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El "planchado"

Quiero con esto demostrar que la tesitura teórica es real y afirmativa en la práctica. También, que todo depende de cómo se trabaja el pez-cado y como se produce el "arrime y planchado" de la pieza. Y como ya expresara, sin darle tanta "rienda" al pez-ca

 

Claro que todo esto requiere una gran concentración en la lucha y cuando hablo de no darle rienda a la presa, intento decir que se trata de hacer trabajar a la caña en forma adecuada. Uno de los descuidos mayores de los pescadores novicios es, precisamente, bajar la caña. Lo contrario de lo que hay que hacer: mantener siempre la caña en posición erguida, de forma que su acción de curva sea la que domine al pez-cado, sirviendo -a la vez- de ejecutor de nuestro mandato. Por ejemplo, en el caso de "cañar" al recoger línea. En esta situación, si la vara es muy rigida y el final de línea muy poderoso, se corren dos riesgos: que se corte el nailon porque la falta de acción de curva de la caña consuma una acción de arrastre a la tracción directa; o bien que se abra el anzuelo. En cambio, cuando se usan cañas de gran acción de curva, se puede incluso forzar la lucha mucho más de lo que se supone. Causa por la cual los ejemplos dados anteriormente en relación a los errores cometidos, terminaron con buen resultado.
De lo expuesto se desprende que lo más importante en el arrime es mantener siempre la pieza bajo control. Lo que significa, jamás, jamás, aflojar la línea. El accionar del pescador debe ser tal que debe "sentir", a través de la caña y el nailon, todo lo que está sucediendo bajo el agua. es más, casi resulta imprescindible "adivinar" lo que el pez-cado está por hacer, vital en los momentos cumbres de la lucha, o sea cuando se aproxima el final y la presa está cerca nuestro. En la mayoría de los casos, en esa situación se está maniobrando -ambos, el pescador y el pez-cado- generalmente en poca profundidad. Supongamos que usted se halla prácticamente en la costa o con el agua apenas arriba de los tobillos. En estas circunstancias lo ideal es mantener la caña bien erguida e incluso tratar de levantar al pez-cado, sobre la superficie. De esta forma, desee o no mantener la pieza después de capturarla, se logra un rápido agotamiento. Pero atención que si se prolonga en demasía esa postura, corre el riesgo de asfixiar la presa. y luego, poco y nada se podrá hacer para reanimarla.
Ocurre que con este accionar, se logra además de cansar más rápidamente la pieza (vital para devolverla sin tanto daño), que la misma no se golpee contra las piedras ni roce sobre el lecho del espejo acuático, generalmente y en circunstancias como las que relato, trato de levantar un poco la cabeza del pez-cado, luego dejo ese accionar para hacerla girar un poco por debajo del agua, haciendo trabajar la caña.
Es común entonces ver cómo, poco a poco, el pez se va acercando a la superficie, para prácticamente quedar sobre la misma, boqueando. Esta es la situación que en nuestra jerga, llamamos "planchar" la pieza atrapada. Asi es posible sacarle -a veces- el anzuelo sin extraerla del agua. Si la tarea se complica un poco, lo exigible es tomar al pez-cado aprisionado por el lomo, obligándolo a que mantenga la cabeza por debajo del agua. Si no tiene aún la práctica para llevar a cabo los sistemas propuestos, lleve consigo una pinza de punta largas o de las denominadas "diente de ratón" y proceda a extraer el anzuelo utilizando ese auxiliar. En realidad la tarea se torna bien sencilla, si se utilizan anzuelos sin rebaba. Personalmente los uso en artificiales pequeños aplastando la rebaba y aún ante peces acrobáticos como las arco iris, manteniendo un buen control durante la lucha, prácticamente no he perdido piezas. Donde he tenido algunas dificultades es en combates largos.
"Otra posibilidad, cuando de un pescado grande se trata, es izarlo, colocarlo sobre nuestras rodillas y mantenerlo asi con una mano, mientras con la restante se manipula para sacar el anzuelo En esta situación hay que tener bien presente el estar introducido en el agua, con no menos de treinta o más centímetros de profundidad Esto es necesario porque en esa postura puede ocurrir que el pescado se resbale de nuestra mano y caiga de nuevo al agua. Por acercarme más de la cuenta a la costa, en circunstancias de río alto y fuerte correntada, dos peces de buen tamaño que no deseaba guardar, tuvieron que ser sacrificados.
Así como no es correcto, si uno desea quedarse con el pescado, no extinguirlo y dejarlo agonizante en la costa; también es importante tomar recaudos al devolver el pez al agua Lo ideal es introducirse en zona correntosa -oxigenada- y tomándole de la cola con una mano y con la otra por la parte ventral dírigir la cabeza del pez hacia la correntada. Esto lo reanimará, concreción que el pez advertirá al aficionado al renovarse sus bríos para desasirse de él. Es costumbre noble. además, mojarse las manos antes de tocar el pez-cado Esto sírve para no descamarlo o desprotegerlo de su mucus superficial. Afortunadamente en nuestro país todavia es posible que las leyes permitan matar por ejemplo una trucha para comer. La prohibición total sería un absurdo más entre tantos que lamentablemente nos legislan. Pero para que usted, yo y el vecino de enfrente (y tambien sus hijos) puedan paladear una trucha pescada por uno mismo (que tiene otro sabor, sin ninguna duda) es menester que usted, yo, el vecíno y todos, tratemos de extinguir lo menos posible. Esta es una forma, otra forma es por ejemplo que yo que escribo sobre el tema, no me olvide nunca de seguir reiterando ante las autoridades nacionales y provinciales, que hay que cambiar la cantidad de piezas por día y por pescador a matar. Con dos truchas por día, ya es buena cantidad.
Obviamente, en este caso, la actitud mental se contradice inconscientemente, pero a la postre produce igual daño que aquel que lo hace simplemente para que la píeza no se le escape. Por lo expresado, es que no puede "plancharse" bien una presa si primero no hay un buen tratamiento en el arrime de la misma.
Ejemplíficando, en el caso de un río de buena correntada y donde el pez tiene buenas chances de tomar aguas abajo y emprender las de Villa Diego, lo ideal es, luego del pique, no dejar que el pez-
cado haga su voluntad. De esta forma ya estoy expresando que soy de los que no les da mucha "soga" que dígamos a la futura captura Una vez atrapado prefiero restar toda chance de que el pez se vaya bien lejos. A mí entender. es preferible un corte a los dos mínutos que a los treínta de lucha. .Y esto, hoy en día. es muy dificil que ocurra, aún con monofilamentos muy finos porque la resistencia actual que brinda el nailon es realmente poderosa.
Del Libro "Pescando truchas" de Ginés Gomaris
Octubre de 1982

Imagen del libro "Pescando truchas" de Ginés Gomaris


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