Acceso Premium

    Usuario:
    Contraseña:

Inicio
En el alma es para siempre

Es una de esas tardecitas de pesca, tan especiales, Ricardo está en ese lugar del río que eligió para ese momento.

 

Caminó mucho y pescó varias truchas durante el día, pero ahora siente que ahí, a esa hora y con esa mosca, puede lograr el broche de oro de la jornada. 

La adrenalina se hace sentir cada vez que la mosca recorre el borde del pozón, prueba con distintos lanzamientos y con distintas velocidades, hasta que, cuando ya estaba calculando los últimos metros de línea como para levantarla, ésta se frenó de golpe, y por reflejo, la clavada. En respuesta solo siente un cabezazo brusco y lento, después, nada. Parece que El tiempo se detiene para los dos, están frente a frente, Ricardo y el broche de oro, como preguntándose que pasa y sin saber que hacer. Ricardo se decide a tironear un poco más de la línea, para ver que resistencia le oponían y en respuesta recibe dos cabezazos más y una corrida río abajo, lenta pero muy firme.

En ese momento empieza a tomar conciencia de lo que estaba prendido de su mosca, y con la mirada fija en los loops que aún quedaban sueltos, pensaba en retirarse a la orilla y por allí acompañarla, porque corriente en contra, el trabajo de arrime iba a ser imposible.

A partir de ese momento todo fue entre el hombre y el pez; tira y afloja, afloja y tira, pero siempre lento, sin saltos, sin revolcadas, solo cabezazos. Lo único rápido eran los pensamientos de Ricardo, -esa raspadura que tengo en la línea ¿aguantará?, ¿estará bien el nudo de la mosca?, ¿habrá algún tronco ahí abajo?

Cada cual tiene sus razones para pelear, la trucha porque cree que es por su vida, y Ricardo por hacer más feliz la suya.

Finalmente el pescador fue feliz, la tomó con mucho cuidado y por unos segundos se detuvo a admirarla; buenos colores, lomo ancho, gorda, macho con esa cara de enojado tan particular, era tan hermosa que ni siquiera le calculó el peso; lentamente la sumergió en el agua, y después de oxigenarla un poco, la soltó. Al contrario de lo que el pensaba, se quedó ahí, estática, respirando normalmente, pero sin irse, como si supiera que ya nada le iba a pasar; Ricardo la miraba extrañado y se animó a acercar la mano, logró acariciarla dos veces más, antes que ella decidiera buscar las profundidades, la trucha también fue feliz.

El sol se perdió tras las montañas, el pescador levantó la vista y le echó una última mirada al lugar. Estaba cansado, pero se sentía lleno de energía, una hermosa expresión se dibujaba en su rostro, mezcla de placer, satisfacción y pasión y hasta ganas de gritar, como para liberar tanto sentimiento.

Fue el primero en llegar al campamento, estaba sentado en un sillón, con las piernas estiradas y echado para atrás con, todavía, todo el equipo puesto, cuando empezaron a caer los otros.

Le siguió Cotty, que desde lejos dice, - Ricardo, tan bien te fue, tenés una cara que parece que hubieras estado pescando con Dios; y éste le contesta, - pescando no, pero sí estoy seguro que fue testigo que era una hermosa marrón.

De pronto se escucha a Coco, que aparecía de atrás de unos matorrales diciendo,- ¿ la trajiste?, junto con esta sabes que chupín nos hacemos, mientras mostraba una arco iris de buen tamaño y ya eviscerada.

Ricardo, -¿me estás jodiendo pajarón?, si sabés que las devuelvo todas.

Coco,- Andá, no sabés lo que te perdés.

Ricardo,- Tal vez, pero sí sé lo que vos nos hacés perder a todos.

Paren, paren, ya están peleando. Exclama Pepe que acompañado por el Negro llegaban con algunas truchas más.- ¿Cómo les fue?, ¿Pescaron bien?. Ricardo mira las truchas y agacha la cabeza; nadie habla, a partir de ese momento, solo se escucha el ruido del agua de la corredera más cercana; cada uno se dedica a lo suyo, encerrados en sus sentimientos y orgullosos por sus formas de proceder, y que interesante, tan diferentes unas de otras.

Coco es el más veterano, pescó desde chico con el padre y los tíos, nunca se le habría cruzado por la cabeza, la idea de devolver una trucha al agua, "largar el pescado", como dice él. Hay que reconocer que ahora, respeta el reglamento, pero como pesca bien, si tiene la posibilidad de quedarse varios días, te limpia la corredera, para él el placer de la pesca termina en el plato.

Ricardo hace varios años que no mata; Cotty, igual. El Negro y Pepe pescan la mayoría de las veces juntos y con la misma política. Dos muchachos jóvenes, que no hace mucho se dedican a esto, no las matan todas cuando pescan suficiente, el número de truchas a sacrificar, está íntimamente relacionado con lo que el reglamento permite y con los compromisos familiares o de vecinos y amigos.

Siguen todos callados, el asado y la trucha de Coco ya están en la parrilla; éste sentado cerca, con un palo en la mano, remueve las brasas aunque no haga falta, se siente mal, no por la trucha que se va a comer, sino porque su compañero de pesca de tanto tiempo se siente mal..

- Muchachos,-comenta- no podemos hacer algo como para que cada vez que vengamos a pescar, el hecho de matar o no matar, no sea un problema que nos haga pasar malos ratos?.

Enseguida salta Ricardo diciendo,- lo que pasa Coco, es que el problema que nosotros tenemos en este grupo, es como una pequeña sucursal del gran problema que hay con todos los pescadores del país, los que cada vez son más y las truchas cada vez menos.

- Epa, que arranque,- dice Cotty,- como se nota que estás embuchado..

Ricardo esboza una sonrisa y el clima parece mejorar, tal vez puedan seguir charlando de este tan controvertido tema, que buena falta les hace.

El Negro, que hasta el momento solo se había dedicado a faenar su pesca, levanta la cabeza y pregunta en forma casi desafiante,- Che, Ricardo, a vos te molesta que nosotros matemos truchas? Ricardo respiró profundo, giró la cabeza buscando los ojos que no encontró y dijo - no Negro, no me molesta que maten truchas, lo que me molesta es la trucha muerta, porque es una trucha menos que está en el río al acecho de una mosca, me molesta que no tomen conciencia que ya no es como antes, si cada año los escucho comentar que ya la pesca no es la misma, pero sin embargo le siguen metiendo palo, a veces hasta los he visto tirar truchas a la basura... . - Pará, pará, dice Pepe, que eso fue sin querer, lo que pasó es que ese día hizo mucho calor....,- sí, contesta Ricardo,- pero al otro día salieron con la saliva chorreando a tratar de recuperarlas.

Se hace un silencio, no se sabe si por no querer levantar más el tono de la conversación, o porque no hay posible respuesta ante una verdad como esa.

Coco sigue sentado removiendo las brasas, con el mismo palo, pero ya un poco más corto, lo apoya a un costado, se levanta y se dirige hacia donde está Ricardo,- escucháme, vos sabes que yo antes mataba todo, es difícil sacarme esa costumbre, pensá que ahora de golpe empiece a devolver todo el pescado, si mi viejo se asoma de allá arriba y me ve, se muere de otro ataque, y si llego a mi casa y le digo a mi señora que pesqué pero las largué, me tira con el sartén con aceite hirviendo y todo.

- Mirá Coco, esa forma de hablar ya es un paso adelante, porque por lo menos, lo estas pensando. Argumenta Ricardo,- yo creo que lo que vos tendrías que hacer es preocuparte por saber a que venís, si a pescar o a buscar pescado, porque veo que disfrutas mucho todo esto, la carpa, el truco, el vinito, el río, las caminatas, la pesca y todo, absolutamente todo, lo podés tener sin llevarte una sola trucha; la trucha tiene que quedar acá, en el río para que siga siendo el objetivo, y seguir dándole sentido a todo eso que tanto disfrutás. Suponte que por una u otra razón, el día de mañana el río se queda sin truchas, o quedan tan pocas que pinchar una es como sacarse la lotería, ¿qué vas a hacer?, te la vas a pasar caminando, tirando y puteando y cuando llegues al campamento vas a pensar en lo bien que se pescaba antes: te acordás Pepe aquella trucha, te acordás Cotty de aquella marrón. Eso es lo más triste que puede pasarle a un pescador, y aunque parezca mentira, en algunos ríos está pasando, los pescadores se juntan para hablar de las marrones que pescaban antes.

- Pará Loco, te fuiste al carajo- dice Cotty, que como está totalmente de acuerdo con la postura de Ricardo, solo se limita a escuchar con atención e interrumpir si ve que la cosa se pone densa.

Coco vuelve a su palo, cada vez más cortito y sin pronunciar palabra reacomoda las brasas y se sienta, sus ojos se clavan en esa hermosa trucha abierta en la parrilla.

El Negro se pone inquieto, le molesta que Ricardo se haya quedado con la última palabra, siente que la cosa no puede quedar así, se revienta el mate porque se le ocurra la frase irrefutable y muy lejos de eso se manda al ataque con la típica e hiriente,-Ricardo, vos crees que sos más que nosotros porque no matás truchas?, ¿ por ahí no te pasa que estar todo el día pescando y devolviendo y venir a comer vaca te hace sentir un poco tonto, porque yo conozco gente que si te viera diría, que estúpido ¿no?, tanto laburo y guita para pescarlas y después largarlas.

- No Negro, no, con respecto a los comentarios de esa gente, vamos a dejarlos, porque no están, no los conozco y ojalá nunca pesquen, pero con respecto a si me siento más que ustedes, te digo que no, no me siento ni más, ni mejor ni diferente, yo cada vez que devuelvo una trucha me siento bien, en forma personal, es una cosa entre la trucha y yo, y por el hecho de devolverlas todas me siento completamente bien, es una cosa entre la naturaleza y yo.

Dice el Negro - sí, pero a veces las lastimás y algunas se deben morir.

- Si, tenés razón, pero no te olvides que soy y me siento pescador, y así como hay cazadores que disfrutan tirando al platillo y todavía no inventaron la trucha mecánica, lo tomo como el precio que debo pagar para seguir pescando. De todas formas siempre trato de hacerles el menor daño posible.

- Che, muchachos, dice Coco, la trucha está lista, a la carne le falta un poco todavía, ¿ les molesta si como?.

- Dale nomás, ya vamos nosotros- contesta Cotty, mientras vuelve a llenar los vasos.

Pepe a estado muy atento a la conversación, tanto así que tuvo que atar tres veces el mismo tip y se decidió a formar parte de ella.

- Ricardo, yo reconozco que cada año hay menos truchas, por ahí, en una de esas, me decido a devolverlas, pero si yo estoy en el río por devolver una trucha y veo que enfrente un pescador las está matando, me rompe el esquema, se está comiendo las truchas que podría comerme yo.

- Si, dice Ricardo, desgraciadamente es así, pero te voy a decir algo que te puede servir, si vos te decidís a practicar la captura y devolución, tratá de que no sea por creer que con eso vas a solucionar el problema del río, porque no va a ser así, tratá de que sea porque en realidad lo sentís, empezá a mirar a la trucha con otros ojos, vela como la que a pesar de su instinto de conservación lograste engañar con tu mosca, como a esa que tanto peleó por su vida, contále los saltos, mirále los colores, acariciále la panza y cuando la devuelvas seguíla más allá de lo que la vista te permite, y así vas a ver que cuando menos lo pienses, te vas a encontrar con un hermoso sentimiento, mucho más importante que cualquier cosa que puedas ver o te puedan decir. La pesca y devolución más que una necesidad es un sentimiento.

- Sí, dice Pepe, pero el de enfrente se las sigue llevando.

- Olvidáte del de enfrente, ese trabajo es de los guardafaunas, reglamentos y dirigentes, que cuando reconozcan el valor que hay en esto, tal vez comiencen a hacer las cosas como corresponde, y Dios quiera no tarden mucho, porque es poco el tiempo que queda. Vos preocupáte por ordenar tu sentido de la pesca, cuando estés seguro de lo que querés, veremos que se puede hacer por lo demás.

- La carne se pasa, vengan a comer, grita Coco, que ya casi se había terminado la trucha.

Previo revoltijo de platos, cubiertos y conservadoras, los cinco están ya sentados y comiendo en silencio; a todos algo les pasa por la cabeza, salieron algunos comentarios sobre la pesca del día, la que se escapó, la que vieron y no pudieron hacer picar, pero todos triviales, no se encendía la llama del diálogo y nada despertaba interés.

De pronto Ricardo ve a Coco que ya está limpiando el plato y con voz suave y haciéndose el tontito le dice,-¿te comiste la trucha?, ¿Estaba rica?- Riquísima, contesta Coco,- Viste, ahora te enjuagás la boca con un sorbo de vino y se terminó. El placer de una trucha en el paladar dura minutos, en cambio en el alma es para siempre.

- Pero pará zoquete, le contesta Coco, que te hacés ahora, parecés uno de esos religiosos que te vienen a golpear la puerta porque creen que la de ellos es la única que vale.

- Disculpáme, tenés razón, me pasé un poco, pero es lo que yo siento, aunque a vos te moleste, como vos podés sentir cosas que me molestan a mí.

Cotty, que notó que otra vez la cosa se ponía densa, interrumpió diciendo- muchachos, cuando se comenzó a tocar este tema, que según recuerdo fue Coco, era para buscar una forma para que esto no jodiera al grupo, porque todos no nos ponemos a pensar un poco de que manera podría ser. A ver Negro vos que opinás.

- Y no sé, yo siempre quise pescar junto con Ricardo, porque me gusta como lo hace y en cambio me voy lejos, porque sé que no le gusta verme cuando las mato, puedo agregar a eso, limpiarlas cuando no me vea, o tal vez matar algunas menos.

-¿Vos Pepe?, - Yo igual.

- Coco, ¿ qué opinás?

- Mirá yo los estimo mucho a todos, y me gustaría que esto se arreglara, pero no les prometo nada, se habló mucho y no voy a dejar de pensar en eso, ustedes son testigos de que algo cambié, tal vez pueda seguir cambiando.- Yo, dice Cotty, tal vez no lo predique tanto, pero me gusta hacer lo mismo que Ricardo, pero ustedes saben que nunca jodo con eso. ¿ Y vos Ricardo?.

- Yo, mientras ustedes estaban hablando pensaba en algo que puede simplificar cual es mi posición y ojalá sea punto final de esta conversación. Se tomó tiempo para compaginar sus ideas y dijo;- antes que nada quiero pedir disculpas si en algún momento dije algo que doliera, pero lo cierto es que de a poco mi forma de ver las cosas fue cambiando y ahora me encuentro en una posición que es placer, orgullo y satisfacción al mismo tiempo. Yo disfruto mucho todo esto, para mí, el equipo de mosca está incompleto hasta que prendo una trucha, y pretendo tener siempre muchas oportunidades de completarlo, y quiero que mis hijos también la tenga

Todos escuchaban atentos, lo que dio pié para que Ricardo siguiera hablando.

- El otro día, leí un artículo sobre los indios y ahí comentaban que ellos respetaban mucho a la naturaleza y solo tomaban de ella, tanto como para subsistir y tan poco como para darle lugar a recuperarse para sus hijos. Eso me creo una duda que talvez alguien, algún día me responda.

- ¿Estoy tan civilizado que ya no soy capaz de matar una trucha, o estoy tan poco civilizado que pretendo conservarla para mis hijos?.......

Algunos gestos y sonrisas en alusión a la frase. Y nadie más habla del tema.

Comentarios de campamento, levantar la mesa, los platos se lavan mañana, faltaba inflar un colchón, ¿donde está el inflador?, en minutos más se desconecta el tubo, y mañana será otro día.

Cuando todavía no había aclarado, Coco, el más veterano, ya tenía agua caliente para lo que quisieran, y recorre las carpas tirando del primer pié que encuentra. Café, capuchino, mate, equipos y listos para salir, charlando de cosas comunes como antes: ¿que mosca pusiste?, parece un cometa, sí, pero no sabés como pesca. Parecían querer obviar el tema que les había quitado el descanso.

El primero que salió fue Cotty, tal vez pensando en esa corredera que se escuchó toda la noche; Coco se arrima a Ricardo y le dice - ¿a la una acá? ¿no?, -sí. Dice Ricardo; Coco lo mira a los ojos, se sonríe, le guiña un ojo y le dice, - chau, Ricki, y se va; raro, piensa Ricardo, hacía mucho que no me decía así; toma la caña, se palpa los bolsillos para ver si falta algo y emprende la caminata.

Como a los cincuenta metros ve al Negro y a Pepe que caminaban lentamente por la orilla del río, mirando para atrás como esperándolo. Cuando los alcanza les dice- muchachos, ustedes también van río abajo?.- Sí, ¿podemos?, contestan.- Como no van a poder, yo voy a ver si llego al pozón donde ayer saqué la marrón.- Si, dicen Pepe y el Negro y se mirar.- Esa marrón debe estar ahí, saben? Dice Ricardo, no estarán pensando en...

- Sí, dice el Negro, en pescarla, sino te molesta.

Ricardo se puso violeta y el Negro continúa diciendo- en pescarla y devolverla, por eso te esperábamos, porque queremos pescar con vos, así nos enseñas bien como se agarra y como se oxigena una trucha, para devolverla como corresponde.

- Si, muchachos, como no, va a ser un gran placer, dice Ricardo con un nudo en la garganta. Pescaron toda la mañana juntos y después de algunas devoluciones, las caras del Negro y Pepe comenzaron a parecerse a la de Ricardo después de aquella hermosa marrón.

por Flyheart

Nota del autor: yo pesco truchas y las devuelvo, usted también pesca y tal vez las mata, yo respeto lo que usted hace, porque alguna vez lo hice, respete usted lo que yo hago y alguna vez pruebe hacerlo.



Categorías

Buscador