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Dorados con mosca en Itá Ibaté

Hacía tiempo que con mi amigo Marcelo Gorgo veníamos conversando la idea de ir a Itá Ibaté a mojar las plumas.

 

Ya habíamos tratado infructuosamente de localizar a un guía que tuviera experiencia de salidas con mosqueros, fue así que le pedimos a Icho Meza, Guía de la zona, que consultara con sus colegas para ver si alguno tenía experiencia de haber salido con mosqueros y la respuesta también fue negativa. Así que le dijimos, prepárate porque vas a tener que ser vos cuando llegue el momento.

El momento llego un viernes a la mañana cuando los amigos Chito y Oscar Meza de Iguazú, primos de Icho con quienes habíamos realizado alguna visita anterior a Itá Ibaté pero no a mosquear, me llaman por teléfono para avisarme que salíamos en auto a primera hora de la tarde; además de aceptar les aclaré que íbamos con Marcelo y que llevábamos mi lancha también, porque ésta es ideal para pescar con mosca por ser totalmente abierta.

Con Marcelo hicimos el compromiso de que solamente llevábamos las cañas de mosca, y que se diera como se diera el pique no pescaríamos con ninguna otra modalidad. Esto para respetar la decisión que yo tomé hace tiempo de que no volveré a pescar de ninguna otra forma que no sea con mosca porque ésta es mi verdadera pasión, ya que a mi juicio es la modalidad que más obliga al pescador a estudiar el comportamiento de los peces y del río, además de la satisfacción de utilizar las moscas atadas por uno mismo, haciendo todo esto que uno deba superarse permanentemente.

Así fue que salimos con toda la ilusión acompañados por la esposa y la hija de menos de 3 años de Marcelo, Susana y Valentina, Valentina obviamente fue la alegría de todo el viaje y la estadía. Al llegar nos alojamos en "familia" en la casa de Icho, los Meza, "dirigida" por la maravillosa Doña Nena, madre y protectora de todos. Para la cena éramos como tres mil en la mesa que compartimos en alegría.

De sobremesa con Marce lo "atacamos" a Icho para prepararlo para la salida del día siguiente. Teníamos que hacerle ver a él como debían ser los lugares a los que queríamos ir para tirar nuestras moscas, como gran pescador y mejor guía que es, entendió inmediatamente cuales eran nuestras intenciones. Ahora, lo más difícil, que él entendiera que íbamos a tentar al dorado con un anzuelo con plumas y pelos y no con una suculenta anguila o una apetitosa morena, con la clase de equipo que pescaríamos y como funcionaba, le mostramos toda la artillería para que viéndola comprendiera mejor. Dijo que sí, y es obvio que entendió, pero como vimos que su cara decía que no íbamos a pescar un nabo, le aclaramos que no se bajoneara si no pescábamos nada, que nosotros lo teníamos asumido por tratarse de nuevas experiencias que estábamos haciendo.

La sobremesa se extendió hasta casi las tres de la mañana y nos fuimos a dormir, no sé como, porque "sarna con gusto no pica" pero a las 6 de la mañana estábamos ya en el agua embarcados con todos los bártulos y "SALIMOS".

En el primer lugar factible, que era un desagüe de una laguna que vertía al cauce principal en el medio de un largo carrizal con corredera incluida, tuvimos un par de piques fallidos cada uno, calculamos que la habíamos pasado muy rápido. A la pasada siguiente, en lugar de usar los remos (mi lancha tiene toleteras) para retener la velocidad, a Icho se le ocurrió, ya que estábamos sobre lecho arenoso, atar el ancla al revés y al traerla a la rastra retardaba la velocidad, permitiéndonos esto que al tirar a la costa y hacia delante de la embarcación, la mosca bajara algunos metros en deriva muerta, pero no tuvimos más piques, de los dorados o lo que fuera, ni noticias. Resultado, la desazón fue atenuada para nosotros porque hicimos algunos conocimientos nuevos, y para Icho porque comprobó que nuestras "plumas" a "alguien" le interesaron ya que vio la acción de las punteras.

Realizamos algunos intentos más en distintos lugares prometedores, pero de los dorados NADA, ni siquiera los vimos. Habíamos decidido parar al medio día para almorzar, ya que además de no "morirse" al sol en el río en las horas pico, tampoco se pierde tiempo, ya que una gran ventaja de la zona es que muchos de los pesqueros están cerca. En el regreso, nos tranquilizábamos unos a otros con que el dorado no estaba, ó no estaba comiendo ya que no lo veíamos, y que el río bajo como 30 centímetros (manejo de compuertas de Yaciretá), y encima en el embarcadero nos dijeron que nadie había pescado nada. En fin, mal de muchos consuelo de sonso.

A la tarde volvimos a ir río arriba, pero esta vez más arriba, pescamos sobre la costa de una isla en un tramo que nos gustó de pasada porque tenia muchos árboles semi-sumergidos, era extenso y con regular corriente de agua. Al detener la lancha y acercarnos, nos alentó la actividad de mojarras, acá está cazando dijimos. Así que nos largamos a unos 20 metros de distancia de la costa y arrastrando el ancla a revés como a la mañana, tuvimos el primer pique cuando nos acercábamos al lugar donde vimos saltar las mojarras. Tomó mi mosca cuando ésta ya había derivado unos metros y pasado la línea del veril.

En ese instante pensé en mi equipo para no olvidarme nunca, caña #8 Orvis SL, Tip Flex, 4 tramos, línea ST de hundimiento compensado Ultra Fast, líder atado clásico 50/50, 40/40 y 30/30 más 10 cm de cable de 20 libras y la mosca una Andino Deceiber negra y verde oliva atada sobre anzuelo 3/0 regalada por el amigo Ricardo Rey de Rosario, en resumen todo a la medida de un monstruo. El monstruo, que dicho sea de paso se clavó prácticamente solo cuando al sentirlo levanté la puntera de la caña, me hizo saber en la mano que no era tan monstruo y nos confirmo a todos en el primer salto que se trataba de un juvenil que no llegaba a 2 kg. A pesar de que con semejante artillería podría haberlo traído a la rastra, lo dejé "jugar" un ratito para saborearlo, como hace uno con el buen vino en la boca, y para "plancharlo" y levantarlo con la mano. Pero la emoción de Marce y los deseos de estrenar chiche nuevo hicieron que él lo levantara con la pinza Boga Grip (excelente invento) tan útil para no manosear tanto al pescado, máximo cuando como siempre tiene que ser, debe volver vivito y coleando al agua, por supuesto, luego de "cincuenta" fotos.

De la alegría general, vale destacar la de Icho, que comprobó en los hechos que se puede pescar un dorado con "un anzuelo con pelos y plumas". Y la nuestra por supuesto también, aunque ya habíamos pescado dorados con mosca en Ituzaingó anteriormente, éste era el primero en Itá Ibaté y embarcados.

No obstante el tamaño, nuestro bebé se convirtió en centro de la charla de la cena y la sobremesa, ya que supimos, que de las decenas de lanchas que salieron ese día, solo pocas trajeron algunas bogas. Era cierto que el dorado no estaba comiendo, y el río había bajado aún más.

De la belleza de la zona podríamos hablar muchas páginas más, del avistaje de fauna silvestre de las islas, incluido el yacaré y las fotos que les hicimos, otro tanto; como también de los grandes cardúmenes de sábalos y bogas, que resultaba fácil de ver por la gran cristalinidad del agua. Los lugares para pescar al dorado con mosca son altamente prometedores lo que deberemos comprobar en otro viaje. Hay muchas bocas, correderas y desagües para intentar. También en los veriles de los bancos de arena, y en las canaletas que se forman entre estos y las islas.
En fin una zona que es válida para probar con mosca, un fin de semana de pesca para recordar, y unos lugares de espectacular belleza como para volver al yugo diario con las pilas recontracargadas.

Por Edgardo E. Marchese
Iguazú, enero 2002




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