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Una mañana de invierno
Confusiones, reflexiones y mucho tiempo para pensar...

 

¿Qué podemos hacer en una mañana de invierno? Ésta es una pregunta que seguramente muchos como yo nos hacemos cuando un domingo a la mañana nos despertamos temprano, miramos por la ventana mientras nos preparamos unos mates viendo que aún y como la noche anterior, sigue lloviendo.

Tal vez me quedaba la esperanza que si parara de llover podría ir temprano a algunos de los lugares de pesca que aún se encuentran habilitados y aunque sea solo un rato, como para despuntar el vicio.

Como ya les he contado en algunas otras oportunidades, yo vivo en Cipolletti, provincia de Río Negro, a orillas del río Negro y como seguramente también sabrán las grandes crecidas de los ríos Limay y Neuquén, que son los que al unirse en la Confluencia lo forman, hacen que el Negro venga con cantidades de agua muy pocas veces vistas. Dicen los que saben que desde el año 1957 que no se veía una crecida de tal magnitud.

Ésta crecida de los ríos hace que prácticamente no queden lugares como para ir a pescar. Sus clásicas orillas han desaparecido bajo las aguas y hoy sólo podemos encontrar chacras inundadas, desolación, y mucha, muchísima gente padeciendo el sufrimiento de la inundación. Todo este sufrimiento del que les hablo, sinceramente, hace que se me vayan todas las ganas de pescar, es más creo que sería una actitud de insensibilidad estar yo pescando mientras a 100 metros de mí hay una casa totalmente inundada, casa que sus ocupantes han debido abandonar y seguramente estarán viviendo en algún lugar prestado, algún gimnasio municipal o cualquier otro lugar que hayan podido conseguir. Es tristísimo el solo imaginar una familia en una casa con todas sus paredes húmedas, eso si es que el agua aún no ha entrado en ella, niños acostándose en colchones mojados y sin siquiera un palo de leña seco como para hacer un poco de fuego para calentarse.

Es muy difícil la situación que por esta zona se está pasando, fundamentalmente los pobladores ribereños, esa gente que cuando nos la encontramos en alguna caminata recorriendo las orillas de algún río nos tratan tan amablemente, eso siempre y cuando nos comportemos con corrección y devolviendo la atención con respetuoso trato. He podido ver en alguna oportunidad a quien por creerse mejor por haber nacido en una ciudad o por vivir en una sociedad que pudo brindarle mayores oportunidades, intenta mofarse del "paisano" o sacar alguna ventaja de su lengua más ágil, lamentablemente y aunque son los menos, los hay.

He tenido oportunidad de conocer y compartir muchas charlas con pobladores ribereños, gente que vive y ha vivido siempre "del otro lado" del río; se le llama "el otro lado" a la margen sur del Río Negro. No es mucha la gente que por ahí vive, algunos puestos muy distanciados entre sí, no sé por qué pero me imagino que así sería en la época de la conquista donde se encontraba un pequeño y humilde rancho distante muchos kilómetros del próximo.

Estos puesteros viven de algunos animales que pueden criar, algún que otro trabajo en las chacras en temporada de fruta y también de la pesca.

Me acuerdo cuando era apenas un mocoso, mi mamá siempre le compraba pescado fresco a un señor que venía en una bicicleta con un canasto tipo "reparto", tipo "pibe de la farmacia", creo que todos las deben ubicar. Para nosotros era una alegría ver llegar al "pescador", siempre me gustó el pescado y también nos gustaba mucho jugar con las truchas que aún vivas tratábamos de reanimar en un fuentón con agua, por supuesto solo nos permitían jugar poco rato, después, milanesas de pescado para almorzar.

Este pescador del que les hablo y como él muchos de los puesteros que viven a la orilla del río, cuando cae la noche van con sus botes a poner una red con la cual atrapan los peces que al otro día venden. Esta actitud es criticable de casi todos los aspectos que se la mire, y más aún si la miramos de nuestro punto de vista de pescadores deportivos, respetuosos del reglamento, fieles, devotos y convencidos practicantes del "catch & release".

Pero a veces también intento ponerme del otro lado, del lado del puestero y pienso ¿quién carajo soy yo para criticarlo? o ¿quién carajo es usted para hacerlo?

Porque él pesca para vivir, y yo pesco para divertirme. Él desde que tengo memoria que ha vivido de lo que pesca y posiblemente tres gallinas y dos corderos. No es que tiene un barco factoría y extrae miles de kilos para venderlos al comercio internacional; son solo unos pocos pescados que vende a cinco o seis familias que aún le compran y que le vienen comprando desde hace muchísimos años. Les puedo asegurar que no se hacen ricos con eso.

En cambio si critico al otro, al que no viviendo de los pocos pesos que pueda hacer vendiendo dos kilos de pescado, se va al río un fin de semana a poner redes y llenar los freezers para convidar a toda su familia y amigos con pescado, esos sí son furtivos; cosa que también supe hacer en su momento y que, gracias a la pesca con mosca he podido cambiar.

Casi me siento como el tipo que fumó durante un montón de años y hoy no sólo no puede ver el cigarrillo, sino que le molestan las personas que fuman.

Por ahí podrán pensar "qué confundido que está este pibe", quien sabe por ahí es cierto, pero ellos han vivido así toda su vida, sus padres vivieron así toda su vida; hoy por supuesto saben que lo que hacen está penado y por eso las redes se ponen de noche, pero que la ley no lo permita no significa que lo que hacen esté mal, o por lo menos para ellos. Yo la verdad que no creo que esté mal. Aparte porque ellos a su manera también cuidan el recurso; cuidan de ir rotando sus lugares de pesca, cuidan de pescar solo lo necesario.

También les puedo asegurar que siempre estarán dispuestos a brindarle una mano en el momento que Ud. la necesite y a atenderlo de la mejor manera posible si es que va a su rancho a visitarlo y tomarse unos mates.

por Claudio Alberto Jerez



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