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La mitología mapuche

Nguenechen, era el formador de las gentes; Antu el sol y su mujer Kuyen la luna.

 

Los bosques estaban poblados de muchos otros espíritus: Ketronamún, enano de una sola pierna que camina a los saltos y trae desgracias; trauku, un espíritu gigante de la montaña, con una barba de una legua de largo; el Ívunche, duende que tiene al cabeza dada vuelta y camina sobre una sola pierna porque la otra le sale por la nuca; Pihuchen, una serpiente emplumada que anuncia la muerte; Huaillepenyú, dios de la niebla, con cabeza de ternero y cuerpo mitad ternero y mitad foca, que vive a orillas de los lagos y el mar, y se acopla con las mujeres y os animales domésticos dando origen a criaturas deformes; Nguruvilu, un gato salvaje con una garra en la cola, que vive en los ríos y lagos y se alimenta de los ahogados; Kai Kai Filu, medio culebra y medio caballo, que vive en el fondo del mar y es la causa del diluvio universal y Gualicho, ser maléfico y causa de todos los males.

El nguillatún, ceremonia religiosa también llamada villatún, camaruco o nguellipún, es una rogativa colectiva del pueblo mapuche que se lleva a cabo anualmente en los primeros meses del año para pedir por el bienestar al Alto Dios. En un ámbito amplio se monta una especie de altar de banderas o rehue, participan varios actores en oficios u oraciones, en danzas, cantos, música. Entre las danzas se destaca la masculina, el loncomeo, en la que los bailarines se pintan y se ponen cascabeles tocados de plumas de ñandú: el baile imita los movimientos y fintas de este animal. El complejo rito dura cuatro días y los instrumentos musicales que usan son: el kuitrún, un pequeño tamboril cónico, la trutruka, trompeta de caña con un cuerno en su extremo y la pifilca, un silbato de madera.

Extraído de "Los viajes del Perito Moreno" Marta Chichero. 2000 editorial planeta



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