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Historias cordobesas

Quiero hablarles de pesca, pero de la pesca en las Sierras.

 

Un lugar sin nombres espectaculares pero que te envuelve y te hechiza. Un lugar que te hace respirar con él, como si sus suspiros ondulando los pastos te marcaran el ritmo, ritmo que se incorpora sin esfuerzo, ritmo que marca la vida de su gente.

De pronto te encuentras caminando en su piel con la sensación de no buscar nada en especial, no hace falta, solo disfrutas de una paz que te cambia la visión de las cosas mundanas, desplazándolas a planos en donde se hacen casi irrelevantes. Y comienza la excusa, una excusa que te permita profundizar más aún esa idílica conexión: la pesca. No importa qué, cuándo, cuánto, ni dónde, importa cómo. Importa que seas sutil, que seas simple como el paisaje y ondulante como su respiración. Importa que sientas, no que te hagas sentir. Y comienzas a disfrutar; los molles y tabaquillos te indicarán los senderos por los cerros mientras te cuentan historias maravillosas que sus abuelos les contaron, historias sobre la antigua gente, igual a la de ahora pero distinta, y te la contarán con una lágrima quien sabe porqué. Los ríos te mostrarán sus almas, te dirán que las historias de sus amigos son ciertas, y te ofrecerá su propio cuerpo como aquel ser generoso que te brinda lo mejor de su casa como bienvenida, sin importar de donde vengas. Y te contará en cada remolino, en cada cascada, historias sobre peces e insectos y sus juegos interminables con su sangre.

Y allí estarás vos, tratando de ser parte de ese juego para escribir tu propia historia, matizada con recuerdos y emociones trasladadas desde otros lugares y otras condiciones. Y así continuarás pescando con la sensación de que todo te habla - árboles, agua, piedras -, pero sin bullicio, solo susurrando.

Quienes hayan pescado en nuestras Sierras te lo pueden contar.

¿Quién no sintió la sensación de un cálido abrazo al encontrar la bienvenida del recodo de un río tras un cerro que nos invitaba a cruzarlo, o al percibir el aire fresco y la voz ronca de una nube tormentosa que se nos acerca?.

Quizás por todo esto es que, siendo un no muy buen pescador, nunca me sentí abatido tras una floja jornada de pesca, por el contrario, volví siempre con un aire nuevo, respirando distinto, como si la fortuna me hubiera tocado. Sentimiento que me obliga a contarte de las Sierras y de su pesca, pero cuidado, quizás las conozcas y no puedas dejarlas.

por Daniel "turco" García




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