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Utopía

Un fin de semana cualquiera, como suele suceder cuando tengo un poco de tiempo libre, me levanto temprano, aún antes del amanecer y me dirijo al río.

 

Antes de salir de casa agarro mi mochila y el estuche con mi caña; beso a mi esposa y a mis hijos, quienes aún se encuentran dormidos. Creo que a todos los apasionados por tal o cual actividad les pasa, durante la semana me cuesta muchísimo levantarme para ir a trabajar pero cuando llega el sábado me despierto solo y a la madrugada como para poder aprovechar cada segundo y estar cuanto antes en esa orilla de ese río y tratar de aprovechar todo el pique de la mañana.

Llego al río cuando aún no ha amanecido. Me gusta sentarme en su orilla, tomarme unos mates fumando un cigarrillo. Se siente áspero a esta hora de la mañana, pero lo disfruto. Mientras espero la salida del sol contemplo toda esa vida que va despertando; y camuflándome en mi quietud con el paisaje paso casi totalmente desapercibido. No hago movimientos bruscos, solo observo; la brasa de mi cigarrillo avivándose en cada pitada traslada mis pensamientos a tantos recuerdos de fogones compartidos con amigos, en esas largas charlas trasnochadas de campamento donde se mezclan la filosofía de la vida con la distensión de un día de pesca.

Ahora y como muchas veces, me encuentro solo. Ojo, lo disfruto. Me gusta compartir con amigos mis salidas de pesca, pero también necesito escaparme solo con mi conciencia de tanto en tanto.

Atento escucho el silencio, ese silencio de campo, silencio de río, solo perturbado por el ruido de una Pata que con sus pichones pasa casi rozando mis pies como si no se hubiera percatado de mi presencia, o como si mirándome hubiera podido entender que jamás estuvo tan segura frente a un humano como en ese momento, como si se hubiera dado cuenta que mi felicidad estaba en poder admirarla y escucharla. Sí, escucharla, como si estuviera aleccionando a sus pichones. Lentamente se aleja.

Cada tanto se escucha un chapoteo y urgente busco su origen con la mirada. Tarde, no alcanzo a verlo pero por supuesto que lo reconozco, lo he visto y escuchado en miles de oportunidades, casi creo que es el mismo, un Arco Iris que atropella con sus mandíbulas apenas abiertas sabiendo que su éxito depende de su velocidad y habilidad como cazador. Por largo rato me quedo mirando en esa dirección, esperando poder verlo para fijar en mis retinas, cual fotografía, esa imagen. A veces pienso y me esfuerzo en grabar en mi memoria cada detalle de este paisaje para luego poder revivirlo una y mil veces cuando esté lejos.

Ya está amaneciendo. Reflejos rojos y amarillos tímidamente asomándose por el Este. Es hora de ir preparando el equipo. Reviso unas moscas nuevas para asegurarme de haberles aplastado la rebaba. Me gusta una Midge bien lastrada, la cual tengo idea de probar en un pozón al que hasta hoy nunca le presté mucha atención. Habitualmente comienzo mi jornada pescando las orillas pero hoy voy a cambiar e iré a ese pozón.

Miro para atrás, un último vistazo tratando de no perderme de nada. Antes de salir levanto una piedra, no es que mis conocimientos entomológicos sean los de un experto, pero algunas veces encuentro en mis cajas de moscas alguna parecida a lo que encuentro debajo de esa piedra. La vuelvo a dejar, tratando de no variar su posición original y sigo mi camino.

Me siento bien, se respira aire de tranquilidad, aquí no hay contaminación, no llega la civilización y las personas que suelen venir no dejan nada que delate su paso por este lugar. Todo lo que se ve es generado por la naturaleza; muy atrás han quedado esos días en que por más recóndito e inhóspito que fuera el lugar al que se fuese siempre podían hallarse pedazos de papel, latas vacías, atados de cigarrillos arrollados y tirados. Hoy la gente ha tomado conciencia de la importancia de mantener los ríos y su entorno limpios. Muchas campañas de concientización financiadas por el gobierno por fin han dado resultado y hoy podemos disfrutar esos resultados.

Hago mi primer lanzamiento de la mañana, dejo profundizar, apenas si recojo con lentos movimientos de mis dedos y el pique no se hace esperar, es un imponente ejemplar de Marrón. Cuando consigo traerlo hasta mis manos y luego de una feroz pelea, el cansancio se ve en sus ojos. Me llevó tiempo reanimarlo pero lo logra. Cuando por fin lo veo sostenerse solo alejo mis manos pero no se va, es como si hubiera entendido mi proceder, como si entendiese que a mi lado está seguro, que su vida no corre peligro como había creído, pero seguramente molesto por el pinchazo. Poco a poco se retira.-

Sigo casteando durante un par de horas más logrando varias capturas, pero no podía dejar de pensar en la mirada de esa Marrón. Hoy todos los pescadores practican el "Catch & Release", no es que me sienta original por eso. Si hasta los cultores del spinning le sacan la rebaba a sus anzuelos y ya no pescan con triples, hoy en día todos entienden el por qué de la devolución con vida de los ejemplares capturados. Lo que hace muchos años atrás se veía como una utopía hoy es una realidad.

Ya casi son las 8 de la mañana, han aparecido más pescadores. Me siento bajo un árbol a observarlos, son mosqueros. Veo como uno tras otro se les van dando los piques e invariablemente y tras la fotografía de rigor viene la oxigenación del ejemplar y su posterior devolución. Atrás han quedado los tiempos en los que tras la captura venía el golpe en la cabeza y el acopio en grandes cantidades, todos colgados de un árbol.
Cómo han cambiado los tiempos, gracias a Dios para mejor.

Escucho un ruido que bruscamente me saca de mis cavilaciones, es una camioneta en la que vienen 4 personas, vienen hablando y riendo, demasiado bullicio para mi gusto. Cuando se bajan arman sus equipos, veo punteras, líneas de fondo, pequeños tarros que seguramente y al verlos encarnar contienen lombrices.

Me doy cuento que he vuelto a la realidad, miro a mi alrededor y comienzo a ver papeles enganchados entre la vegetación, un poco a mi izquierda hay un pañal tirado; en el río viene flotando una bolsa con basura. No me causa sorpresa el ver como está arruinado mi querido río, no es como yo quisiera verlo.

Como puedo, y en una bolsa que siempre llevo para mis residuos voy juntando lo que puedo pero me supera la cantidad que hay.

Los pescadores que acaban de llegar ya están metidos en el agua, veo que uno logra una captura, es una hermosa trucha Marrón, desde aquí puedo observar que debe pesar aproximadamente 1 Kg. o quizás un poco más. El pescador sale del agua y le da un golpe contra una piedra y la mete en un bolso. Tiemblo al pensar que quizás esa trucha marrón de ojos cansados que estuvo a mi lado pueda ser capturada por esas personas.

Ahora entiendo el por qué de la mirada triste y cansada de esa trucha. Al verse vencida y a sabiendas de lo que seguramente le ha pasado a otras de su misma especie, solo estaba esperando la muerte; ahora entiendo el por qué se quedó un momento a mi lado, quizás aún no tomaba conciencia de que la crueldad que hasta ahora había visto en los humanos no se encontraba presente en mí.-

Ya no puedo pescar más por hoy, me molesta el ver a esas personas y su accionar. También me molesta el no poder hacer nada para evitarlo, están tan arraigadas esas costumbres depredadoras que estoy seguro que si trato de hacerles entender mi posición sería tomado como loco y hasta podría sufrir algún tipo de agresión.

Decido irme y esperar a volver otro amanecer en que mi soledad me transporte a ese mundo ideal en que la pesca deportiva sea la generalidad entre mis pares; pero también sé que hay muchas otras personas como yo, que más tarde o más temprano han podido comprender la necesidad de cuidar todo lo que hoy tenemos y que cada día se va degradando.

Me queda la duda si mi actitud es correcta, siempre lo pienso, por ahí lo que tendría que hacer es tratar de explicar in situ a esas personas sobre lo equivocado de su proceder, pero me quedo en el intento. Entonces vuelvo a casa y me pongo a escribir; tratar que las personas que tengan oportunidad de leer mis vivencias puedan sentir lo que yo siento al devolver una trucha. Si sólo pudiera convencer a uno, creo que sentiría que lo que hago no es en vano.

Y quizás algún día ese mundo que solo existe en mi imaginación, ese mundo sin basura, ese mundo de tranquilidad y de pescadores respetuosos de sus oponentes pueda llegar a hacerse realidad.

Pienso en mis hijos, hoy son muy pequeños como para pescar, pero estoy seguro que cuando estén en condiciones de empuñar una caña voy a poder inculcarles el respeto por la naturaleza y fundamentalmente el respeto por todos sus integrantes: No matar, dice uno de los mandamientos, yo creo que habría que agregarle "por placer" y aclarar que no solo hace referencia a nosotros los humanos, sino a todas las criaturas del planeta.

Por lo pronto seguiré escribiendo y hablando a quien quiera escucharme e iré al río lo más temprano posible para así, junto con mi soledad poder imaginarme ese mundo utópico que llena mi espíritu y me impulsa a seguir luchando y disfrutar de esta pasión que llevo en el alma, la Pesca con Mosca.

por Claudio A. Jerez



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