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Pescar la vida

Lo admiré solo por escuchar hablar tanto de él, su viaje al exterior lo había alejado del mundo de la mosca, justo cuando yo empezaba a incursionar en él, por lo que siempre anhelé conocerlo.

 

Hasta que un día, por una llamada telefónica, la casualidad y la bondad de mi mujer, me encontré viajando a su lado hacia un famoso río que yo no conocía y él podía dibujar con todos los detalles.

A nuestra llegada, solo quedaban dos o tres horas de pesca. Era difícil disimular mi apuro y mi gran entusiasmo, más que por pescar por verlo.

Estiró sus líneas, arregló sus líderes, revisó y volvió a revisar todo su equipo. Me imagino cuantas veces, allá en Venezuela, había soñado con este momento y ahora se mostraba tan calmado como si ayer hubiera sido la última vez.

Levantó la vista y dijo - Pesquen muchachos, ustedes pesquen. Nadie respondió, creo que el interés común no era alguna trucha que pudiera estar comiendo, sino algún maestro que pudiera estar tardando en mostrarse.

Cuando estuvo listo, lentamente, y siempre haciendo algún comentario, se acercó hasta el río y ahí se quedó, observando, ahí lo dejamos, observando y nos retiramos a buscar nuestro mejor lugar. Yo cada tanto, sin perder atención en lo mío, lo miraba y él seguía observando. Hoy, cuando pienso en ello, hasta llego a creer que más que observar, se estaban hablando, tantas cosas, tanto tiempo.

Hacia ya casi una hora que la sombra daba sobre el río, las figuras de la orilla de enfrente, comenzaban a perderse en la oscuridad, después de haber salido del agua y camino al auto, me encuentro con él y en voz alta pregunto -¿y que tal, tuvo algún pique? El sin responderme sigue caminando hasta estar muy cerca, porque siempre le gustó hablar suave, se detuvo frente a mi, levantó la vista, suspiró y respondió- no, no tuve ningún pique, me salieron unos muy lindos lanzamientos, presenté buenas moscas, pesqué muy bien la curva, realmente fui feliz.

Fue hacia el auto y yo me quedé pensando en lo que me había dicho, iba en contra de todo lo que yo había sentido hasta el momento, para mí ser feliz era trucha y pescar era pescar, no tratar, a pesar que no me gustaba, seguí analizándolo, para saber que era lo que se podía sentir.

Hoy recuerdo, con mucho placer, que en días posteriores, nos enseñó muchas cosas, que pueden ayudar a pescar una trucha, pero a mí lo que mas me dejó, cosa que agradezco, fue esa frase "no tuve ningún pique, me salieron muy buenos lanzamientos, presenté buenas moscas, pesqué muy bien la curva, realmente fui feliz", porque con ella aprendí a ser también pescador de buenos momentos y si muchos buenos momentos pueden formar una vida, entonces tal vez hoy, puedo estar pescando la mía.

¡¡Gracias maestro!!

por Flyheart



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