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Ranario

Un monótono tono grisáceo tiñe los rústicos frentes de hileras de casas por la calle Artigas, junto a los cordones y estacionados, un sinfín de modelos antiguos ya tan poco vistos,

 

nos llama la atención y nos remonta a tiempos ya idos, Ambasador, Chevy, Di Tella, un Fairlane, otro 400, una Studebaker, sorprende y divierte tras la bocacalle, secreto el deseo de hallar un Torino.

Transcurren las cuadras, y un supermercado con precios muy bajos, concentra en su playa de estacionamiento cientos de clientes, que empujan carritos repletos de cosas, del lado de enfrente es grande el contraste, enorme es la granja de rústico estilo, el crujir del pasto, bajo nuestras ruedas anuncian el cambio que se avecina, atrás la ciudad, semáforo y ruido, 100 metros adentro, sinuoso el camino entre los corrales, olores de campo, caballos, ovejas, las vacas, los chivos.

Transponiendo la tranquera al fin del camino, siguiendo el letrero que anuncia un ranario, se observa en el fondo, junto a una cabaña, en medio del campo, un grupo de amigos, son socios de la AMBA, sentados tranquilos, repartiendo equipos, cañas de 2 tramos, distintas medidas, se ajustan los reeles, se aprestan las líneas, lanita en la punta, todo es movimiento.

Aún asombrados por tal concurrencia, recorren los sitios enseñando atentos, son muchos alumnos de edades distintas que vencen la inercia de quebrar la mano, mientras los que saben se acercan y muestran con modos amables, detener en seco la caña en un punto.

A todo lo largo del curso de agua, se intentan casteos, mejorar los tiros, otros mientras tanto, charlan de mil cosas, en torno del mate y las medialunas, todos se preparan y alistan sus moscas, que secas imitan una galletita, de pelo de ciervo, de foam o látex.

Esperan la hora, flotando el estanque un grupo de patos de enorme tamaño patrulla las costas y al caer la tarde arrojan sus moscas por corto momento, intentando todos el gran desafío, clavar una carpa, de rojos intensos, que desde la otra orilla se asoma y espía.

El parque que circunda la Facultad de Agronomía, se ha transformado para esta altura, en el clásico destino de nuestras tardes de sábado y los integrantes de la Asociación Mosqueros de Buenos Aires, cariñosos anfitriones cuidan este espacio de sana camaradería, para quienes compartimos la pasión por la pesca con mosca en la Ciudad de Buenos Aires y no dejamos de disfrutar y sorprendernos de todo cuanto nos rodea en cada momento.

por Horacio Galván
fotos: Juan Ferruchelli y Esteban Kutsch



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Héctor carpeando
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devolviendo una carpa
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