Acceso Premium

    Usuario:
    Contraseña:

Inicio
Cierre de temporada de pesca 2008

Mientras alguien preparaba el mate, el grupo decidió alejarse de la cordillera intentando tomar distancia de la columna de ceniza piroclástica, que distante algo más de 100 kilómetros, desde el horizonte alertaba sobre la magnitud del evento.

 

Concientes de que la temporada de pesca nos daba en esta oportunidad, la posibilidad de pescar un ultimo fin de semana, organizamos una salida para hacer el cierre en el arroyo que mayores satisfacciones nos había dado hasta entonces.

Grande fue la sorpresa cuando al despertanos el día anterior vimos que el jardín de entrada estaba cubierto de blanco, algo se veía extraño, ya que nieve no era y tampoco hielo de una helada como en la que algunas mañanas suele acompañarnos. Con cierta desconfianza abrimos la puerta y tocamos la fina ceniza que se estaba depositando sobre las veredas y los marcos de las ventanas de vidrios repartidos.

Tal cual es costumbre prendimos la tele y presurosos consultamos el canal 4 que nos informa cada mañana sobre la actividad local, en esos momentos estaban en dúplex con unos funcionarios de la República de Chile que nos daban información sobre la creciente actividad del volcán Michimahuida, haciendo gala , cómo los caracteriza, de que desde hacía algún tiempo venían monitoreando la actividad sísmica y que finalmente según sus predicciones, éste había hecho erupción y que una enorme columna de ceniza se erguía varios kilómetros sobre el domo del volcán mencionado.

Nerviosos como testigo falso, intentaban minimizar la situación, pero las imágenes mostraban que la gente de la localidad del Chaitén era desalojada de sus casas con lo puesto y subidas a barcazas para evacuarlas por mar en buques de guerra.

Ante esta realidad y presurosamente consultados, se vio a los funcionarios locales hacer gala de sus reconocidos conocimientos en vulcanología, decirnos que no iba a pasar nada y que la emergencia sería monitoreada por un comité de crisis que por supuesto estaban tratando de organizar.

La experiencia de vida indica que cuando nos dicen que no pasa nada, probablemente tengamos que prepararnos para lo peor, ya que es notable la improvisación y la falta de humildad de aquellos a quienes se consultaban, nadie en ningún momento fue capaz de decir "no se".

Pero cómo la idiotez no tiene fronteras, a las pocas horas de iniciarse la evacuación de nuestros vecinos de la cercana localidad chilena del Chaitén, las autoridades que horas antes hicieran gala del monitoreo de la actividad sísmica, sin que se les cayera una mueca, concluyeron que no se trataba del volcán Michimahuida sino de uno cercano al que se apresuraron en bautizar con el nombre de Chaitén...

Unos densos nubarrones oscuros, que días más tarde comenzamos a diferenciar, como de ceniza volcánica aparecieron sobre la localidad de Esquel, aquella mañana del sábado 3 de mayo. Por la ventana descubrimos que la ceniza acumulada hasta entonces tenía un espesor de aproximadamente 1 pulgada que cubría el auto, las rejas del portón de entrada, las veredas y hasta el propio pasto. Pero estaba previsto hacer el cierre de temporada y a pesar de la situación no dudamos un minuto en seguir adelante con nuestros planes, ya que lo tenía que pasar pasaría de igual modo y si éste debía ser nuestro último día sobre la faz de la tierra, ningún escenario sería mejor que aquel que nos atrapase que con una caña de fly en la mano.

Resueltos los detalles de último momento, subimos al viejo VW1500, nunca taxi, a la señora Raine Golab y a mi otro amigo, Guillermo Schuh que igual de inconcientes aceptaron iniciar la travesía en medio del paisaje lunar en el que se había convertido todo, lo que hacía un par de días emulaba al paraíso por todos conocidos.

Mientras alguien preparaba el mate, el grupo decidió alejarse de la cordillera intentando tomar distancia de la columna de humo piro plástica, que distante algo más de 100 kilómetros, desde el horizonte alertaba sobre la magnitud del evento en cuestión. A medida que avanzábamos por la ruta de ripio, el panorama era más y más desalentador. No era ese blanco refulgente de la nieve, sino un gris opaco y sucio. A la distancia, veíamos pequeños twisters de ceniza recorriendo sin obstáculos la llanura.

Al auto le entraba ceniza por todos lados, nuestra compañera, totalmente ajena al peligro, parloteaba alegremente sin cubrirse sus maltrechas vías respiratorias, ni siquiera se nos había ocurrido proteger el filtro de aire del auto. Los otros que se animaron a viajar -no éramos los únicos locos- levantaban con sus vehículos una densa nube de ceniza que en nada se parece a las habituales de polvo patagónico.

A medida que nos alejábamos de la ciudad en procura de nuestro arroyito, la soledad se nos antojó un poquito... peligrosa...

Pero no nos quedaríamos sin pescar! Ni bien descendió de "la protección" del auto, Raine se puso un barbijo que había traído, tan descuidada no había sido. Sinceramente, habiendo contemplado azorados el paisaje lunar, desolado, inanimado de la meseta, poca esperanza teníamos. Sin embargo, el agua corría cantarina y traslúcida como siempre, y las truchas la recorrían como siempre.

El wader, en este caso, nos protegió más de la ceniza que del agua. Nos divertía vernos levantar tras nuestro una nubecita de polvo al caminar, tal como cuando en los dibujitos animados, el Correcaminos levanta velocidad.

Como jornada de pesca y camaradería, fue todo un éxito. Las Prince lastradas fueron las moscas estrella de la jornada. Evidentemente el cataclismo había sido demasiado reciente y a pesar de los manchones de ceniza en suspensión sobre el agua, las truchas se comportaban maravillosamente. Tan desentendidas como nosotros de la situación.

Estuvimos poco rato porque los efectos de la ceniza en nuestros equipos empezaron a hacerse sentir y la sensación de abrasividad de ésta, pegada a las líneas, los waders y botas de vadeo totalmente blancos y, por momentos, la dificultad al respirar, nos hizo entrar en razones, brindar por la temporada que se cerraba y volvernos a casa después de fotografiar a un hermoso hurón que se abría paso en medio de la adversidad.

Pasado unos días y en medio de un mar de predicciones agoreras e informes tremendistas sobre el futuro, miramos las fotos de la salida y las imágenes nos hicieron reflexionar sobre todo este asunto: la naturaleza se abre camino inexorablemente y nos muestra con un simple estornudo el verdadero poder que sobre todos nosotros detenta.

Fue una verdadera locura ir a la meseta aquel día, pero nosotros, al igual que aquel hurón y las truchas, aceptamos las limitaciones del momento y a pesar de la loca idea de hacer la salida de pesca en semejantes condiciones, coincidimos que volveríamos a repetir la experiencia.
A pesar de todo , ¡La vida continúa!

Horacio Galván



Artículo Relacionados
Excelente apertura de temporada de pesca en Esquel
Nos la teníamos merecida

Categorías

Buscador




 
antes de la ceniza
antes de la ceniza
despues de la erupción
despues de la erupción
arroyo de aguas emergentes
arroyo de aguas emergentes
paisaje lunar
paisaje lunar