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Pescando en el Chimehuin

¿Quien no ha oído hablar del Chimehuin? Este río es quizás el de más renombre en cuanto a la pesca con mosca en la Argentina se refiere.

 

Esa fama que trascendió nuestras fronteras se escribió con letras de oro hace muchos años, cuando los primeros pioneros lo conocieron en todo su esplendor y le extrajeron de sus agua los grandes records que aun hoy son prácticamente imbatibles: Eliseo Fernandez, Charles Radzwill y José "Bebe" Anchorena son los más recordados por esas capturas.

Hoy en día la pesca en este ámbito como en muchos otros de nuestra Patagonia ha declinado notablemente, sin embargo, en algunos lugares sigue dando satisfacciones importantes a quienes conocen sus secretos y lo pescan habitualmente. La magia de sus aguas y de sus grandes truchas siempre está presente y es difícil abstraerse a la sensación de respeto y admiración que su solo nombre genera.

En nuestra última salida de pesca en los primeros días de marzo, decidimos ir a probar suerte en este mítico río y tuvimos la gran fortuna de ser acompañados por un amigo y guía con mucha experiencia y conocimiento profundo del Chimehuin, nos referimos a Coco Funes. Concurrimos a pescar dos tardes seguidas, la primera de ellas al lugar conocido como "el basurero" cuyo nombre se debe a que en ese lugar, aguas abajo de la ciudad de Junín de los Andes, el río linda con los terrenos del basurero municipal de ésta.

Dejamos nuestros vehículos en una entrada lateral al citado basurero (aproximadamente a un par de kilómetros de la ciudad) y recorrimos unos mil metros bordeando la costa hasta llegar al lugar de pesca elegido por nuestro amigo, quien por supuesto era el que mandaba.

Una gran corredera y algunos pequeños pozos sobre ambas costas en una doble curva pronunciada similar a una "S", con sauces cuyas ramas rozaban el agua eran el marco que encontramos a nuestra llegada y nos auguraban buenas capturas. Coco, gran conocedor del lugar nos indicó que vadeando hasta el medio del río se podía castear sobre cualquiera de las dos márgenes y llegar a esos pequeños pozos. El sueño de todo mosquero realizado: castear de acuerdo a su comodidad hacia el sector del río que más le conviene evitando el fuerte viento lateral que, por supuesto e infaltablemente, nos acompañaba.

Las capturas fueron numerosas aunque los tamaños no colmaron las expectativas. Las moscas más rendidoras fueron una imitación del gusano del sauce atado con ultrachenille verde fosforecente en tamaños #14-16 y un scud en tamaños similares. Las líneas de hundimiento II también resultaron las más efectivas. A última hora y ya volviendo, una eclosión de midges nos brindó un rato muy divertido, siempre con truchas pequeñas. Coco hacía rato que nos había dejado porque debía ir hasta el Collón Curá a buscar a Gustavo y un par de clientes que terminaban una flotada de jornada completa, pero prometió llevarlos a otro sector del río donde las chances de obtener alguna pieza de mayor tamaño se acrecentarían. Esperamos ansiosos hasta el otro día.

La tarde siguiente también resultó muy ventosa pero nuestras ansias por realizar una mejor pesca eran muchas y partimos hacia nuestro segundo encuentro con el Chimehuin: la unión con el Quilquihue fue el lugar elegido en esta oportunidad.

Dejamos nuestros vehículos debajo del puente que cruza el Quilquihue sobre la ruta nacional 234 y luego de vadear el río emprendimos una marcha de aproximadamente 500 metros hasta donde descarga sus aguas en el Chimehuin. A partir de allí un pedrero que baja suavemente pero generando aguas blancas y una extensa corredera fueron nuestra primer vista del campo de batalla. Vadeamos el Chimehuin agarrados del brazo en dos grupos: uno de tres y otro de dos pescadores, aunque parezca mentira todavía el río trae bastante agua, como si estuviéramos recién empezando enero.

Luego de la corredera, una amplísima curva nos dejaba un sector de pesca muy extenso sobre la margen derecha, con varios pozones consecutivos y siempre los sauces con las ramas besando el agua. Más adelante una isla dividía el río en dos brazos muy pescables también. Luego de reconocido el lugar y atentos a las indicaciones de nuestro amigo, nos dedicamos a pescar. Por mi parte Matuka y línea de hundimiento IV, a los pocos minutos pinché una linda arco iris que luego de pelearme un rato bien asentada en la corriente se desprendió sola. Gaby y Leandro sacaron sus primeras truchas también rápidamente pero los tamaños eran similares a los del día anterior.

Pero luego de un par de horas la cosa empezó a cambiar: Coco sacó una muy linda arco iris que pasaba holgadamente el kilo de peso y Guillermo un par, también de buen tamaño. Un rato después y luego de poner una Muddler Minnow con ala naranja que gentilmente me obsequiara Coco para compensar, al menos en parte, la caja de streamers que el Chimehuin me cobró para hacerse mi amigo, tuve la mejor recompensa de la jornada, una hermosa marrón de más de dos kilos y medio que dio una gran pelea incluyendo un par de saltos acrobáticos. Un ratito después, mi hijo Leandro tuvo un pique que hizo suponer la mejor captura del día, lamentablemente luego de un par de cabeceos extremadamente violentos, cortó el tippet.

En una oportunidad mi streamer fue tomado violentamente apenas cayó al agua como si fuera una mosca seca, ni siquiera intenté clavar puesto que no estaba preparado para eso y obviamente al tensarse la línea no había nada en el otro extremo. A Guillermo le ocurrió exactamente lo mismo en dos ocasiones.

La jornada continúo con buenas capturas y una actividad sorprendente a última hora que nos dio mucha pena tener que dejar pasar porque el río estaba demasiado peligroso para vadearlo de noche en esa zona y preferimos ser precavidos y cruzarlo con algo de luz.

Según Coco, para que el "Chime" de pescados hay que hacerse amigo, hay que hablarle, hay que conocerlo y tiene que conocernos, entonces, cuando eso ocurre, la magia y la leyenda que transporta desde tiempos pasados se presenta y captura para siempre al pescador. Algo de eso debe ser cierto.

por Héctor Gugliermo



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