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Viajando dentro del corralito - III parte

El glaciar Perito Moreno es “Pancho” sólo para los íntimos.

 

Jueves 6 de diciembre de 2001.-
A las 14,55 hs. entramos a Calafate, y de inmediato buscamos hospedaje. Dos años atrás, pagué $ 15 por cama, así que al encontrar por $ 8, aceptamos. Primero lo primero, nos bañamos aprovechando que a esa hora no se encontraba ningún otro pasajero; luego, tendimos la carpa empapada en el tendal del patio y nos sentamos a tomar unos mates "en tierra firme", aunque Ángela ya estaba hecha toda una virtuosa en eso de cebar mate en marcha, en duros caminos de ripio. Mientras lo hacíamos, se largó una granizada! Rápidamente entramos la carpa y la colgamos en el baño... El lugar se llama "Ahijuna".

Salimos en busca de un cajero automático, de alguien que sepa destrabar mi cámara reflex y llamar por TE a la familia. Esa era toda la intención, pero terminamos recorriendo unos cuantos kilómetros del flamante asfalto inaugurado recientemente, hacia el Parque. Ya había salido el sol, y nosotras sin las cámaras... Como dijo Ángela, esto sólo sucede en la vida real.

Saliendo de Calafate hacia el oeste, es impresionante como ha crecido el pueblo. Se ha construido muchísimo, hay caserones a ambos lados de la ruta, barrios, jardines, muchos comercios y hospedajes nuevos; la ruta - que por ahora llega hasta el desvío hacia Puerto Banderas pero alcanzará el portal del Parque- impone otro nivel de prolijidad. Hasta hay una flamante costanera, de ripio, pero iluminada con farolas que en un par de kilómetros conduce a una zona de casas quinta. Los lotes se venden a $ 7 el m2 a residentes, y al doble para foráneos; aparentemente aún hay disponibilidad. La zona de chacras cruzando el arroyo también está lleno de casas nuevas. De regreso, caminamos la avenida y cenamos livianito. Mañana es el aniversario de Calafate, cumple 74 años, la entrada a la fiesta cuesta $ 3.

El centro está que es una maravilla de pulcro y ordenado. Todos los negocios tienen carteles en inglés. Nos enteramos que debido a la renovada competencia, los precios han bajado mucho, tanto para alojamiento como para comidas; las artesanías están un poco caras. Se puede dormir por entre $ 10 y 12 promedio, y comer por entre $ 7 y 8 promedio; claro que también están los hoteles de 3, 4 y varias estrellas.

Viernes 7 de diciembre .-
Ni bien nos levantamos, resolvimos mudarnos al hospedaje Alejandra, que según supimos, había bajado el precio de hace dos años. En el Ahijuna, vive una cuadrilla de trabajo, quiero decir que no son turistas, que meten bastante bulla. Además, es un robo: sin calefacción ni toallas, una sola frazada, ni un clavo en el baño para colgar algo, en la pieza tampoco, ni velador ni mesa de luz. Por la mañana, la pileta de la cocina atestada de platos sucios. Eso por $ 8. Si el resto de los albergues cobrara 15, ni chistaría, pero como el Alejandra está a $ 10, con baños completísimos inmaculados, todas las frazadas nuevas que quieras, furgón bien guardado, pleno centro... nos mudamos sin pensarlo dos veces.

Después, partimos hacia el lago Roca. Antes de llegar, advertí que no tenía mi camarita automática... la mejor sería que estuviese perdida en el tumulto de la caja del furgón, y la peor que haya quedado en el albergue de anoche... Hasta ayer, era el viaje de mi vida con sólo una cámara automática. Hoy... A PLENO SOL... sin ninguna.

Pasamos frente a la Ea. Chorrillo Malo donde hace unos 2.000 años vivían tehuelches, y la Ea. Lago Roca fundada en 1895. Gretel, la guardaparque del lago Roca que hace 6 años que está en la zona (4 en el glaciar y dos aquí), nos dijo que todos los hielos están en retroceso (pérdida de masa de hielo) pero pueden avanzar igual.

Llegamos hasta la Ea. Nibepo Aike; si este camino fuese continuado hasta cruzar no mucho la frontera, se uniría con otro camino chileno cerrando un fantástico circuito con el Parque Torres del Paine. Vimos las pinturas rupestres de los tiempos de las pirámides y buscamos un lindo lugarcito en el amplio y hermoso camping agreste donde descargué íntegramente el furgón con la ilusión de encontrar la cámara, pero no...Todo está extendido al sol para que se seque, ya que estamos. Ángela está asando la carnecita que trajimos de Gallegos (y lo hizo con suma destreza y poquísima leña -unas ramitas, en realidad- a punto, crespito y riquísimo) y después, ¡al Pancho! ¡Dios querido, que mañana esté así! (Hago la salvedad que llamo cariñosamente "Pancho" al gran glaciar, por Francisco).

El camino ya dentro del parque bastante áspero y los notros en flor. Ambas ya habíamos estado antes; sin embargo, a medida que avanzábamos la emoción del descubrimiento nos embargaba como la primera vez. Esos pocos serpenteantes kilómetros se recorren con creciente ansiedad, estirándose en cada curva como queriendo ganar unos segundos a la contemplación del escenario mayor de la creación.

Se hace desear... esas curvas parecen ser miles; un témpano se presenta como un heraldo, hasta que por fin ¡ahí está! Tras la llamada Curva de los Suspiros se corre el telón, la emoción surge atropellándose en lágrimas y las palabras resultan inútiles.

Unos metros más para alcanzar el estacionamiento, desde donde una parte rauda a recorrer las largas pasarelas intentando absorber todo y tanto en un único abrazo.

Exhausta de subir, bajar, exclamar y llorar, finalmente elegís un punto alto para abarcar tanta maravilla, en reverente silencio, con los sentidos alertas, el oído aguardando un crujido, un trueno, el clamor de los siglos emergiendo desde el fondo del hielo; la vista captando cada uno de los millones de relumbrantes diamantes que forman esa infinita gama de azules. El tiempo no existe aquí. Todas las Edades se transforman en presente.

Cuando se intenta emprender el regreso, se sube volviendo la cabeza en cada escalón, atenta a todo sonido que pre-anuncie la estrepitosa caída de un gigante congelado dando nacimiento a un témpano. Cuesta irse. El viaje de vuelta se hace en silencio, porque se demora el asombro y esa maravillosa sensación de haber vivido el privilegio reservado sólo a unos pocos elegidos entre los millones de seres de la humanidad.

En Calafate, caminamos otro poco por la avenida. Por supuesto, miré libros, para advertir que en El Choique, un mismo libro cuesta $ 15 menos que en World's End. Hay que mirar y preguntar antes de comprar algo. ¡Vimos un "Aike de Mate y Tortas"! Donde vivo, existen diversas casas de té en el marco de la cultura galesa, siempre pensé en una "casa de mate" y aquí hay una.

Una rueda dudosa.... tenía un clavito, mientras caía el sol la hicimos reparar. Después visitamos a Carmen Torres, de la Intendencia del Parque Nacional Los Glaciares, quien justo salía por la cena del aniversario. Nos dijo que el glaciar se llamó Bismark bautizado por un tal Reichert de la comisión de límites y que también se llamó glaciar de los Misterios.

Recorrimos todos los posibles lugares donde pude haber olvidado la cámara. Ya sin esperanzas, pasamos por lo de la familia de nuestra amiga Ruth, último lugar donde había sacado una foto... ahí estaba, ¡se me había CAÍDO! dijeron...

Cenamos estacionadas frente a la laguna Nimes, para luego irnos a dormir, todo listo para iniciar mañana el asalto a las Torres del Paine.

por Raine Golab




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flamante ruta desde Calafate hacia el Parque Nacional
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el lago Roca
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