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Dorados al horno

Pesca de dorados bonaerenses bajo el intenso calor del verano

Había arreglado la salida de pesca hacía muchos días. Si bien estamos en verano jamás imaginé que iba a hacer más de 40º a la sombra.

Pero allá fuimos con mi amigo Mario Ratti, algo más de 200 kilómetros desde Buenos Aires, llegando a un hermoso arroyo que todavía escapa de la polución de las grandes ciudades y sus suburbios.

Un lugareño nos ofició de guía, de buen tipo nomás, no cobra porque no es guía ni lo quiere ser. Trabaja en el municipio y en sus ratos libres coloca equipos de aire acondicionado. Va a pescar a "su arroyo" cuando puede, desde hace más de 40 años.

El arroyo me hizo acordar inmediatamente al AG del Uruguay, pocos sectores con correderas donde hay dorados y el resto chato, lento, de aguas transparentes cuando no ha llovido en días y turbio cuando las precipitaciones son recientes.

Allí llegamos a las 8 de la mañana, el display en el auto marcaba 28º, nos esperaba una jornada tremenda, en ese momento no sabíamos cuanto de agobiante iba a ser.

Armamos los equipos, yo me decidí por una caña #5 con una línea de torpedo corto y grueso ideal para lanzar moscas voluminosas. Líder hecho por mi en una sola medida de nylon del 0.40 retorcido en su primer metro. Cable de acero de 15 libras de resistencia de 12 cm. y la mosca atada con el nudo del 8. Mosca chica y de colores claros por sugerencia de Adrián, nuestro guía.

Encuentro con el arroyo y los primeros lances, no habían pasado ni 15 minutos y Adrián nos grita, había pinchado uno grande, tres saltos maravillosos de esos que solo los dorados pueden hacer y se desprende de la mosca. Una lástima, pero redobló el entusiasmo.

A los pocos minutos pincho uno, no se deja ver pero tira como el demonio, la caña se dobla al máximo y la adrenalina sube. Dos minutos que parecen veinte y el único salto me muestra un hermoso dorado de más de dos kilos, otra vez a la profundidad y una corrida que me saca algunos metros de línea y luego se clava, ¿Qué pasa?. Comienzo a traer y siento que el dorado está pero se siente extraño. Llego a la conclusión que se enredó en algo, vegetación o una piedra. Pero de a poco cede, viene, lo primer que veo es una rama y detrás un tronco de 15 cm. de diámetro, el dorado sigue pero si lo quiero tendré que traer todo el paquete. Fue demasiado esfuerzo para el nudo y se cortó llevándose dorado, mosca y líder.

Adrian nos llama y continuamos viaje aguas arriba, viene un sector chato, sin correderas, parece que no terminará nunca y el calor comienza a apretar en forma, quisiera haber llevado una botella de agua, tarde para lamentaciones, creo que solo la adrenalina hace que siga caminando. De pronto luego de una curva otra corredera, chica, no más de 30 metros.

Adrian, acostumbrado a leer el arroyo me marca un dorado, no parece grande pero me dice que adelante de ese seguramente hay otro más grande, no se ve pero seguro está. Entonces hago el primer tiro e inmediatamente veo el "lavarropas" al lado de mi mosca, no siento nada en la línea, erró pero está allí, exactamente donde me lo marcó. Vuelvo a tirar, una, dos, tres veces y nada. Hay que cambiar la mosca. Mario mientras tanto tira en otra parte de la pequeña corredera y el pobre Adrian nos deja el privilegio a nosotros. Se comporta como un guía sin serlo. Bravo.

Con mosca nueva hago el primer lanzamiento y nada, otro y nada, entonces decido hacer un lance más largo a una pequeña caída de agua que está más arriba. Otro lavarropas (más pequeño) y esta vez siento el pique en la línea pero no clava. Dejamos descansar el lugar y volvemos hacia el lugar donde dejamos la heladera y el auto, serán unos 800 metros pero se me hacen interminables, insoportables. Llegamos y dos botellas de agua de litro y medio desaparecen en un rato. Deshidratación!!.

Dorados hay, los hemos visto comer y hemos tenido varios piques. Nuestra impericia y falta de suerte han hecho que no sacáramos ninguno.

Nuestro amigo se tiene que ir a trabajar, me recomienda que pesque todo el sector que se encuentra bajo el puente del ferrocarril, es un lugar profundo y suele tener dorados grandes. Le agradecemos que nos haya llevado y enseñado sobre el lugar y la forma de pescar. Pronto nos volveremos a ver.

Otros dos mosqueros vuelven al único vehículo que hay estacionado además del nuestro. Están exhaustos, comenzaron mucho más temprano y ya se van, 4 dorados fueron capturados, uno grande y tres pequeños. Uno de los dos sacó todos, el otro no tuvo suerte esta vez.

Luego de comer unos sándwiches y recuperar coraje, nos preparamos para volver a pescar, decido entonces cambiar el lider de acero por uno de nylon del 0.60 y recordando la recomendación de Adrian me voy debajo del puente. Mientras busco una buena ubicación para lanzar veo un dorado bastante grande en una corredera entre dos piedras, hago un primer lanzamiento y la mosca pasa exactamente por el lugar pero nada, vuelvo a lanzar y esta vez si, enorme tirón y lo clavo con la mano y la línea, sin usar la acción de la caña.

El dorado salta, una, dos veces, hermoso aunque me parece que no es el grande que había visto unos segundos antes. Una ráfaga de viento me vuela la nueva visera y cae al agua, está recién estrenada pero no me importa, ahora tengo que sacar el amarillo y después veré si la recupero. Mario me ve y viene corriendo con su cámara, gracias a El tengo las fotos, yo me había olvidado la mía en casa.

Al rato, cuando bajó la excitación recuerdo la gorra, otra vez la cámara de Mario me salva, tiene un potente zoom y con el puedo encontrarla, por suerte la corriente la depositó en la orilla contraria, muy cerca de unos juncos. Solo tuve que subirme a las vías del ferrocarril y cruzar por encima del puente, bajar del otro lado y recuperarla. Hasta en eso tuve suerte.

A las 14:30, no sin antes volver en un intento suicida hasta la última corredera en busca de la revancha por los que se nos fueron en la mañana, decidimos volver. Serios síntomas de insolación en ambos pescadores. El termómetro del auto marcaba 48 grados.

Nos prometimos volver, nos merecemos otra oportunidad cuando las condiciones del clima sean un tanto más benignas.

Héctor



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