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Aventura amazónica

Habiendo salido de Dallas en medio del verano, mi llegada a Lima en medio del invierno, me hizo pensar que la ciudad parecía muy triste.

 

Cielos nublados y un tráfico endemoniado no ayudaron mucho. Sin embargo, un poco de tiempo para aclimatarme y la buena guía de amigos me permitió el cambiar de opinión y comenzar a apreciar las bellezas y buenos atributos de dicha ciudad.

Al día siguiente, Sep. 15, mi sobrino Gerardo Solis y su esposa Sonia, quienes viven allá, me invitaron a acompañarlos a la celebración del "Grito de la Independencia Mexicana" que la Embajada de México había organizado.

Muy divertida. Hubo desde luego una ceremonia para recordar dicha ocasión y después de ello, música y bailes, una banda de mariachis proporcionó el fondo adecuado para dicho evento. Platillos típicos y desde luego tequila y cerveza ayudaron a pasarla mejor.

Al día siguiente, volé a la ciudad de Iquitos, en donde encontré al grupo de pescadores que iban a ser mis compañeros por una semana en nuestra aventura en el Amazonas.

El grupo estaba formado por 9 personas, quienes al igual que yo, habían leído a cerca del viaje en diferentes publicaciones y también como yo, se tragaron el anzuelo.

El prospecto decía que íbamos a pasar la semana en un barco de 28 metros de largo, con camarotes dobles o sencillos con aire acondicionado y salir a pescar diariamente en lanchas rápidas a diferentes áreas una vez que hubiéramos llegado a nuestro destino.

Iquitos es un puerto fluvial a las orillas del Amazonas y su aspecto me recordó las ciudades costeras de México allá por los años 40. Techos de dos aguas, fachadas multicolores y rejas de hierro forjado en puertas y balcones. Mosaico y azulejos en las fachadas ayudaron a reforzar el recuerdo.

Debido a la selva y ríos que la rodean, la ciudad recibe todo lo que necesita, por aire o por el río. Los precios naturalmente son más altos que en el resto del país, y el principal medio de transporte terrestre, son unos vehículos de tres ruedas, muy simpáticos, hechos con partes de motocicleta y que se usan para todo, como taxis, para mover mercancía y hasta materiales de construcción.

Hay desde luego autos y camiones, pero los triciclos mencionados los superan en una proporción de 10 a 1.

La ciudad es un hormiguero de actividad y en el río hay casi tantos botes como vehículos en tierra, pues todos los pueblos del área solo se pueden comunicar a través del río.

Nuestro barco había salido la noche anterior y nos embarcamos en una lancha rápida para alcanzarlo río arriba. El Amazonas en esa área, fluctúa entre los 500 a los 3000 mts de ancho.

Durante nuestro recorrido, pudimos ver por primera vez los delfines de agua dulce que hay en relativa abundancia. Hay dos especies de estos, los grises que llegan a medir poco más de un metro de largo y los rosados, que alcanzan casi los dos metros.

Nos llevó casi 6 horas para alcanzar al barco. Una vez a bordo, nos tomó el resto del día y el siguiente para llegar a nuestro destino: la "Reserva Ecológica Pacaya - Samiria".

Esta tiene casi 15,000 kms cuadrados de superficie, y es una sucesión de lagos, islas y canales en los cuales no se permite la explotación comercial de ninguno de los recursos naturales. Los accesos están controlados por casetas de vigilancia estratégicamente situados en las entradas y salidas de los ríos que la limitan.

Una vez que aseguramos nuestros permisos de entrada, llegamos por fin a la laguna en que íbamos a pasar nuestra estancia. Después de una muy buena cena a bordo, nos preparamos a descansar, arrullados por el continuo ronroneo de los generadores y aire acondicionado.

Se estableció la rutina para los días subsiguientes: Despertar a las 5 am, tomar un café y fruta, salir a pescar de las 6 a las 8, regresar a tomar el desayuno, descansar, salir por una hora más, regresar al barco, almorzar y luego una siesta salir a las 3 pm y pescar hasta el anochecer, regresar para la cena a las 7 u 8, y luego a la camita.

Parte del programa fue el hacer planes sobre como repartirnos, pues teníamos 5 botes para los 9 pescadores. Se pusieron dos pescadores y dos guías en cada uno y como yo era el único mosquero, me asignaron un bote y un guía para mí solo (cada día, se hacia cambio de los botes y guías, para que hubiera una oportunidad igual para todos).

Alisté dos cañas, una con línea de flotación y otra con un frente de hundimiento (sinking tip). Siguiendo recomendaciones de los guías, estaba yo usando una terminal con cable de acero trenzado de 15 kgs. de resistencia, atado directamente al final de líder y con un nudo lazo a la mosca.

Durante esa primera salida, el río se veía muy prometedor. En cualquier lado que volteara uno había actividad visible y audible. Borbollones y saltos en la superficie.

Como es mi costumbre, todos mis anzuelos no tenían barbilla, lo que me permite soltar cualquier cosa que enzarté con menos problemas, sea esto pez o pescador.

Me pase la primera media hora experimentando con diversas moscas y la línea de flote sin mucho resultado. Por fin, cambié a la de hundimiento y puse un "streamer " de unos 5 cms. y color oliva, en el segundo lanzamiento, un jalor brutal casi me saca la caña de la mano. Mi primera piraña, la cual media unos 25 cms de largo y casi los mismos de alto. El lomo es de color plateado oliváceo y el pecho, de un color naranja fluorescente que parece una joya. Los dientes triangulares y filosos como cuchillos, tanto en la mandíbula superior como la inferior. Usando unas pinzas largas tomé el anzuelo y con una torsión de la muñeca la regresé al agua, luego de la fotografía de rigor. Revisé el nudo y la mosca, la cual ya tenía faltando la mitad de la cola.

Otras dos pirañas siguieron en subsecuentes lanzamientos y la mosca dejó de existir, solo quedaban los ojos metálicos, el resto de ella, totalmente desintegrado.

Puse otra mosca de color blanco con plateado y un poco más grande, y lancé casi al borde de las plantas de la orilla. En cuanto cayó, fue tomada por un oscar de unos 25 cms. Estos peces son muy buenos peleadores y son de la familia de los ciclínidos, la cual en el Amazonas tiene mas de 100 diferentes variedades.

El ritmo se aceleró y más y más peces comenzaron a venir a mano. Después del oscar, perdí un par de arahuanas, las cuales son una extraña mezcla de características, tienen el cuerpo alargado, casi como una anguila, con la aleta dorsal a todo lo largo del cuerpo, la boca como de bulldog, apuntando hacia arriba y con un par de barbillas bajo ella, formando una especie de V invertida, la cola casi en punta. Son muy agresivos y se les ve frecuentemente atacando en la superficie.

Finalmente y ya cerca de la hora de regresarnos, pude hacer mi primera captura del pez deportivo que ha hecho más fama en esas aguas: el tucunaré o pavón. Este se parece en el cuerpo a un black bass, pero con disfraz de carnaval. El cuerpo amarillo tirando a naranja, con franjas verticales como de cebra, y un temperamento como de suegra y una fuerza increíble para peces de ese tamaño.

Mi primer tucu, media cerca de los 40 cms, con un peso aproximado de un kilo y medio. Naturalmente después de posar graciosamente para la foto de rigor, se regreso de mal humor al agua.

Una característica de dichos peces, es que siempre nadan en parejas y si se toma a uno, solo hay que lanzar nuevamente al mismo lugar y casi está garantizado que se enganchará a la pareja. Así que repetí el lanzamiento y esta vez un tucunaré macho tomó mi mosca, se les puede identificar fácilmente por una especie de joroba que tienen en la frente y por lo general, son más grandes que las hembras, lo que les da también mas fuerza. Es muy frecuente que en cuanto se sienten enganchados, se traten de dirigir hacia las ramas o troncos que abundan bajo la superficie de donde viven. Tuve la suerte de que a pesar de que me hicieron esto, mi guía era bastante avezado y me pudo colocar el bote de manera que no perdí ninguno en las ramas, no queriendo esto decir que no perdí muchos otros cuando el anzuelo no penetraba bien, pues tienen una boca bastante dura.

Regresamos a barco a un muy buen merecido desayuno y a comparar notas con los demás pescadores, los cuales tuvieron tan buenos o mejores resultados, pues debo confesar desde el principio que los señuelos con acción integral como los Rat-l-trap y otros con labio vibrador parecen dar mejores resultados en las aguas turbias del lago que las moscas.

En la tarde, después de haber descansado un poco, volvimos a salir, esta vez a una sección diferente. Al pasar por distintas áreas del lago, parvadas de loros, guacamayas y otros pájaros pasaban constantemente arriba de nosotros.

También pudimos observar un par de mono ardilla comiendo en uno de los árboles. Los monos aulladores tenían diaria serenata, pero no me tocó verlos. Otros miembros del grupo si los vieron, así como a un agutí, que es un roedor del tamaño de un perro mediano.

Otros animales que fueron vistos: un tapir, ardillas, mono araña, sapos del tamaño de un pollo y desde luego caimanes y ranas.

El día siguiente me tocó ir en un bote grande con otro de los compañeros. Fuimos a una sección mas profunda de la laguna y como consecuencia los peces eran diferentes. Pescamos varias especies a las que yo nunca había visto u oído de ellas: Gamitana, (tiene una cabeza que parece una serpiente, con dientes cónicos truncados y crecen hasta unos 75 cms. Un Zorro, el cual parece una barracuda de agua dulce, Sábalo (una variedad diferente, que sólo crece un medio metro) Fasacos, los cuales parecen carpas, pero con dientes que pueden partir una nuez y hasta de un metro de largo, Paco que es una variedad de piraña, que crecen hasta los 3 kilos. Un pez que también habita esas aguas es el Paiche, al cual no vimos pero si oímos cuando hacia enormes olas al saltar cuando cazaba a sus presas. Este es rumorado de crecer arriba de los 150 kgs. y que nos dijeron los guías, alguien había pescado dos en el viaje anterior, uno de 80 kgs. y el otro de 120.

Después de desayunar, otro amigo y yo nos fuimos a caminar por una vereda en la selva de la orilla, vimos una cantidad impresionante de insectos, y aves, sólo una ardilla y desde luego no pudimos identificar casi ninguno de los árboles que encontramos. Afortunadamente no encontramos muchos mosquitos, aun cuando el calor nos hizo regresar antes de lo que habíamos planeado. Esa misma noche, después de la pesca en la tarde y la cena, el guía principal nos llevó en la lancha grande a lamparear para ver de cerca a los caimanes, los cuales se mueven en gran abundancia en la oscuridad. Atrapó a uno pequeño (75 cms) con la mano y después también a un "bagre caminador" que parece un visitante de otro planeta, con escamas como de cocodrilo, aletas frontales muy grandes que usa para caminar en tierra y una boca sin dientes pero del tamaño de la mitad de su cuerpo.

Otra cosa que vimos, fue a los murciélagos pescadores, los cuales atrapan peces y ranas en la superficie del agua.

Para el tercer día, ya me dolía el hombro izquierdo y mis lanzamientos comenzaron a decrecer en distancia, pues tanto lanzar y las peleas tan fuertes con los peces comenzaron a mermar mi viejo brazo. Sin embargo, me dije que no había viajado tan lejos para rajarme y seguí pescando hasta que literalmente ya casi no podía levantar la caña. La ultima tarde de pesca, dejé mi orgullo a un lado y acepté la oferta de otro compañero, quien me prestó una de sus cañas de spining, con la cual pude sacar un par de Tambaquies, que sobrepasaron los 5 kgs cada uno. Este es un pez que se parece mucho al "permit" o palometa marina, pelea fortísimo y me tomó casi 10 minutos el sacar cada uno. Un buen cierre de la pesca.

Al día siguiente, a las 5 am, el barco comenzó el regreso, nos detuvimos a media tarde para visitar una aldea nativa, en la que pudimos visitar algunas de las casas y ver su modo de vida, lo que para la mayor parte de mis compañeros era la primera experiencia con las condiciones en el tercer mundo.

Llegamos a Iquitos al día siguiente a las 9 de la mañana, el viaje redondo del barco fue de de mas de 1150 kms, magníficas comidas, variadas y abundantes. Desde luego no todo es óptimo, por ejemplo, el agua para las regaderas era bombeada directamente del río o la laguna, pero por lo demás, no me puedo quejar. Después de un par de horas para hacerla de turista y comprar unos cuantos trebejos como buen turista, nos embarcamos para el vuelo de regreso a Lima.

Mis intenciones iniciales, eran las de seguir de allí hacia Machu-Pichu, pero los paros camioneros y la escasez de gasolina me hicieron cambiar de planes, pues no quise arriesgarme a quedarme atorado en algún lugar sin salida. Así que hice arreglos con la compañía aérea y volé de regreso a Dallas (después de esperar más de 6 horas en el aeropuerto).

En fin, un viaje con altibajos, pero que creo que yo recomendaría a cualquiera que tenga algo de espíritu aventurero.

por Héctor Macedo



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