia hasta Gallegos son 12 horas, con suerte, incluyendo las dos pasadas de frontera y el transbordador. Demasiado para mi dolorida espalda, así que era mejor partir ese día que estaba fresco, al menos avanzaríamos hasta Río Grande así el esfuerzo se repartiría en dos jornadas. Nos despedimos de Alba y su familia, otro inútil último intento en lo de Galindo, y salimos a la ruta a las 13,15 hs. rumbo al Norte.

En la boca del río Valdéz había gente pescando con mosca.

Llovió en la ruta hasta poco más de Tolhuin, lo que fue una bendición. Pasamos por la panadería, por supuesto. Otra es esta imagen de la Tierra del Fuego, sombría, encapotado y lloviendo, es más a la idea que una tenía que la del sol radiante del fin de semana.

Al entrar a Río Grande al fin pude hablar con mi hija Laura. Avisamos a Raúl que llegaríamos al otro día (salió una foto de Raúl a doble página entera en la revista Lugares). No pude revelar los 4 rollos que tengo. Llegamos... al hotel Argentino de Graciela! y quien estaba sentadito en el mismo lugar que lo dejamos? ¡Jacques!

Por hoy... demasiado... bañito y cama!

por Raine Golab




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